504 años después: Tepito y Tlatelolco honran la resistencia mexica
19 agosto, 2025*** “504 años después ha llegado el amanecer… no olvidaremos jamás lo que aquí sucedió”, señaló Ana Francis López

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco
Ciudad de México, martes 19 de agosto de 2025.- El 13 de agosto de 1521, después de 93 días de asedio, cayó Tlatelolco en manos de las huestes de Hernán Cortés. El eco de aquel día sigue vivo: no como derrota, sino como el nacimiento doloroso del México mestizo.
A 504 años de distancia, la capital fue escenario de una doble conmemoración: en Tepito y en la Plaza de las Tres Culturas, la memoria mexica se entrelazó con el presente.
Tepito: el sitio de la captura de Cuauhtémoc
Por la mañana, el atrio de la Parroquia de la Concepción Tequipeuhcan, en el barrio bravo de Tepito, se transformó en altar ceremonial. Copal, flores, caracoles y tambores marcaron la atmósfera de un rito de resistencia. Ahí, donde fue capturado el último tlatoani mexica, Cuauhtémoc, se recordó su voz y la dignidad del pueblo vencido.
La ceremonia fue organizada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El Consejo de Guardianes del Barrio de Tepito-Amaxac y diversos calpullis dispusieron un tlalmanalli: ofrenda circular de semillas, alimentos e instrumentos. La Consigna de Anáhuac, testamento atribuido a Cuauhtémoc, resonó en náhuatl y español, como legado vivo.
En el lugar se develó una placa con fragmentos del último discurso del tlatoani, colocada justo bajo la inscripción que marca el sitio de su captura. La ceremonia cerró con un concierto de órgano a cargo de Blanca Lilia Olea Valdez y Norberto Nandayapa, cuyos acordes sacros unieron espiritualidad e historia.
“504 años después ha llegado el amanecer… no olvidaremos jamás lo que aquí sucedió”, señaló Ana Francis López Bayghen Patiño, secretaria de Cultura de la Ciudad de México, quien subrayó la necesidad de cambiar la visión eurocentrista e interpretar con justicia el pasado indígena.

Tlatelolco: la plaza donde la historia respira
Por la tarde, la memoria se trasladó a la Plaza de las Tres Culturas. El grupo teatral Maniobrije puso en escena un fragmento de “La visión de los vencidos”, de Miguel León-Portilla, mientras el músico Gonzalo Ceja evocó con huéhuetl, ocarinas y silbatos el eco ancestral del valle lacustre.
El acto central fue la inauguración de la exposición “Investigación arqueológica en Tlatelolco. La historia en fotografías”, organizada por el INAH. Las fotografías de la exposición son del arqueólogo Salvador Guilliem. La muestra, ubicada en la “Galería Abierta” sobre Eje Central, reúne imágenes de excavaciones realizadas desde 1944 hasta hoy, con aportaciones de pioneros como Antonieta Espejo, Francisco González Rul y Eduardo Matos Moctezuma.
Edwina Villegas, titular de la Zona Arqueológica de Tlatelolco, recordó que el Proyecto Tlatelolco, fundado en 1987 por Matos Moctezuma y dirigido actualmente por Salvador Guilliem, ha mantenido vigente la investigación multidisciplinaria. “El objetivo es desmontar la idea de la pérdida y resignificar la relevancia histórica de este espacio vivo”, afirmó.
A su vez, Francisco Mendiola Galván, coordinador nacional de Arqueología del INAH, destacó la importancia de reconocer la relación intrincada entre Tenochtitlan y Tlatelolco: “esta conmemoración nos invita a reflexionar en torno a la grandeza de aquellas ciudades que marcaron el rumbo de nuestra historia”.
La memoria que no muere
Entre danza, música, palabra y archivo arqueológico, la jornada dejó claro que la resistencia mexica no es sólo un recuerdo del pasado, sino una fuerza presente en cada ceremonia, en cada investigación y en cada lucha por conservar la memoria.
Una placa en la plaza lo resume con precisión:
“El 13 de agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtémoc, cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota: fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy”.
504 años después, Tepito y Tlatelolco volvieron a mirarse en el espejo de su historia. Porque la resistencia no terminó aquel día: sigue viva cada vez que se recuerda.


