El derecho a la ciudad no se negocia: se defiende

20 noviembre, 2025 0 Por Staff Redaccion

*** El espacio público arrebatado 

Redacción / Con Tlatelolco TV

Ciudad de México, jueves 20 de noviembre de 2025.- La Ciudad de México vive un proceso silencioso de despojo. Banquetas que antes eran patrimonio común hoy son territorio de mesas, pérgolas y hostilidad disfrazada de “dinamismo económico”. 

Entre esos obstáculos, quienes más pierden son los adultos mayores: ciudadanos que caminaron estas calles durante décadas y que ahora deben sortearlas como si fueran campos minados.

En este contexto, la diputada local, Frida Guillén, desde Acción Nacional, lanzó una advertencia que retumbó en el Congreso capitalino: “El derecho a la ciudad no se negocia, se garantiza”. 

Lo dijo sin rodeos, consciente de que la disputa por el espacio público se ha convertido en una batalla diaria para miles. 

La Ciudad  que se volvió un laberinto para envejecer 

Desde la pandemia, lo que empezó como un permiso temporal para que negocios sobrevivieran se convirtió en una invasión descarada. 

Mesas arrinconadas contra rampas, pérgolas que ocupan banquetas completas, calentadores de gas encendidos junto a pasos peatonales: un urbanismo improvisado que no perdona a nadie, pero castiga especialmente a los más frágiles.

En colonias como Roma, Condesa, Hipódromo, Juárez, Cuauhtémoc y Polanco, adultos mayores caminan pegados a las bardas, bajan al arroyo vehicular para esquivar estructuras ilegales y enfrentan ruido, humo, basura y el desprecio tácito de una ciudad que parece haberlos expulsado sin aviso.

Lo que antes era derecho, hoy es privilegio: cruzar una calle, caminar en línea recta, salir sin miedo a tropezar o ser arrollado.  

El incendio de “La Soldadera” y el riesgo ignorado 

El caso del restaurante “La Soldadera”, donde un incendio explotó entre calentadores de gas y mobiliario improvisado, no solo evidenció negligencia: mostró que la ciudad ha normalizado el peligro. 

La legisladora Guillén lo recordó como un síntoma de algo más grave: autoridades que abdican de su deber y permiten que las calles se conviertan en extensiones privadas a cambio de recaudación sin transparencia.

La ausencia de normatividad no es accidente, precisó: es abandono institucional.  

Una Ciudad que castiga la edad 

En el Congreso, Guillén describió cómo la falta de orden, vigilancia y reglas claras ha creado una urbe hostil. Y la hostilidad —lo sabemos quienes recorremos Tlatelolco, Reforma, la Roma o la Zona Rosa— siempre golpea primero a los cuerpos más vulnerables: a quienes ya no caminan con prisa, a quienes requieren bastón, andadera o simplemente un tramo de banqueta libre.  

Cada mesa mal colocada es una caída posible.

Cada pérgola ilegal es una ambulancia que no podría pasar.

Cada calentador de gas es una chispa más cercana a una tragedia.  

Cinco medidas para frenar la privatización de lo común

La iniciativa de Guillén plantea cinco acciones que buscan recuperar el orden perdido:

1. Que solo las alcaldías autoricen enseres.

2. Que Seguridad Ciudadana dictamine cuando se afecte la circulación.

3. Consultas vecinales obligatorias.

4. Prohibición de calentadores de gas en vía pública.

5. Reinversión local de todos los recursos generados. 

No se trata de regular por regular: se trata de devolver a los peatones —especialmente a los adultos mayores— la dignidad de caminar sin obstáculos. 

La iniciativa nace de quienes ya no pueden esperar  

Guillén afirmó que este proyecto creció escuchando a vecinas, Copacos y ciudadanos que han visto transformarse sus calles en corredores comerciales improvisados. No piden privilegios: piden lo básico. Ser escuchados. Ser considerados. Ser respetados.

“Esta iniciativa es de la ciudadanía; nace del territorio, de las calles y de quienes se niegan a aceptar que la ciudad se transforme sin que su voz sea escuchada”, afirmó.

Detrás de esa frase hay historias concretas: la señora que cayó por esquivar un barandal ilegal; el abuelo que camina diez cuadras más porque la banqueta está tomada; la mujer que no puede maniobrar su silla de ruedas entre mesas y bicicletas estacionadas sobre el paso peatonal.  

Hacia una ciudad que no deje a nadie atrás

Guillén cerró con un mensaje que es, en realidad, un reclamo: la Ciudad de México puede ser vibrante, innovadora, turística, pero no puede construirse sobre la espalda de quienes ya la han caminado toda su vida.

Una ciudad que no respeta a sus adultos mayores no es una ciudad moderna: es una ciudad rota.

Mientras afuera las mesas siguen ocupando banquetas, esta iniciativa abre una posibilidad: que la calle, ese antiguo territorio de encuentro, vuelva a ser lo que siempre debió ser —espacio común, libre, seguro, digno— para todas y todos, sin importar la edad.