La Ciudad que no se mira

La Ciudad que no se mira

7 febrero, 2026 0 Por Staff Redaccion

*** El corazón de Tlatelolco frente al olvido

Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV

 Ciudad de México, domingo 8 de febrero de 2026.- El asfalto de Tlatelolco tiene memoria.

 Pero también tiene sombras.

Sombras que se pegan a las jardineras, a los muros húmedos, a los pasillos donde la vida se escucha más de lo que se ve. A veces esas sombras tienen nombre, apellido, y una historia que se fue rompiendo despacio: como un hilo viejo que ya no aguanta.

Dos veces por semana, sin reflectores y sin discursos, ese silencio se rompe. No con la fuerza de la expulsión, sino con el gesto más raro en una ciudad endurecida: alguien se acerca y pregunta, con la voz baja, sin superioridad, sin prisa:

¿Cómo estás?

El territorio como piel: cuando la política se ensucia los zapatos

El pasado viernes 6 de febrero, bajo una luz que oscilaba entre la esperanza de la mañana y la reflexión de la tarde, se desplegó un operativo que va más allá de la limpieza urbana.

Es, en esencia, un ejercicio de humanidad.

Bajo la visión de la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, y la ejecución operativa de la Dirección Territorial Tlatelolco, encabezada por Romeo Grajales, las brigadas caminaron como quien reconoce una herida: sin negar que existe, sin fingir que no duele.

Porque no se trata solo de “limpiar” calles.

 Se trata de sanar espacios.

 Y de reconocer dignidades.

La ciudad que se barre… y la ciudad que se escucha

En esta jornada, la presencia de representantes ciudadanos fue fundamental. Acompañaron el recorrido la Concejal Rosalía Villasana y el Concejal César, junto con personajes como Martín, equipos de Servicios Urbanos y directivos de Desarrollo Humano, Rodrigo Arce y Alejandra Barrios.

Lo que se vio fue sencillo, pero en estos tiempos, profundamente político: caminar.

Caminar de frente.

 Caminar sin blindaje.

 Caminar donde normalmente solo se llega a quejarse o a señalar.

Como dicen los propios vecinos: trabajar en territorio es la única forma de conocer la necesidad real, la que no cabe en una oficina ni se resuelve con un boletín.

Primera Sección: una esquina donde cada vida pesa

El recorrido dejó una certeza: Tlatelolco no es una postal. Es un cuerpo vivo.

En la Primera Sección, el operativo tuvo un momento de especial cercanía en el cuadro que forman los edificios “Matamoros” y “José María Morelos y Pavón”. Ahí se brindó atención personalizada y sensible a una persona en situación de vulnerabilidad.

No hubo espectáculo.

 No hubo fotos al rostro.

 Hubo algo más raro: respeto.

Porque cuando una persona ha sido ignorada demasiado tiempo, el primer auxilio no es la comida ni el abrigo.

 Es el reconocimiento.

Tercera Sección: donde el balón rebota, pero el abandono también

En la Tercera Sección, la labor se extendió desde las letras emblemáticas de “Tlatelolco”, cruzando el Jardín Santiago, caminando hacia el edificio “Querétaro”, hasta llegar a las canchas donde el rebote del balón suele opacar otros sonidos.

La ruta continuó por el Centro de Bombeo III y los márgenes de Eje Central y Flores Magón.

Allí, la palabra “sensibilización” deja de ser un término institucional y se convierte en un acto concreto: sentarse a la altura de quien vive en la calle y ofrecerle acompañamiento sin humillación, sin amenaza, sin chantaje.

Porque en la calle también hay derechos.

 Y en la calle también hay ciudadanía.

Segunda Sección: La Pera, el Ágora… y el ex Cine donde habitan las ausencias

En la Segunda Sección, el panorama condujo por los edificios “Revolución de 1910” y “Molino del Rey”, pero el corazón emocional del recorrido se concentró en puntos críticos: el Jardín “La Pera”, el Ágora y las entrañas del ex Cine Tlatelolco.

Ese inmueble es una metáfora cruel.

Alguna vez proyectó historias.

 Hoy guarda ruinas.

 Y en esas ruinas, hay personas.

Dentro, el equipo trabajó para recuperar higiene y condiciones mínimas, buscando siempre canalizar apoyos para quienes han hecho del derrumbe un refugio. Porque cuando la ciudad te cierra las puertas, cualquier techo roto se vuelve casa.

Cuando un jardín vuelve a ser jardín

El Jardín Médico por la Paz y los estacionamientos de Flores Magón no solo recuperaron brillo visual: recuperaron su propósito.

Volver a ser espacios comunes.

 Volver a ser lugares donde se pueda estar.

 Volver a ser lo que se supone que Tlatelolco es: comunidad.

Tlatelolco es un emblema de resistencia.

 Pero también es un espejo.

Y lo que refleja, a veces, es duro: que la ciudad aprende a mirar hacia otro lado cuando la pobreza, la enfermedad o la adicción se vuelven paisaje.

El verdadero blindaje es la dignidad

Esta ciudad se ha acostumbrado a hablar de seguridad como si fuera solo patrullas y cámaras. Pero la seguridad también se construye con salud mental, con atención social, con prevención, con acompañamiento y con presencia humana.

Lo que ocurre en Tlatelolco no es un “problema de imagen”.

 Es un problema de abandono.

Y lo que se vio en esta jornada, con todas sus limitaciones y desafíos, es un mensaje necesario: el territorio importa. La gente importa. Y nadie debería volverse invisible por no tener casa.

Nadie debe ser invisible

Tlatelolco no necesita discursos que lo pinten perfecto.

 Necesita acciones que lo defiendan real.

Porque aquí, en estos andadores que han visto historia, dolor y resistencia, la solidaridad no puede ser un eslogan. Tiene que ser tan firme como los propios edificios.

En territorio, todos somos Tlatelolco.

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