La cultura y la vida social se dieron cita

La cultura y la vida social se dieron cita

2 noviembre, 2025 0 Por Staff Redaccion

*** La muerte que late en la Ciudad de México

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV

Ciudad de México, lunes 3 de noviembre de 2025.- El aire de Reforma estaba denso, cargado de un aroma dual: la dulzura ancestral del cempasúchil y la efervescencia eléctrica de un millón 450 mil almas enardecidas. No era solo emoción; era el orgullo rotundo de sabernos mexicanos, de entender que en esta tierra, la muerte no se teme, sino que se honra con una fiesta que hoy, en pleno 2025, se siente más viva que nunca.

Desde la Puerta de los Leones, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, dio el banderazo a lo que se ha consolidado como el rito urbano más grandioso de la capital: el “Gran Desfile de Día de Muertos 2025”.

Hoy, en la Ciudad de México honramos una de las tradiciones más profundas y luminosas de nuestra identidad: el “Día de Muertos”, una celebración que nos recuerda que la muerte no es ausencia, sino memoria viva…”, resonó la voz de la Mandataria.

Monsiváis, Paquita y la Memoria de los 700 Años

El Desfile fue un acto de arqueología popular, un viaje a través de las capas de la mexicanidad. Más de 8 mil participantes y 50 comparsas tejieron un tapiz donde lo prehispánico se fundió con el asfalto.

El primer carro, “Corazón de Tenochtitlan: 700 años”, irrumpió en la avenida a las 14:00 horas, con dos serpientes emplumadas alusivas a Quetzalcóatl y el imponente Huey Teocalli. La gente aplaudía, no solo a la obra monumental del taller “El Volador”, sino a la idea de una ciudad que se niega a morir.

Pero esta edición también se rindió a la cultura urbana y popular, esa que habita en el colectivo. Entre los bloques temáticos —como “El último viaje (Pilares)” y “Utopías”— se deslizaron los espectros de nuestros ídolos:

* Carlos Monsiváis, el cronista que puso lupa a la ciudad.

* Paquita la del Barrio, el grito contra el desamor.

* Tongolele, la sensualidad de una época.

* Rockdrigo González, el “Profeta del Nopal” y la voz del sismo de 1985, a 40 años de aquella tragedia.

El homenaje al sismo no fue luto, sino un recordatorio de la resiliencia, del puño en alto que se convirtió en ícono.

 Las Manos Detrás de la Catrina

La monumentalidad del evento, que abarcó 8.7 km desde Chapultepec hasta el Zócalo, no provino de las grandes agencias, sino del corazón de la comunidad. Brugada destacó el trabajo silencioso, pero poderoso, que late en los barrios:

Detrás de cada obra monumental, de cada carro alegórico… están las manos de nuestras artesanas y artesanos, de las y los cartoneros, de los talleres de los centros culturales, de las fábricas de artes y oficios, de los “Pilares” y las “Utopías”…”

Fueron estos espacios de cultura comunitaria, junto a la Red de Faros, los que aportaron la energía creativa para los nueve bloques temáticos que inundaron la arteria principal de la capital. La fiesta, como la cultura, se democratizaba.

El Zócalo: Destino Final y Eterno

A lo largo del recorrido, los turistas y capitalinos eran parte activa del espectáculo. Catrinas monumentales, alebrijes fantásticos y danzantes al ritmo de batucadas y música en vivo, hicieron que la avenida vibrara. Las voces del público coreaban, sin distinción, a Juan Gabriel y José Alfredo Jiménez, tejiendo un puente sonoro con los que se han ido.

El clímax llegó en la Plaza de la Constitución. Tras cinco horas de marcha, los contingentes concluyeron su viaje bajo las campanas de la Catedral, donde la Ofrenda Monumental esperaba, un océano de cempasúchil que ardía con luces y el humo del copal.

La Ciudad de México, con la fuerza de su gente y la belleza de su tradición, se confirmó una vez más como la capital mundial de la muerte viva. El Desfile no fue solo un espectáculo turístico; fue una crónica en movimiento donde la historia, la cultura y la vida social se dieron cita, demostrando que aquí, recordar es, ante todo, celebrar.