Tlatelolco escucha, Tlatelolco responde

Tlatelolco escucha, Tlatelolco responde

23 agosto, 2025 1 Por Staff Redaccion

*** Preguntas al viento, en la “Plaza Allende”

Con Tlatelolco

Ciudad de México, sábado 23 de agosto de 2025.- La mañana se abrió con la puntualidad de los viejos relojes. Eran las once y la Plaza Allende ya guardaba las sombras de los árboles y las voces de los residentes de la Primera Sección. La mayoría eran adultos mayores, los que aún resisten el peso de la vida en esta ciudad que parece olvidar a sus viejos barrios.

Llegaron con papeles arrugados, con preguntas ensayadas en la cocina, con la dignidad que da haber vivido medio siglo en Tlatelolco. Algunos se apoyaban en un bastón; otros, en la memoria de quienes ya no están.

La Asamblea Informativa, llamada “Ruta. Tlatelolco mi Amor”, se convirtió pronto en un mural sonoro: cada intervención pintaba un trazo distinto de abandono y esperanza.

El murmullo de las preguntas

El primer vecino levantó la voz, a las 12:36. Preguntó por el pavimento, por las celdas de cimentación, por los talleres condominales. Sus palabras fueron más que dudas: eran la certeza de que los problemas no esperan.

Después, una mujer con voz firme pidió algo básico:

Que vengan identificados quienes trabajen aquí. Somos adultos mayores. No abrimos la puerta a cualquiera.

El murmullo de las preguntas crecía: ¿de qué material serán los nuevos andadores? ¿por qué reemplazar las luminarias que aún sirven? ¿Cuándo llegarán las reparaciones prometidas por vivienda?

El testimonio que dolió en silencio

Entonces, la Plaza Allende se estremeció. Una maestra jubilada, viuda, sola, tomó el micrófono y habló como si hablara con sus antiguos alumnos:

Mis vecinos rentan, ya no nos conocemos. Hasta el perrito me contesta mejor. Antes teníamos entradas bonitas, ahora son un desmadre. Yo sigo siendo coqueta, aunque me llamen anticuada. Mi madre me enseñó a estudiar, fui directora, inspectora, y gracias a eso no ando pidiendo limosna. Pero ahora, aquí, me siento sola”.

La Plaza guardó silencio. Nadie quiso romper la fragilidad de esa confesión. Fue el testimonio de la soledad envuelta en dignidad.

Agua café, cables robados, rampas imposibles

El agua llega al café a las cisternas y rompe los calentadores. Los apagones dejan edificios enteros a oscuras. Los semáforos fallan porque los cables se roban como si fueran migajas de metal.

Las “hamburguesas”, con cristales oscuros, parecen cuevas donde no se sabe si hay vida o amenaza. El ex Cine Tlatelolco y el Hospital del ISSSTE “Gonzalo Castañeda”, aparecieron en las voces como sitios que podrían volver a ser refugio y compañía.

Y las motos… esas motos que se adueñaron de rampas y pasillos:

Las rampas ya no son para nosotros, son para ellos. Nos atropellan, nos faltan al respeto. Exigimos que no circulen dentro de la Unidad”, clamó una vecina con la voz al borde de la súplica.

Voces que resisten

Otro restaurante enumeró lo que parece interminable: la falta de bombas de achique, los árboles que ya rebasaron azoteas, los costales de basura desfondados.

¿Quién se sube a barrer si la mayoría somos de la tercera edad?”, preguntó.

Otros pidieron rampas en el Metrobús, un área jurídica para obligar a pagar cuotas, la sustitución de tinacos de asbesto, la atención a los perros que ensucian pasillos.

Las voces se entrelazaban: unas quebradas, otras fuertes, todas urgentes.

La Plaza como espejo

Pasada la una de la tarde, la Asamblea Informativa cerró sin respuestas claras, pero con algo más valioso: la certeza de que en Tlatelolco la comunidad sigue viva.

En la “Plaza Allende” quedaron flotando las preguntas como hojas secas que el viento arrastra, pero que no mueren. Preguntas al gobierno, sí, pero también a la propia memoria de lo que fue y lo que aún puede ser esta unidad habitacional.

Ruta. Tlatelolco mi Amor” no fue una simple reunión. Fue el espejo de una comunidad que, a pesar del desgaste y la soledad, todavía se atreve a hablar, a reclamar, a resistir.

Cierre coral

Las últimas voces quedaron como un coro improvisado de quienes no se rinden:

Queremos rampas para salir al Metrobús…”

El agua nos llega café, nos daña todo…”

Ya no abrimos la puerta a cualquiera…”

Hasta el perrito me contesta mejor que mis vecinos…”

¿Quién se sube a barrer si todos somos de la tercera edad?”

