La justicia en manos del pueblo, entre esperanzas y desconcierto en Tlatelolco
1 junio, 2025
Con Tlatelolco, Ciudad de México, domingo 1 de junio. — Bajo un sol inclemente que reverberaba en los muros de concreto de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, la democracia mexicana vivió hoy un experimento sin precedentes: por primera vez en la historia del país, ciudadanos comunes eligieron con su voto a los responsables del Poder Judicial.
A lo largo del día, el vaivén de vecinos hacia las casillas instaladas en el ISSSTE 11 y el Edificio ISSSTE 16 pintó un retrato complejo de ilusión, frustración y desconcierto ante una reforma que prometía acercar la justicia al pueblo, pero que encontró a muchos ciudadanos desarmados frente a una boleta inédita.
**El despertar de una elección histórica**
Al mediodía, cuando el reloj marcaba el inicio de la jornada electoral más atípica de la democracia mexicana, una corriente de jóvenes comenzó a fluir hacia las secciones 4676 y 4677.
“Yo estoy terminando mi acordeón y voy para allá”, comentó rápidamente Erika, una universitaria de 22 años, mientras revisaba notas apresuradas en su teléfono.
Su determinación contrastaba con la perplejidad de don Manuel, de 68 años, quien frente a la casilla del ISSSTE 16 confesaba: “Es que no conozco a ninguno. No supe por quién votar. Lo dejé todo sin llenar… ¿Las meto de todos modos?, ¿verdad?”.
La escena encapsulaba el desafío central de estas elecciones: más de 3,400 candidatos compitiendo por puestos de jueces de distrito, magistrados de circuito y hasta ministros de la Suprema Corte, muchos de ellos desconocidos para el ciudadano promedio.
La famosa boleta azul —que los vecinos recibían con mirada entre curiosa y desconcertada— se convertía en un laberinto de opciones numeradas donde conceptos como “magistrado de circuito” o “ministerio electoral” resonaban como ecos lejanos de un sistema ajeno.

**La batalla ideológica en el corazón de Tlatelolco**
Entre los pasillos de la Unidad Habitacional, la polarización se manifestaba sin tapujos:
– *Los críticos*:
“Estas votaciones serán un fracaso”, sentenció Carlos, un administrador de 45 años.
“Los adultos mayores no saben por quién votar, están pidiendo apoyo y al final les indican por quién hacerlo. Son demasiados candidatos… definitivamente fue lo peor que pudieron hacer”.
Su postura encontraba eco en comentarios en redes:
“Nefasta reforma judicial”, escribía Johnny Aguilar en el perfil del IECM, alertando sobre el riesgo de infiltración de intereses oscuros.
– *Los defensores*:
Frente al escepticismo, Lucía, una maestra de 30 años, replicaba con firmeza: “No somos niñ@s y cada quien tiene su propio criterio”.
Para ella, la elección era un avance democrático irreversible: “El tiempo hablará por sí mismo y nos mostrará de qué lado de la historia estuvimos”.
La tensión reflejaba un fenómeno nacional documentado por “El País”: más de 1,300 candidatos (38% del total) habían incorporado en sus propuestas el léxico de la “Cuarta Transformación”, prometiendo “servir al pueblo”, “combatir privilegios” o alinearse con la “austeridad republicana”.
Muchos llegaban avalados por comités del Ejecutivo y Legislativo, no del Poder Judicial .

**El drama de los olvidados: Ancianos y boletas en blanco**
En la fila del Edificio ISSSTE 16, la vulnerabilidad de los adultos mayores se hizo palpable. “Y muchos de nuestros ancianos piden ayuda porque ellos no se meten al Google a investigar”, comentaba una mujer mientras ayudaba a su madre a encontrar su sección.
La complejidad técnica de la elección —donde cada boleta requería elegir entre decenas de candidatos por especialidad jurídica— convertía el acto cívico en una carrera de obstáculos.
“Querida Erika: si para los que tomamos el curso sobre cómo votar me resultó complicado —porque no conocimos a todos los candidatos—, dudo que en una pasada se aprendan por quién votar. Son demasiados candidatos… porque una cosa fueron los simulacros y otra la realidad”.
**La recomendación que circulaba en chats vecinales**
—“Si no quieren votar en todas las boletas, no dejen espacios en blanco; táchenlos”— evidenciaba un diseño que, pese a su intención participativa, generaba confusión hasta en votantes informados.
**La sombra de la política en la justicia**
Mientras la tarde avanzaba, las dosis de pragmatismo político salpicaban la jornada:
1. **La prohibición expresa** en grupos vecinales de discutir política (“Queda prohibido mandar cuestiones políticas a este grupo”), revelaba el temor a la manipulación partidista.
2. **La sospecha de cooptación** surgía al contrastar los discursos de candidatos como José Fabián Romero Gómez (“trabajaré con apego a los principios de la 4T”) con el 85% de aspirantes promorenistas postulados por comités del Ejecutivo y Legislativo.
3. **La paradoja de la participación**: Martha Morales Márquez (candidata en Campeche) prometía “poner por delante el bienestar de los pobres”, mientras, Óscar Durán Valdés juraba combatir el “nepotismo”. Sus promesas, aunque atractivas, borraban la línea entre política y justicia.

**El ocaso de una jornada incierta**
Al caer la noche, las casillas del ISSSTE 11 y 16 cerraban con un balance agridulce: participación moderada pero constante, desorganización controlada y, sobre todo, un reguero de preguntas sin responder. “Vamos a ver con qué cuento salen los resultados!!!!!”, lanzaba con escepticismo un vecino al abandonar la casilla.
El experimento democrático —impulsado por la reforma judicial de López Obrador— había puesto a Tlatelolco frente a un espejo incómodo: el de una ciudadanía dispuesta a participar, pero desarmada frente a la complejidad técnica; esperanzada con la promesa de “llevar la justicia al pueblo”, pero recelosa de la politización de los tribunales.
Mientras los últimos votos entraban en las urnas, la frase de un joven resumía el sentir ambivalente: “Hoy votamos por la justicia que queremos, pero ojalá sepamos reconocer la que necesitamos”. El camino hacia la Cuarta Transformación de la justicia sugería la cruda realidad tlatelolca, sería más largo y espinoso de lo imaginado.


