Entre cohetes y reclamos: el despertar forzado de Tlatelolco
22 noviembre, 2025
*** El Informe de la diputada de Morena, Diana Sánchez Barrios, desata la furia vecinal, en la Segunda y Tercera Sección
Redacción / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, sábado 22 de noviembre.— El sábado prometía ser tranquilo, pero en Tlatelolco el descanso tiene el sueño ligero. Antes de las ocho de la mañana, el día ya estaba torcido.
No había comenzado la música ni los cohetones del evento político, y la escena era ya un retrato del abandono urbano: seis hombres fumando marihuana en las escaleras junto a la rampa para discapacitados, en plena Plaza de las Tres Culturas, a la vista de cualquiera que cruzara rumbo a su trabajo o a la tienda.
El espacio público, otra vez, reducido a tierra de nadie.
Después llegó el estruendo. No una alarma sísmica: pólvora, bocinas y gritos que desgarraron la calma de la Segunda y Tercera Sección.
En los chats vecinales, la pregunta estalló antes de las 9:00 de la mañana:
“¿Qué hay en la explanada de la Secundaria 16 ‘Pedro Díaz’?”
Minutos después, la respuesta circulaba como chispa en pasto seco:
Una manta colocada detrás del edificio Molino del Rey anunciaba el motivo del alboroto:
el Informe Anual de la diputada local de Morena, Diana Sánchez Barrios.
“Pa’ la raza”: fiesta para unos, tortura para otros
Lo que para el equipo de la diputada era una fiesta política —con sillas, escenario, sonido, acarreados y un mitin disfrazado de “informe”—, para los residentes fue una agresión sonora y emocional.
La narrativa oficial chocó con la realidad de los departamentos, donde el ruido entraba sin permiso:
“Ya ni la friegan. Mis perros están bien espantados”, escribió una vecina, reflejando el sentir de decenas de familias cuyas mascotas entraron en crisis por las detonaciones continuas.
Mientras el animador gritaba “¡pa’ la raza!”, lo que llegaba a las ventanas era otra frase:
“Horrible el escándalo”, sentenciaron en los grupos de mensajería.
Entre cohetones y una mezcla sonora tan caótica que algunos preguntaban irónicamente:
“¿Qué es música coknvik?”, la mañana se volvió insoportable.
Y todavía había más.
Vecinos denunciaron que en el mitin a la gente no la dejaban irse.
Un mensaje directo y alarmante circuló entre grupos:
“En la secundaria 16, en el mitin, la gente ya se quiere ir y les dicen por megáfono que no se pueden ir. Eso no es correcto.”
La denuncia: espacio público, seguridad y respeto
La indignación escaló de inmediato del ruido a los temas profundos y viejos de Tlatelolco:
la degradación del espacio público, la inseguridad, la falta de autoridad real y la presencia invasiva de actos políticos ajenos a la comunidad.
Bloqueos
La aglomeración afuera de la Secundaria 16 y cerca de la Plaza de las Tres Culturas provocó tráfico y cierres improvisados.
El paso vehicular se volvió un caos.
Contaminación
“Ya somos tres, qué poca… con su pinche escándalo y los cuetes”, expresaron vecinos hartos del ruido que rebotaba entre los edificios.
Impunidad
“¿Por qué razón pueden venir aquí como si nada y hacer eso?”, cuestionó un residente, mientras otros sugerían organizarse para pedir que se retiraran.
Inseguridad creciente
Durante el mismo periodo del evento, se reportó otro mensaje urgente:
“¿En dónde puedo solicitar una ronda de vigilancia en el estacionamiento del ISSSTE 11, sobre Flores Magón? Hay un grupo de personas inhalando sustancias. Dado el evento, hay mucha gente pasando y están muy sospechosos”.
La escena era clara:
Un mitin político con música, cohetones, acarreados y discursos, rodeado por hombres fumando marihuana, personas alteradas y una sensación general de descontrol.
La molestia que dejó el evento
Entre el ruido, la presencia de grupos ajenos y la sensación de vulnerabilidad, el sentimiento común quedó expresado en una frase repetida en distintos chats:
“No sé qué es peor: la música, los gritos del tipo, los cohetones o lo que gastan en eso”.
Para Tlatelolco, el sábado no hubo informe que justificara el asalto a la tranquilidad vecinal.
La política entró a la Unidad Habitacional sin pedir permiso y sin escuchar a nadie.
Mientras la diputada hablaba de logros, la Unidad Habitacional vivía lo contrario: ruido, inseguridad, miedo para las mascotas, calles bloqueadas, acarreados retenidos a la fuerza y un espacio público tomado por un acto que no fue para los tlatelolcas.
Una vez más, Tlatelolco pagó los platos rotos de una política que no dialoga:
llega, hace ruido, deja basura y se va.
Y los vecinos, otra vez, se quedan con el eco.


Dejaron un mugrero, así también su diputada de 4a, tenía que ser de la familia “barrios”, son nefastos👺👺👺