Fragmentos dispersos, sí, pero unidos por un mismo grito:

Tlatelolco no calla.

Entre plazos y memorias: las respuestas del presidium en la Plaza Allende

El sol ya se había deslizado hacia la vertical más dura cuando, después del torrente de voces vecinales, llegó el turno del presidium. La mesa, encabezada por Zazil Caballero Ángeles, no sólo escuchaba; ahora era su momento de hilar respuestas ante un auditorio que no olvidaba.

Basura y ratas: la ciudad dentro de la ciudad

Caballero comenzó con lo elemental, casi doméstico: la basura. Reconoció que la recolección corresponde a la Alcaldía Cuauhtémoc, pero prometió coordinación, nuevos programas verdes, campañas de reciclaje y un mercado de trueque que devuelva circulación a lo inservible.

Entonces soltó una confesión breve, casi íntima:

—Un costal nuevo, en mi propio edificio, amaneció roído al día siguiente.

Tlatelolco como Ciudad dentro de la Ciudad. Y en esa Ciudad, los reinos invisibles también gobiernan.

Árboles y cámaras: inventarios de la sombra

A la 13:18, la plática giró hacia lo vertical: los árboles. Se levantará un censo, habrá poda aérea. Y también hacia lo vigilante: cincuenta cámaras nuevas del C5 vigilarán pasillos y esquinas.

Para blindar la transparencia, anunció la creación de una contraloría vecinal: vecinos que supervisen obras y gestionen con las instituciones. Un puente hecho de ojos atentos, aunque con límites claros: “No suelten la gestión federal”, advirtió, reconociendo las fronteras del programa.

Septiembre: palabra de arranque

La palabra más esperada llegó a la 13:22:

—Las obras comienzan en septiembre.

La promesa incluía pavimentación, luminarias, áreas verdes, seguridad. Todo bajo una consigna: respetar la identidad arquitectónica original. Se repondrá lo necesario, nada más, tras un censo que ya nombró los puntos más oscuros.

El ex Cine Tlatelolco apenas recibió un guiño: “está en el radar”. En el aire quedó ese murmullo colectivo de los que quieren ver otra vez una pantalla viva en el corazón de la unidad.

Residuos, rampas y cultura condominal

A la 13:23 se oficializó una noticia mayor: la creación de la Agencia de Gestión Integral de Residuos (AGIR), encargada de ordenar la basura y la separación en toda la ciudad.

Luego vino la advertencia: los beneficios de los programas sociales ya no llegarán a edificios sin organización. Primero vida condominal protocolizada, después apoyos. La frase cayó como recordatorio de que la autogestión vecinal será el umbral para cualquier beneficio.

Comercios, agua y cimientos

A la 13:28 surgió otro reclamo: los comercios irregulares. Habrá regularización y capacitación, prometieron, para reconciliar la economía barrial con la imagen urbana.

Sobre el agua, la respuesta fue un mapa de responsabilidades: Secretaría de Gestión Integral del Agua para grandes tuberías, la Alcaldía para las secundarias, los vecinos para los albañales internos. Nadie respiró tranquilo: el agua, como la memoria, siempre busca la grieta.

A la 13:36 se habló del subsuelo. Las celdas de cimentación no deben achicarse al infinito; la verdadera solución es sellar, impermeabilizar. Palabras técnicas que, sin embargo, tocaron fibras viejas: el miedo al hundimiento que nunca abandona a Tlatelolco.

Fechas de piedra y aire

La Secretaría de Vivienda dibujó el calendario como si fueran estaciones:

Octubre: primeros seis edificios en revisión.

Noviembre a enero: los demás, hasta cubrir noventa inmuebles.

Un proceso de siete u ocho meses, como un ciclo de gestación colectiva.

Motos y banquetas

Cerraron con lo cotidiano: las motocicletas en pasillos y rampas. Admitieron que los operativos acaban en denuncias contra la autoridad. “Seguimos concientizando”, dijeron.

Lo mismo con banquetas y accesos: habrá revisión para que la caminata vuelva a ser segura.

Quedaron las voces

La Plaza Allende escuchó plazos, agencias, contralorías y advertencias. La mesa del presidium respondió con promesas posibles y silencios prudentes. Pero en el aire, como eco, quedaron las voces de los adultos mayores, murmuradas en los pasillos después de la asamblea:

—“Ojalá no se quede en palabras…”

—“Con que cumplan la mitad, ya cambia la vida aquí.”

—“Nosotros ya no tenemos tiempo, pero nuestros nietos sí.”

Un coro de frases laterales, pequeñas y desgastadas, que al juntarse sonaron como sentencia:

en Tlatelolco, la palabra oficial sólo encuentra valor cuando se vuelve memoria cumplida.