Yo estuve ahí: testimonio de Luis
19 noviembre, 2025*** “Nos estaban encerrando”, expresó
Redacción / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, miércoles 19 de noviembre de 2025.- “Yo estuve ahí”, expresó Luis, con la voz todavía marcada por el escozor del gas que respiró durante la marcha de la “Generación Z”, el sábado 15 de noviembre, del Ángel de la Independencia al Zócalo. Su relato no deja lugar a dudas: la represión no fue un accidente ni un descontrol, sino una operación preparada.
“Un grupo de provocadores armó la violencia y, apenas pasó eso, los granaderos empezaron a lanzar un gas extraño. Parecía de extintor, pero ardía muchísimo en los ojos y en la garganta. Era gas tóxico, preparado… no el que siempre usan”.
Luis cuenta que el avance policial comenzó lento, casi imperceptible. Pero de pronto, la formación de escudos se rompió y los granaderos se dejaron ir contra todos, sin distinguir entre quienes habían provocado, quienes marchaban pacíficamente, mujeres, jóvenes y hasta familias que no alcanzaron a correr.
“Yo corrí a tiempo por 20 de Noviembre, y de ahí seguí corriendo hasta ponerme a salvo”.
Lo que más lo impactó fue la magnitud de la concentración:
“La manifestación fue enorme. Tres veces vi llenarse el Zócalo. Desde temprano, con los primeros que llegamos, ya estaban lanzando gas lacrimógeno. Algunos se iban, otros se quedaban, pero siempre seguía llegando más gente. No paraba de llegar”.
Luis afirma que hubo sabotaje deliberado para dificultar el acceso al Centro Histórico:
“Cerraron muchas calles. Y en las pocas que dejaron abiertas pusieron dovelas de concreto. El Metro pasaba cada diez minutos y cerraron varias estaciones. Ya de huida, según pude ver, estaban cerradas Bellas Artes, Allende, Zócalo y Pino Suárez. Nos estaban encerrando”.
Su análisis es contundente y se ha vuelto común entre quienes estuvieron ahí:
“Esto ya es una declaración de guerra del régimen narcogobierno contra la sociedad civil. Las mentiras del régimen son cínicas. Ya no esconden nada”.
Luis concluye su testimonio sin alzar la voz, pero con una firmeza que no necesita volumen.
Él estuvo ahí. Y lo que vivió —lo que miles vivieron— merece ser contado.

