De la Ficción a la Realidad
6 octubre, 2025

El 2 de Octubre: cuando la memoria es reemplazada por el miedo
*** Tlatelolco, entre la conmemoración legítima y el terror del vandalismo
Con Tlatelolco TV / Nacho Arellano
Ciudad de México, lunes 6 de octubre de 2025.- Cada año, al caer la tarde en Tlatelolco, las calles se llenan de voces que claman por justicia y memoria. La marcha del 2 de octubre avanza recordando la masacre de 1968, con jóvenes, sobrevivientes y familias enteras que, entre consignas, buscan mantener viva la herida histórica. Esta conmemoración es un acto legítimo e indispensable para la salud democrática del país.
Sin embargo, en la Unidad Habitacional y sus alrededores, junto a esa legítima expresión de memoria, también crece el miedo. Para los residentes, la fecha ha mutado en un angustiante ritual: el ritual del cierre.
El Ritual del Cierre
En los edificios, los vecinos se apresuran a recoger a sus hijos, asegurar ventanas y cerrar puertas. “Aquí no se trata de la marcha, nosotros la respetamos. El problema son los encapuchados que vienen a destruir”, comenta doña Margarita, residente de la Segunda Sección, quien todos los años vive con zozobra la llegada de los contingentes.
Comerciantes de la colonia Guerrero y de las avenidas cercanas bajan las cortinas metálicas desde temprano.
Algunos cubren con tablas y láminas las fachadas de sus locales, así como las estaciones de Metrobús.
Muchos prefieren perder el día de ventas antes que arriesgarse a un cristalazo o un saqueo. “Ya sabemos que hoy no se trabaja. Pero lo que más duele es la impunidad; al final, nadie paga los daños”, denuncia José Luis, dueño de una pequeña papelería.
La Violencia, Rehenes del Vandalismo
La marcha por el 57 aniversario del 2 de octubre fue, de hecho, una de las más violentas en años.
Desde su salida, pequeños grupos encapuchados, el llamado bloque negro, buscan la confrontación. Ladrillos, aerosoles y martillos se descargaron sobre bancas, vidrios y paredes. El eco de la memoria se mezcló con el ruido de la destrucción.
En la avenida Ricardo Flores Magón, la violencia se salió de control. La estación del Metro Tlatelolco fue vandalizada. El local “Modatelas”, el Centro Comercial “Plaza Tlatelolco”, los bancos Inbursa y BBVA, así como un Kentucky, fueron el blanco.
En el Zócalo, una joyería fue saqueada frente a una autoridad que parecía completamente rebasada, respondiendo apenas con extintores.
Los residentes se asoman desde sus ventanas, grabando con sus celulares, algunos otros se limitan a rezar que el desorden no llegue hasta sus departamentos. Para ellos, la marcha deja un sabor agridulce: respeto por la memoria, terror por la violencia.
Autoridad Ausente
La Cámara de Comercio exhortó a las autoridades a garantizar la seguridad de ciudadanos y comercios. Sin embargo, la percepción en Tlatelolco es que la policía simplemente observa a la distancia. El “control” resulta ser más una formalidad que una realidad. “Es como si nos dejaran solos, entre el fuego cruzado de la memoria y el vandalismo”, comenta un vecino del edificio Chihuahua.
No es aceptable que la inacción o la estrategia de “contención pasiva” se traduzca en que una comunidad sea sistemáticamente víctima de la destrucción. La impunidad, año tras año, valida la violencia y castiga a quienes no tienen más culpa que vivir o trabajar en el punto de encuentro de una fecha histórica.
El Reclamo de Tlatelolco
Tlatelolco, símbolo de resistencia y memoria, hace un llamado urgente: “No pedimos represión, pedimos protección”.
La comunidad exige que se respete la memoria del 68, pero también que se les permita caminar sin miedo en sus calles, abrir sus negocios sin temor a perderlo todo y vivir sin que cada 2 de octubre se convierta en una pesadilla.
La conmemoración no puede seguir siendo rehén del vandalismo. El recuerdo de los caídos no debe mancharse con impunidad.
El derecho a protestar no es excusa para destruir la vida de una comunidad que también merece respeto.
Porque en Tlatelolco, cada residente sabe que recordar no debe significar sufrir de nuevo.


