Vehículos invaden andadores peatonales de Tlatelolco
6 junio, 2026
*** Tlatelolco no es botín electoral
*** El despertar de una vieja indignación
*** Durante el evento atribuido al candidato de Morena

Por Redacción de Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, sábado 6 de junio de 2026.- La mañana de este sábado comenzó con una escena que muchos habitantes de la Segunda Sección de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco creían ya superada: vehículos pesados circulando y estacionados sobre andadores peatonales, ocupando espacios diseñados para el tránsito de vecinos, personas adultas mayores, niñas, niños y usuarios del Metro Tlatelolco.
A las 7:28 horas surgió la primera alerta ciudadana:
“Buenos días, hay tres transportes grandes en los andadores cercanos al Ágora, ¿alguien sabe qué evento va a haber?”.
La pregunta parecía sencilla. Sin embargo, conforme avanzaron las horas, las respuestas comenzaron a revelar algo más profundo: la inconformidad acumulada de una comunidad que observa cómo sus espacios públicos son utilizados sin consulta y, en ocasiones, con fines ajenos a la vida cotidiana de quienes habitan la unidad.

Los andadores no son estacionamientos
Minutos después comenzaron a multiplicarse los reportes.
Vecinos denunciaron la presencia de vehículos sobre el pasillo que conduce al Metro Tlatelolco y sobre los accesos principales del Centro Cultural y Artístico Ágora.
La molestia no provenía únicamente del evento en sí, sino de la invasión física de zonas estrictamente peatonales.
“De quién sea el evento, no deben subir vehículos en zonas peatonales”, resumió uno de los residentes.
La frase sintetizó el sentir de numerosos habitantes: el problema rebasa colores partidistas. Se trata del respeto a los espacios comunes.
Tlatelolco fue concebido urbanísticamente como una ciudad peatonal. Sus andadores representan una parte fundamental de su identidad arquitectónica y comunitaria. Cada vehículo que los invade no sólo ocupa un espacio; también vulnera una idea de convivencia que durante décadas ha distinguido a la unidad habitacional.
Una celebración que despertó sospechas
Inicialmente se informó que se trataba de un festejo del “Día de las Madres”, organizado por la Fundación Sor Juana y autorizado por la Alcaldía Cuauhtémoc.
No obstante, conforme llegaron testimonios de asistentes y vecinos, comenzó a surgir otra versión.
Diversas personas señalaron que en el evento aparecían camisetas con el nombre de Edmundo Hita, identificado por varios asistentes como aspirante de Morena a la Alcaldía Cuauhtémoc.
La presencia de propaganda personal, nombres impresos en prendas y referencias partidistas provocó cuestionamientos inmediatos.
“Eso es proselitismo disfrazado de fundación”, comentó una vecina.
Otra residente fue más directa:
“El candidato no lo dice abiertamente, pero traen camisetas con su nombre en grande. ¿Eso no es proselitismo ilegal disfrazado de buenas obras?”
Las preguntas comenzaron a circular entre los habitantes con la misma velocidad que la música del evento resonaba por los jardines y edificios circundantes.
La voz de una comunidad ignorada
Lo que más indignó a varios residentes no fue únicamente el contenido político que atribuyeron al acto, sino la sensación de que las decisiones se tomaron sin escuchar a quienes viven en el lugar.
Una vecina expresó una reflexión que resonó entre numerosos participantes de la conversación:
“Esta es una Unidad Habitacional, no una zona comercial ni un espacio para festejos de otros lados. Los espacios comunes son parte de nuestras casas y de nuestra comunidad”.
Detrás de esa frase existe un debate permanente en Tlatelolco: ¿quién decide el uso de los espacios públicos de la Unidad?
La pregunta continúa abierta.
Para muchos residentes, cualquier actividad masiva que implique cierres, ruido excesivo, instalación de escenarios o ingreso de vehículos debería construirse mediante mecanismos de información y consulta vecinal.
El ruido de la política
Mientras continuaban las solicitudes para retirar los vehículos, varios vecinos aseguraron que las peticiones fueron ignoradas.
La inconformidad aumentó conforme se desarrollaba el evento.
“Está horrible la música”, relató una habitante.
“Está de locos la música”, agregó minutos después.
El comentario puede parecer menor, pero refleja otro fenómeno frecuente en la vida comunitaria: la imposición sonora.
Cuando una actividad política, social o promocional irrumpe en un entorno residencial, la música amplificada deja de ser entretenimiento para convertirse en una forma de ocupación del espacio común.
Y cuando esa ocupación ocurre sin consenso, el ruido adquiere inevitablemente una dimensión política.
La responsabilidad de las autoridades
Diversos vecinos cuestionaron el papel de la Alcaldía Cuauhtémoc y de las instancias encargadas de supervisar el uso de los espacios públicos.
La principal crítica fue la aparente permisividad frente a la presencia de vehículos en áreas peatonales, pese a las solicitudes ciudadanas para retirarlos.
Más allá de las simpatías o diferencias partidistas, la exigencia vecinal fue clara: aplicar las mismas reglas para todos.
Porque si existe una norma que prohíbe el ingreso de vehículos a los andadores, ésta debe cumplirse independientemente de quién organice el evento.
Tlatelolco no es botín electoral
Los acontecimientos de este sábado dejaron una lección que trasciende una jornada específica.
Tlatelolco no es únicamente un conjunto de edificios ni un escenario disponible para campañas permanentes. Es una comunidad viva, con memoria, identidad y capacidad crítica.
Cada vez que una organización, una fundación, un partido político o una autoridad utiliza sus espacios sin escuchar a quienes los habitan, reabre una herida histórica: la sensación de que las decisiones se toman desde afuera y se imponen hacia adentro.
La molestia expresada por los vecinos no nació por un evento aislado. Surge de años de experiencias acumuladas en las que la comunidad ha tenido que recordar una y otra vez que los andadores son para caminar, los jardines para convivir y los espacios públicos para servir a quienes viven en ellos.
Porque en Tlatelolco, como quedó demostrado este sábado, los vecinos observan, cuestionan y denuncian.
Y cuando la política entra por los andadores, la comunidad tiene derecho a preguntar quién la invitó y bajo qué reglas pretende quedarse.

