El Silencio de una Banca Vacía
18 julio, 2025*** Sobre el retiro del Monumento Encuentro

Con Tlatelolco, Ciudad de México, viernes 18 de julio.- Una banca vacía en medio de un parque ya no dice lo mismo.
Antes, dos figuras fundidas en bronce —el Che Guevara y Fidel Castro— compartían ese asiento y una historia que cruzó mares y revoluciones.
Hoy, el lugar que ocupaban ha sido despojado de su símbolo sin aviso, sin ceremonia, sin respeto por la memoria.
El Monumento “Encuentro”, obra del escultor Óscar Ponzanelli, fue instalado en 2017 como respuesta a una petición ciudadana que buscaba hacer visible un hecho: que en esta ciudad, en una vieja casa de la colonia Tabacalera, en julio de 1955, Ernesto Guevara y Fidel Castro se conocieron por primera vez.
Desde ahí, comenzó a gestarse una historia que impactaría no solo a Cuba, sino a América entera.
La escultura, aprobada entonces por el Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos (COMAEP), fue instalada con legitimidad institucional.
Medía poco más de un metro de alto y pesaba 250 kilos. Bronce fundido para una historia de fuego y resistencia.
El conjunto era algo más que arte urbano: era memoria tangible, testimonio del papel que jugó esta ciudad como semillero de utopías.
Pero el día 16 de julio de 2025, sin dictamen, sin autorización del COMAEP, sin consulta vecinal ni explicación pública, la Alcaldía Cuauhtémoc retiró el conjunto escultórico.
Así, de un plumazo, un pedazo de historia fue silenciado.
El retiro viola lo dispuesto en la Gaceta Oficial que rige las funciones del COMAEP, organismo integrado por representantes del INAH, el INBAL, la Autoridad del Centro Histórico, la Autoridad del Espacio Público, secretarías del Gobierno y voces ciudadanas.
Este comité no recibió solicitud formal alguna para remover el monumento, como obliga la ley.
A simple vista, podría parecer sólo una banca. Pero en realidad se trata de un acto de censura simbólica, de negligencia institucional, o quizá de ignorancia cínica frente a la historia.
No es menor el gesto: retirar sin permiso un monumento reconocido como patrimonio de la Ciudad de México es arrancar un hilo de la compleja red que conforma nuestra memoria colectiva.
¿Qué sigue? ¿Quién decide qué recordar y qué olvidar? En una ciudad como está —tejida con capas de historia, de lucha, de cultura popular y política— borrar un símbolo sin justificación es tan grave como reescribir los libros a conveniencia.
Los vecinos, quienes alguna vez pidieron que se instalara esta escultura, hoy preguntan: ¿Dónde está la banca del Che y Fidel? ¿Quién dio la orden de retirarla? ¿Por qué callan las autoridades?
Quedará el silencio de esa banca como testigo incómodo. Y quedaremos nosotros, los ciudadanos, para exigir que se restituya no solo la obra, sino el respeto por lo que representa. Porque la memoria no se reubica ni se esconde: se defiende.


