El ecocidio institucional destruye Tlaltenco
28 agosto, 2025
*** Pueblo fantasma: devorado por los cárteles, la mafia inmobiliaria y la complicidad del gobierno
*** CFE instala transformadores; INE entrega credenciales
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, viernes 29 de agosto de 2025.- En San Francisco Tlaltenco la paciencia se agotó. Los ejidatarios y pobladores lanzaron un ultimátum: no quieren más omisiones ni complicidades de la Alcaldía Tláhuac y del Gobierno de la Ciudad de México. Exigen el desalojo y recuperación inmediato de invasores en el paraje “El Arco”, en plena ciénega, donde el suelo está legalmente catalogado como de conservación.
“El paraje no se vende, no se renta, no se privatiza. Queremos el desalojo ya. ¡Que se aplique la ley!”, gritaron los campesinos que ven cómo su herencia y la reserva ambiental se derrumban ante los ojos de las autoridades.
El reclamo es contundente: mientras los invasores levantan bardas y casas sobre tierras prohibidas, el Gobierno local mira hacia otro lado. La corrupción y la negligencia son tan evidentes como las construcciones ilegales que avanzan cada semana.
Los ejidatarios recuerdan que la ley prohíbe cualquier edificación en estos suelos. Sin embargo, lo que debería ser un espacio de vida, de siembra y de agua, hoy se transforma en negocio privado, con total impunidad. “Aquí debería crecer el maíz y la vida comunitaria, no ladrillos ni fraccionamientos clandestinos”, señalan.
La comunidad acusa directamente a las autoridades: La Alcaldía Tláhuac por su inacción cómplice. El Gobierno de la Ciudad de México por no garantizar el respeto al suelo de conservación.
“Ya basta de simulación. Queremos acciones, no discursos. Exigimos el desalojo y la recuperación inmediata del suelo ejidal y que se castigue a quienes promueven esta invasión”, reclamaron los representantes del pueblo.
En el paraje “El Arco”, los contrastes son insoportables: mientras unos cercan la tierra como si fuera mercancía, los verdaderos dueños, ejidatarios de Tlaltenco, levantan la voz para defenderla. Y lo advierten: si las autoridades no actúan, será el pueblo quien detenga la invasión.
Hoy, la consigna recorre las calles y parcelas de San Francisco Tlaltenco:
“La tierra no se vende, se ama y se defiende”.
Y con ella, la advertencia final: si no hay respuesta inmediata, la comunidad se movilizará, tomará las calles y no dará un paso atrás hasta ver recuperada su tierra.

Cloacas a cielo abierto
El aire aún intenta conservar el aroma a tierra mojada y a hierba recién cortada, un fantasma olfativo de lo que este lugar fue. Pero ya es una batalla perdida. El olor predominante ahora es el del polvo de cal, el concreto fresco y la descomposición de los son canales de San Francisco Tlaltenco y de la zona chinampera de la ciénega, convertidos en cloacas a cielo abierto.
El paraje “El Arco”, ubicado en la zona ejidal y lacustre de San Francisco Tlaltenco, se encuentra hoy en una situación crítica: la devastación ambiental y la urbanización ilegal han transformado el paisaje, provocando un ecocidio que amenaza la vida comunitaria y el equilibrio ecológico del suroriente de la Ciudad de México.
Cabe destacar: el daño se ha hecho a una zona lacustre, por lo que se pierde un área de amortiguamiento ecológico, vital para la recarga de mantos acuíferos y la mitigación de inundaciones.
Durante un recorrido realizado por este medio se constató que las áreas verdes prácticamente han desaparecido. En su lugar predominan terrenos de tierra y cemento, así como construcciones irregulares que van desde viviendas precarias de madera y lámina, hasta casas bien cimentadas que avanzan sobre el suelo de conservación.
Las calles, aún sin pavimentar, se convierten en lodazales durante las lluvias. En medio de ese escenario, se observaron pipas de agua potable abasteciendo tinacos en las nuevas viviendas, lo que refleja una normalización de los asentamientos ilegales. Incluso, ya se han instalado transformadores eléctricos con infraestructura sólida, como si se tratara de una colonia regularizada.

Habitantes y campesinos denuncian que la pérdida del paraje “El Arco” no es un hecho aislado, sino parte de un proceso de invasión tolerado por autoridades, donde se combinan la mafia inmobiliaria, intereses políticos y presencia de grupos del crimen organizado.
“La memoria que resiste” –el nombre con el que los vecinos nombran su lucha–, busca visibilizar esta problemática y exigir a las instancias ambientales y de gobierno frenar la destrucción, antes de que Tlaltenco se convierta en otro pueblo fantasma de la Ciudad de México.
Lo que los mapas oficiales de la Alcaldía Tláhuac pintan de verde esperanzador como “Suelo de Conservación” es, en el suelo real, una herida abierta: una fiebre de ladrillo y miseria que avanza a velocidad de ciclón. Este no es un proceso, es una ocupación: una metástasis urbana alimentada por la avaricia, la omisión criminal de las autoridades y la sombra larga del crimen organizado.
Los ejidatarios más viejos, cuyas manos guardan la memoria del surco y la siembra, cuentan la historia de un paraíso cercado. Hace una década, este rincón al suroriente de la ciudad era un mosaico de milpas, huertos de nopal y árboles frutales que se reflejaban en los canales limpios. Por las tardes, el vuelo de las garzas blanqueaba el cielo. Tlaltenco era un pulmón, un dique natural contra la mancha gris de la urbe.
Ese dique se rompió alrededor de 2014. Primero fue lento, casi imperceptible. Llegaban en pequeños grupos, con miradas evasivas y promesas de “solo ocupar un espacio”. Luego, la pandemia de 2020 fue la cortina de humo perfecta. Bajo el silencio obligado del encierro, se escuchó el rugido de las máquinas y el golpe incesante de los martillos. La tierra de conservación, esa que por ley es intocable, fue cercenada, parcelada y vendida al mejor postor.
