El “Camioncito del Amor”: entre el desamparo y la indiferencia
6 julio, 2025*** “Indigentes necios” (como los llaman los chats)

Con Tlatelolco, Ciudad de México, lunes 7 de julio.- Dicen que lo llaman el “Camioncito del Amor”, pero lo que reina a su alrededor es el desamor.
En la esquina de Manuel González y Reforma, bajo la sombra cansada de una jardinera maltratada, se ha formado un pequeño refugio improvisado. Un campamento, como lo llaman en los reportes de seguridad.
Un foco de “cochinero” según los mensajes tlatelolcas. Pero para quienes ahí se tiran sobre cartones y bolsas, es apenas un respiro frente a la ciudad que los ha echado a la orilla.
Muy temprano, una voz de alerta llegó a los chats tlatelolcas:
“Reporté en la mañana lo de la carreta y el camioncito, y sigue ahí todo el cochinero de los indigentes que son necios en volver”.
Una queja que resume, con brutal honestidad, el hartazgo y el desconocimiento que se cruzan en los espacios tlatelolcas. No hay nombre para los hombres y mujeres que ahí duermen. Sólo son “indigentes” o “personas vulnerables”, pero raramente “personas”.
El sol apenas calentaba, cuando se solicitó “el retiro de tres indigentes” como quien pide que se barran hojas secas.
Y mientras tanto, crecía un nuevo campamento junto al camión de la basura. Donde otros ven acumulación de desechos, ellos encuentran un escondite, una frontera tenue entre el rechazo y la supervivencia.
A las 16:02 se elevó una nueva voz:
—Favor de atender. Gracias.
Base Diana respondió con la promesa del apoyo. Pero no llegó una solución, ni un refugio, ni un programa social. Sólo el eco burocrático:

—Queda pendiente la respuesta a Mónica.
Mónica preguntaba si Martín, el encargado de atender a personas vulnerables, estaba en funciones. Nadie respondió. Martín no contestó. Quizá no trabaja los domingos.
Tlatelolco vive una contradicción feroz: es símbolo de modernidad urbana y ruina social, es vivienda digna y abandono institucional.
La Tercera Sección es la más callada, la más olvidada, donde las jardineras se vuelven camas y los basureros, albergues.
Donde el “Camioncito del Amor” sólo sirve de testigo inmóvil, oxidado, de un drama que ya nadie quiere mirar.
¿Y qué hacemos con esas personas que regresan una y otra vez? Que son “necias en volver”, como si la pobreza fuera un capricho y no una condena. Que ensucian, que duelen, que incomodan, pero que también respiran, esperan, sufren.
Tlatelolco, hoy más que nunca, exige que el amor no sea sólo el nombre pintado en un camión viejo. Que la atención no dependa del turno de un funcionario. Y que el “retiro” de seres humanos no sea la única respuesta ante la urgencia de la miseria.

El Teatro de la Negación
A las 16:22, un mensaje irrumpe en los chats como un acto de prestidigitación institucional.
BASE DIANA responde con fotografías: “Negativo de que se encontrarán personas de situación vulnerable”.
Las imágenes muestran el “Camioncito del Amor” y la “Carreta solitarios”.
Pero lo que omiten es más elocuente: los cartones húmedos escondidos tras el contenedor, la bolsa de plástico que servía de manta, la sombra humana que se evaporó minutos antes de la llegada del funcionario.
La burocracia convierte la miseria en un fantasma: si no aparece en el registro fotográfico, no existe.
Monic, testigo de este ritual de negación, lanza un dardo certero: “Los indigentes no tienen semana laboral. Debería de haber una cuadrilla que atienda los domingos”.
Su reclamo desnuda la mentira estructural: Martín (el encargado de “personas vulnerables”) no trabaja domingos, pero el hambre sí.
La Subdirección de Atención a Poblaciones Prioritarias —órgano teóricamente encargado— brilla por su ausencia en el fin de semana, como confirma el directorio de la Alcaldía Cuauhtémoc, donde las funciones se diluyen en laberintos administrativos .
Los Responsables: Anatomía de una Omisión Colectiva
La cruda verdad que los chats revelan es una cadena de desidia escalonada. Estos son los eslabones del fracaso:
Responsabilidad Incumplida
**SIBISO**
Retiros inhumanos sin alternativas de refugio. Protocolos de “limpieza social”.
**Gobierno CDMX**
Falta de refugios y programas sociales de emergencia. Secretaría de Inclusión Social.
**Alcaldía Cuauhtémoc**
Ausencia de cuadrillas dominicales para atención humana. Dirección de Desarrollo y Bienestar.
**Secretaría de Seguridad Ciudadana**
Criminalización de la pobreza. Operativos de “reordenamiento”.
La Dirección de Desarrollo y Bienestar —dirigida por funcionarios cuyos nombres figuran en el directorio de la Alcaldía pero no en el territorio— tiene una Subdirección de Atención a Poblaciones Prioritarias.
Sin embargo, en Tlatelolco, su prioridad parece ser el papeleo, no las personas. Mientras, la Secretaría de Seguridad Ciudadana actúa como brazo ejecutor de desalojos, pero nunca como puente hacia soluciones .

El Muro de los Domingos
> “Queda pendiente la respuesta a Mónica”, había zanjado BASE DIANA días antes. Ahora, con la negación fotográfica, el círculo se cierra: la burocracia inventa realidades limpias para ocultar su impotencia.
El domingo —día sagrado para el descanso gubernamental— expone la hipocresía fundamental: las políticas sociales mueren al caer la tarde del viernes y resucitan el lunes.
Entre tanto, los “indigentes necios” (como los llaman los chats) tejen estrategias de supervivencia con tres elementos: cartón, oscuridad y silencio.
Los Nombres que el Directorio Olvida
El documento oficial de la Alcaldía Cuauhtémoc enumera decenas de funcionarios: Directores, Subdirectores, Jefes de Unidad Departamental. Pero en sus páginas no hay rastro de Martín, el fantasma de la atención dominical.
Tampoco de Ricardo, el hombre que dormía junto al camión de basura, ni de Elena, la mujer cuyas medicinas se mojaban en la lluvia sin techo.
La crónica de Tlatelolco ya no es sólo una historia de desamparo.
Es la prueba de un sistema que diseña su ceguera: fotografías que niegan lo incómodo, directorios que nombran a los ausentes, y responsabilidades difusas que permiten a todos decir eso no me toca a mí”.
Mientras, en la esquina de Manuel González y Reforma, el “Camioncito del Amor” sigue oxidándose —no como símbolo de caridad, sino como monumento al amor que el poder le debe a los invisibles y no paga.
> “Favor de atender. Gracias”*, repite Monic en el chat.
> El silencio que sigue es la única política social que nunca falla.


