Memorias Vivas del 85: 7:19. La Hora de la Sociedad Civil

Memorias Vivas del 85: 7:19. La Hora de la Sociedad Civil

3 septiembre, 2025 0 Por Staff Redaccion

Testimonio de Augusto Flavio Figueroa Uribe, sobreviviente del sismo de 1985

Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, miércoles 3 septiembre de 2025.- “Es un honor para mí compartir mi experiencia de vida con ustedes”.

Así inicia su relato el doctor Augusto Flavio Figueroa Uribe, urgenciólogo pediatra con más de 26 años de trayectoria. Hoy dedica su vida profesional a salvar la de otros, pero su vocación nació en un amanecer marcado por la tragedia: el 19 de septiembre de 1985.

Con apenas 13 años, era estudiante de secundaria y habitante del edificio Aguascalientes, en la Tercera Sección de Tlatelolco. Ese jueves, todo cambió para siempre.

El jueves que marcó una vida

Vivíamos en un séptimo piso, en departamentos grandes, de 120 metros cuadrados, de los que ya no existen”, recuerda.
 

Ese día, tras desayunar con sus abuelos, salió rumbo a la secundaria. Al pasar frente al edificio Tamaulipas, gemelo del tristemente célebre Nuevo León, la tierra comenzó a rugir.

Los autos chocaban entre sí y el edificio se movía como una serpiente. Era un movimiento inconcebible para un niño. Corrimos, pero el suelo no nos dejaba avanzar”.

El sismo había iniciado. Tlatelolco, epicentro de la vida urbana, se convertía en epicentro del horror.

El despertar entre ruinas

Con la inocencia propia de su edad, Augusto y su amigo siguieron rumbo a la secundaria, hasta que se toparon con un muro de polvo blanco.

—“¿Qué había aquí?”, preguntó su amigo.
“¡El Nuevo León!”, gritaron de pronto.

El coloso de concreto había caído. Entre los escombros alcanzaron a ver a una anciana ensangrentada que era rescatada a gritos. El miedo los atravesó. Corrieron sin aliento de regreso a casa.

Sólo pensaba: que no se haya caído mi edificio, que mi familia esté viva”.

Al llegar, encontró a sus abuelos: brazos abiertos en un abrazo que parecía sostenerlo todo.

La hora más larga

La verdadera tragedia no fue el minuto y medio de sacudida, sino lo que vino después.

Durante una hora hubo calma. Y de pronto, empezaron a llegar los heridos. Primero uno, luego otro, luego decenas”.

El estacionamiento del Hospital General de Zona 27, del IMSS se transformó en un campo de guerra: cuerpos mutilados, personas sangrando, gritos, lamentos.

En menos de tres horas, era un hervidero de dolor. Nunca se me olvidará”.

Esa noche, las réplicas sorprendieron a cientos de edificios dañados. El miedo a que todo se derrumbara era total.

El legado del 85

El adolescente de entonces se convirtió en médico, marcado por la necesidad de transformar la experiencia en servicio.

La resiliencia jugó un papel crucial. Tal vez mi vocación por la medicina de urgencias fue una manera de honrar a las víctimas”.

No fue casualidad: la especialidad en urgencias médicas y el propio Sistema Nacional de Protección Civil nacieron en México como consecuencia directa del terremoto.

Hoy, Augusto Flavio Figueroa forma parte de la OMS/OPS en el programa Hospital Seguro y Resiliente. Ha participado en misiones en Ruanda, en pandemias, huracanes y terremotos. Su vida es, en buena medida, un homenaje a aquel despertar brutal en Tlatelolco.

Desde los 13 años he presenciado emergencias tan complejas que me enseñaron que la mejor prevención es compartir la experiencia y aplicar lo aprendido. Eso nos toca como sociedad civil: no olvidar, nunca olvidar”.

Una memoria que sigue viva

Cuarenta años después, el niño que corrió entre escombros nos recuerda con voz firme que las heridas del 85 no son pasado, sino cicatrices que nos obligan a estar preparados.

Las memorias vivas del 85 laten en voces como la suya.
A las 7:19 de la mañana de aquel jueves, nació una generación que aprendió a resistir, a organizarse y a salvarse unos a otros.

En esa hora fatídica, en Tlatelolco, se encendió también la chispa de la sociedad civil.


*Redacción “Con Tlatelolco”.