El Mecanismo de la Usurpación
La mafia inmobiliaria como lavadora de dinero. Los terrenos invadidos en San Francisco Tlaltenco no solo se venden a familias que buscan vivienda, sino que también se usan para blanquear capitales del narcotráfico. Casas levantadas en semanas, pagadas en efectivo y sin hipoteca, funcionan como refugios de inversión ilícita.
El CJNG y el control estratégico. Tlaltenco no es casualidad: es un punto bisagra entre la Ciudad de México y el Estado de México, ideal para operaciones de trasiego y control territorial. La invasión inmobiliaria es en realidad una cortina de humo que cubre la expansión criminal.
El negocio es tan burdo como lucrativo. No son pobres familias buscando un techo. Es una maquinaria bien aceitada. Grupos como Atocha Campesina, el Frente Francisco Villa o el Sindicato Libertad, operan como la fachada “social”, organizando las invasiones y mediando en la venta ilegal de terrenos que no les pertenecen.
Pero detrás del paraguas, la tormenta es violenta. Testimonios señalan la mano del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Son ellos los que proveen el músculo, el control territorial a base de amenazas, cobro de piso y violencia letal. Disputas por el control de la venta de lotes han terminado en balaceras y asesinatos que manchan de sangre un suelo que debería ser sagrado.
El paisaje resultante es dantesco: donde antes había árboles, ahora se erizan varillas. Mercados improvisados de lámina surgen de la noche a la mañana. Transformadores de la CFE, instalados bajo la lógica perversa de normalizar lo ilegal, cablean la ilegalidad. Casas de tres niveles desmienten cualquier narrativa de “asentamiento marginal espontáneo”. Esto es urbanización planificada: un crimen perfecto contra el medio ambiente a la vista de todos.
La Autoridad Fantasma
Las autoridades, por supuesto, “actúan”. La Alcaldía de Tláhuac ha colocado sellos de clausura que son arrancados a las horas. Denuncias formales acumulan polvo en los escritorios. La omisión es tan cómplice como la acción.
Incluso ha llegado a distribuir pipas de agua potable a la zona ilegal, mientras se oficializa la nueva nomenclatura de calles para estas invasiones. La provisión de servicios básicos y la regularización de calles ilegales son un acto que normaliza la ocupación, legítima lo ilícito y entierra cualquier intento de rescate ecológico.
La comunidad, atrapada entre miedo y rabia, ha tenido que organizarse. Los ejidatarios han llevado la denuncia más allá de las instancias locales, buscando la mirada incómoda de organismos internacionales como la UNESCO, esperando que la presión global obligue a actuar a quienes el deber no motiva.
En San Francisco Tlaltenco se han identificado vestigios arqueológicos de importancia histórica, documentados en las relatorías de CONACULTA y la UNESCO, que reconocen la zona como Patrimonio Mundial. El daño a estos sitios implica la pérdida irreversible de elementos culturales y ambientales que datan de siglos.
Crónica de un Pueblo Fantasma
Al caer la noche, Tlaltenco se transforma. La vida comunitaria se extingue. Después de las diez, las calles se vacían. El toque de queda no escrito lo impone el miedo. El canto de los grillos es ahogado por las pisadas de grupos de vigilancia irregular, los mismos que controlan el territorio. El pueblo que era un refugio de vida natural es hoy un territorio sitiado, donde la memoria ecológica lucha por no ahogarse en el concreto y el silencio cómplice.
Esta es la narración de un despojo múltiple:
*Despojo de la tierra a sus legítimos dueños.
*Despojo del equilibrio ambiental a una ciudad sedienta.
*Despojo de la paz a una comunidad que ve cómo su futuro se vende por lotes en el mercado negro de la impunidad.
Línea de tiempo de la invasión (2014–2025)
| Año | Hechos clave |
| 2014 | Comienzan invasiones en el predio El Arco, en suelo de conservación. |
| 2015–2018 | Organizaciones campesinas presionan por cambio de uso de suelo; aumentan ventas ilegales de parcelas. |
| 2019 | Campesinos acuden a Claudia Sheinbaum, quien pide “no exponerse”; manifestación de ejidatarios en CDMX. |
| 2020–2021 | Pandemia; invasión se incrementa 200%; consolidación de CJNG, Atocha Campesina, Frente Francisco Villa y el Sindicato Libertad. |
| 2021–2022 | Surgen casas de tres niveles, mercados, escuela y clínica irregular; CFE instala transformadores; INE entrega credenciales. |
| 2023 | Cerca de 4 mil viviendas irregulares; denuncian destrucción de vestigios arqueológicos. |
| 2024 | Más de 120 hectáreas devastadas; sellos de clausura ignorados. |
| 2025 | Tlaltenco se declara “pueblo fantasma”; Alcaldía distribuye pipas de agua potable y el servicio de la recolección de basura, oficializa la nueva nomenclatura de calles; Los vecinos inician gestiones ante UNESCO. |
El grito que busca romper el cerco
La comunidad campesina insiste en que no se trata solo de una invasión local, sino de un crimen de Estado, donde convergen la permisividad oficial, la violencia de los cárteles y la avaricia de la mafia inmobiliaria.
La denuncia se prepara para llegar a la UNESCO y organismos internacionales, con la esperanza de que la presión externa obligue a las autoridades mexicanas a actuar.
La doble cara de la ocupación: la violencia del crimen organizado y la complicidad institucional que llega hasta la provisión de servicios básicos.
Con esta entrega, la memoria de Tlaltenco queda escrita como testimonio contra el silencio y la impunidad.




