Una tarde con el Divo: homenaje bajo la lluvia

Una tarde con el Divo: homenaje bajo la lluvia

26 julio, 2025 0 Por Staff Redaccion

*** Tributo a Juan Gabriel, llena de alegría y música, en el Ágora Tlatelolco II

*** Camilo Vázquez: no un imitador, un médium

Ignacio Arellano / Gricelda Domínguez
Con Tlatelolco, Ciudad de México, sábado 26 de julio.– Por el Jardín Médicos por La Paz, cerca del Deportivo “5 de Mayo”, en la entrañable Segunda Sección de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, la tarde del viernes parecía resistirse al olvido.

Una lluvia melancólica caía sobre el domo húmedo, mientras poco a poco comenzaban a llegar los vecinos, paraguas en mano, con un mismo propósito: rendir homenaje a quien sigue cantando desde la memoria, Juan Gabriel, el Divo de Juárez.

A las 18:00 horas en punto, el Foro Isabelino del Centro Cultural y Artístico “Ágora Tlatelolco II” se iluminó no sólo con luces escénicas, sino con las miradas brillantes de un público que coreaba suspiros y letras. 

El evento reunió a público de Tlatelolco, de la alcaldía Azcapotzalco, e incluso del Estado de México, en una tarde emotiva llena de música y nostalgia.

Camilo Vázquez, artista e imitador, subió al escenario con lentejuelas en el alma, y en su voz traía de regreso a Alberto Aguilera Valadez.

La Dirección General de Cultura y Educación de la Alcaldía Cuauhtémoc había convocado el encuentro como parte de su programa cultural comunitario. 

Contó con la presencia de representantes de la Dirección de Cultura y del Deportivo “5 de Mayo”, quienes agradecieron el respaldo de la alcaldesa Ale Rojo de la Vega por acercar espectáculos de calidad a los habitantes de la demarcación.

Pero el verdadero llamado vino desde más hondo: de esa necesidad colectiva de volver a escuchar “Querida”, “Amor eterno” o “Te lo pido por favor” como si Juan Gabriel estuviera todavía entre nosotros, caminando entre el público, lanzando flores invisibles al viento.

Camilo Vázquez no imitó: revivió. Con cada gesto, con cada quiebre de voz, con cada giro de cadera y cada sonrisa a medio labio, nos recordó que el Divo no se ha ido del todo. Mujeres de todas las edades lo ovacionaban, algunos hombres murmuraban las letras a media voz, y hubo quienes cerraron los ojos para que la música entrara directo al corazón, sin filtros.

La lluvia no se detuvo, pero tampoco la emoción. Las banquetas se volvieron palcos, las sombrillas, pequeños toldos de teatro popular. En cada canción, una historia personal asomaba: un amor que ya no está, una madre que ponía los discos en casa, una serenata fallida en la juventud. 

Juan Gabriel tiene esa magia: canta lo que cada quien ha vivido, lo que aún duele, lo que nunca se olvida.

Tlatelolco se hizo bolero, balada, mariachi y piano. Y aunque el cielo lloraba, el público sonreía.

Porque en este tributo no hubo tristeza, sino gratitud. Porque lo que se canta con el alma no muere nunca. Porque el Divo, aún ausente, sigue llenando foros, calles y corazones.

Camilo Vázquez cerró con “Noa, Noa”, y el aplauso se sintió como un abrazo colectivo. No importaron los charcos, ni la humedad: esa noche, Tlatelolco volvió a bailar con Juan Gabriel.

Y así, bajo una lluvia insistente, el amor eterno volvió a decir presente.