El Tecpan se convierte en espacio de memoria: 40 años del terremoto de 1985
25 septiembre, 2025*** La proyección, acompañada de testimonios de sobrevivientes, se convirtió en un acto de memoria y resistencia colectiva

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, jueves 25 de septiembre.- El silencio del Tecpan, en la Zona Arqueológica de Tlatelolco, se llenó de memoria la noche del miércoles 24 de septiembre. Bajo las piedras antiguas que guardan siglos de historia, resonaron las voces y las imágenes del documental “40 años, memoria de un terremoto, 4 décadas de fuerza colectiva”, dirigido por Andrés Garay y Enrique Villaseñor.
La función se enmarcó en las Jornadas Conmemorativas por el 40 aniversario del terremoto de 1985 y formó parte del programa “Noche de Museos” del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
No fue una proyección más. Fue un acto de evocación y de reconocimiento a quienes vivieron aquel amanecer del 19 de septiembre de 1985, cuando la tierra sacudió a la capital y la vida cotidiana se quebró en segundos.
El documental ofreció más que una reconstrucción de hechos: fue un espejo donde se reflejaron las cicatrices de la Ciudad, las ausencias de miles de personas y, al mismo tiempo, la fuerza que emergió de la sociedad civil en medio de la tragedia.
Al concluir, llegaron los testimonios. Voces que siguen marcadas por la memoria de aquel día:
“Aquí, hace 40 años, dirigimos nuestra resistencia: desde los escombros, desde las asambleas improvisadas, desde la desesperación convertida en organización. Así nació nuestra lucha, que nos llevó a marchar hasta Los Pinos, el 12 de octubre de 1985, y a lograr en 1986 la firma de los convenios de reconstrucción. Esa historia no se puede olvidar”.

Otro sobreviviente recordó con crudeza lo vivido en el edificio Nuevo León:
“Esta era mi casa. Ahí perdí a mis hijos, a mi familia. Vi caer las escaleras como si se deshicieran en el aire, vi los rostros del terror en la caída. Guardé durante años un objeto, un palillo de dientes que me regalaron entre las ruinas… porque hasta las cosas pequeñas se vuelven símbolos de vida. Hoy agradezco que esta lucha se siga manteniendo”.

La voz de un fotógrafo vecino de Tlatelolco, también sobreviviente, se sumó al diálogo con los directores:
“Yo vivía en el edificio Chihuahua. Lo que viví me llevó a contar historias con la cámara. Quiero preguntarles cómo fue documentar tanto dolor, cómo fue enfrentarse a la autoridad y al Ejército, porque en 2017 aún nos obstruían. ¿Cómo se sobrevive también a esa carga emocional?”.
Cada palabra fue un eco de las noches interminables de 1985, cuando la esperanza y la desesperación convivían en medio de los escombros. Entre los relatos, se evocó la misa reciente en honor a quienes partieron: más de 500 veladoras encendidas, cada una con un nombre, un rostro, un recuerdo. Porque no son números: son personas.
El Tecpan, espacio de memoria indígena y contemporánea, se convirtió en un altar de historias. Como si las piedras antiguas dialogaran con las ruinas de 1985, el documental y los testimonios hicieron confluir tiempos distintos en un mismo mensaje: la memoria no se olvida, se honra; y el aprendizaje colectivo sigue siendo la única ruta para enfrentar el futuro.
Y entonces, como un murmullo que unió todas las voces, Tlatelolco habló:
“Somos la memoria de los que cayeron,
la fuerza de quienes resistieron,
la lucha de los que se organizaron.
No nos olvides, Ciudad de México.
Aquí siguen nuestros nombres,
aquí persisten nuestras historias.
A 40 años del dolor, repetimos juntos:
la vida renace cuando se comparte,
la esperanza se sostiene cuando no dejamos caer al otro.
Que no se repita la tragedia,
pero que nunca falte la solidaridad”.
Así, Tlatelolco habló. Y su voz, tejida de historia y resistencia, quedó flotando como un compromiso de nunca más olvidar.


