Colores de mi Barrio: Una travesía por el Palacio de las Ciencias de la Tierra

28 junio, 2025 0 Por Staff Redaccion

Con Tlatelolco, Ciudad de México, sábado 28 de junio.— A veces, basta cruzar una avenida para descubrir el mundo. Y eso fue justamente lo que realizó este viernes, de la mano del grupo Colores de mi Barrio, en una de esas caminatas gratuitas y entrañables que abren las puertas del conocimiento y la memoria, no solo para quienes caminan con los pies, sino también con el corazón.


El destino fue majestuoso: el Museo del Instituto de Geología de la UNAM, ese imponente palacio de cantera en el corazón de la Santa María la Ribera. Para muchos fue la primera vez; para otros, un reencuentro con uno de esos lugares que se convierten en favoritos desde la primera visita.


Nos recibió una fachada de ignimbrita, decorada con figuras de conchas, reptiles y peces, talladas como si la piedra aún recordara los días antiguos del mundo. Entramos, como si se abriera un portal, a un lugar donde las rocas hablan y los fósiles narran historias más antiguas que la humanidad.


En la Sala Inicial, conocimos a Isauria, la reconstrucción del primer dinosaurio encontrado en México, que más que huesos, parece sostener un tiempo detenido en la Cuenca de México. A su lado, un coloso de la antigüedad: un mamut armado con paciencia y ciencia, hueso por hueso, historia por historia.
Y allí estaban también los vitrales, contando a color los relatos de la minería, como si el sol les diera voz.


La Sala de Paleontología nos susurró secretos desde los fósiles. La de Minerales brillaba como si el corazón de la Tierra, en vitrinas. La de Rocas nos mostró el alma de los volcanes, los ríos y las montañas. Y en la Sala de Meteoritas, el espacio nos saludó a través de fragmentos venidos de otras galaxias: el meteorito de Allende, la meteorita de Orgueil… reliquias cósmicas que nos recuerdan cuán pequeño y milagroso es estar aquí.


Pero el punto culminante estaba arriba, en la parte superior del vestíbulo: diez óleos de José María Velasco, colgados como ventanas a otros tiempos. No eran solo paisajes: eran la evolución de la vida en la Tierra pintada con la mirada de un genio. Vida marina, evolución vegetal, mamíferos, el hombre primitivo… todos en diálogo silencioso, todos en contemplación profunda.


Terminó el recorrido entre sonrisas, fotos, videos, y ese murmullo colectivo que nace cuando algo nos conmueve. Porque lo que hace Colores de mi Barrio no es turismo, es comunidad. No solo camina, acompaña. No solo muestra, comparte. Y lo mejor: es gratuito, familiar, abierto, humano.


“A quienes no pudieron acompañarnos, los invitamos a ver las imágenes y el video que compartimos. Y a quienes aún no se han animado, les decimos: vengan, caminen con nosotros, y vean que la ciudad aún guarda maravillas”.