El manotazo de la autoridad
13 marzo, 2026*** Autoritarismo en Tlatelolco: el Gobierno Central apaga la voz vecinal y exhibe su desprecio por la comunidad

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, sábado 14 de marzo de 2026.- La noche del viernes 13 de marzo dejó una escena amarga en la Tercera Sección del Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco. Lo que debía ser una Asamblea Informativa para dialogar con los residentes terminó convertido en una muestra cruda de autoritarismo burocrático.
En el área de juegos del lado sur del edificio Michoacán, vecinos y representantes comunitarios escuchaban las intervenciones sobre el proyecto “Ruta, Tlatelolco mi Amor” y las obras proyectadas para la Unidad Habitacional. Había inquietudes, preguntas y la expectativa de escuchar a las autoridades territoriales.
Pero el diálogo se cerró de golpe.
El secretario de Atención y Participación Ciudadana, Tomás Pliego Calvo, decidió terminar la reunión sin permitir que tomara la palabra el coordinador Territorial de Tlatelolco, Irving Osvaldo López Velázquez, quien había sido invitado por los propios residentes para coordinar los trabajos comunitarios.
No hubo explicación.
No hubo respeto.
No hubo diálogo.
“¡No, ya terminamos!”
Antes de que concluyera la Asamblea Informativa, el funcionario tomó el micrófono y, con evidente prisa por cerrar el encuentro, soltó una despedida fría:
“Gracias, buenas noches a todas y todos. Les avisamos”.
Pero cuando aún había voces esperando participar, la respuesta fue brutalmente cortante:
—“¡No, ya terminamos!”
La frase cayó como un portazo en medio de la comunidad.
En segundos, los micrófonos fueron desconectados.
La reunión terminó por decisión unilateral.

Ni espacios, ni palabra
El malestar vecinal no se limita al abrupto cierre de la asamblea. Desde hace tiempo, los residentes tlatelolcas han solicitado que las reuniones informativas se realicen en los teatros de los deportivos, espacios comunitarios de la propia Unidad Habitacional, lugares más adecuados para el diálogo público y la participación vecinal.
La respuesta del secretario Tomás Pliego Calvo ha sido tajante.
Según el funcionario, esos espacios no se utilizan porque las asambleas “no son eventos privados”, sino reuniones de “manos alzadas”.
La explicación ha provocado desconcierto entre los vecinos. Para muchos residentes, la negativa representa otra forma de cerrar puertas al diálogo organizado, obligando a que las reuniones se realicen en espacios improvisados y con limitaciones técnicas que terminan afectando la participación.
El desprecio por la participación ciudadana
El episodio dejó una pregunta inevitable:
¿Para qué convocar a una Asamblea Informativa si la autoridad no está dispuesta a escuchar?
Resulta irónico que la escena haya sido protagonizada precisamente por el titular de una dependencia que lleva en su nombre las palabras Atención y Participación Ciudadana.
En los hechos, lo que ocurrió en Tlatelolco fue lo contrario:
una orden seca, una clausura abrupta y el silenciamiento de la palabra pública.

La comunidad ignorada
La intervención del coordinador Territorial Irving Osvaldo López Velázquez no era un capricho. Su participación había sido solicitada por vecinos que buscaban coordinación institucional para las obras proyectadas en el Conjunto Habitacional.
Los residentes esperaban escuchar respuestas, establecer rutas de trabajo y abrir un canal directo con la autoridad territorial.
Pero ese puente nunca se construyó.
Fue derribado antes de empezar.
Tlatelolco no es un patio de órdenes
En Tlatelolco, la participación vecinal no es una concesión del gobierno: es una tradición.
Esta Unidad Habitacional, con décadas de historia social y política, ha sido escenario de asambleas, debates y movilizaciones donde la palabra colectiva tiene peso.
Por eso, el gesto de apagar el micrófono no fue interpretado como un simple cierre de agenda.
Fue visto como un acto de desprecio hacia la comunidad.
Un recordatorio de que, para algunos funcionarios del Gobierno Central de la Ciudad de México, escuchar a los vecinos sigue siendo una molestia.
La voz que no pudieron apagar
Pero si algo quedó claro esa noche es que el silencio impuesto desde el templete no logró apagar la conversación.
Cuando los micrófonos se apagaron, los vecinos siguieron hablando entre ellos.
La indignación circuló de boca en boca.
Las preguntas siguieron flotando en el aire.
Porque en Tlatelolco la palabra no depende de un cable ni de una bocina.
Depende de la gente.
Y esa, por más interruptores que se bajen desde el poder, no se apaga.


Ante está falta de respeto del Sr. Pliego, habrá que preguntar a la Jefa de Gobierno si esto es prudente de un funcionario de su gobierno ( Prepotente) al faltarle el respeto a la comunidad, dónde queda la ¿PARTICIPACIÓN CIUDADANA? Ho solo es teatro !!!!!