De la Ficción a la Realidad
1 septiembre, 2025El Miedo como Sombra Cotidiana

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco
Ciudad de México, lunes 1 de septiembre. — Una llamada telefónica. Un mensaje anónimo. Basta eso, en estos tiempos, para transformar la tranquilidad en zozobra. El episodio del Deportivo “5 de Mayo”, este domingo 31 de agosto, no fue solo un incidente aislado; fue un síntoma de una condición social más amplia, donde el miedo se ha vuelto un instrumento sutil pero poderoso que modela comportamientos, redefine espacios y tensiona el delicado equilibrio entre seguridad y libertad.
A las 16:23 horas, mientras cientos de personas —familias, jóvenes, niños— disfrutaban de una tarde de deporte y esparcimiento, una voz al otro lado del teléfono logró lo que buscaba: alterar el orden, inyectar dudas y activar protocolos diseñados para lo peor. Lo que siguió fue una cadena de reacciones impecables desde el punto de vista técnico: la verificación de gas natural, el despliegue de “Los Zorros”, la revisión meticulosa. A las 17:58, la autoridad descartó cualquier riesgo. Solo había una mochila con objetos cotidianos. Nada explosivo, excepto el efecto de la noticia.
Pero lo relevante aquí trasciende la anécdota. reside en cómo un acto de comunicación malintencionado puede reconfigurar momentáneamente la realidad. El miedo, en sociedades contemporáneas expuestas a narrativas de violencia e incertidumbre, actúa como un interruptor emocional. No requiere de un artefacto real para detonar reacciones colectivas. Basta su sombra.
Este fenómeno no es fortuito. Vivimos en una era donde la percepción de riesgo suele estar desconectada de la probabilidad estadística real. La amenaza, aunque improbable, se vuelve psicológicamente dominante. Y en ese contexto, la autoridad —con sus protocolos y operativos— se convierte en un actor necesario, pero también en un recordatorio constante de que el peligro podría estar al acecho.
La paradoja es evidente: la misma presencia estatal que busca protegernos también puede normalizar un estado de alerta permanente. Cada operativo, cada revisión, cada alarma —aun siendo falsa— refuerza la idea de que el espacio público es un lugar que debe ser vigilado, controlado y ocasionalmente intervenido. Se genera así un ciclo donde la excepción amenaza con convertirse en regla.
El riesgo no es la respuesta institucional —necesaria y profesional en este caso—, sino la interiorización social de que la convivencia está sujeta a interrupciones abruptas por amenazas invisibles. Cuando la comunidad aprende a vivir suspendida entre la normalidad y el sobresalto, la confianza mutua se resquebraja. La sospecha se instala donde antes había encuentro casual; la desconfianza reemplaza la espontaneidad.
Tlatelolco, con su historia y su fuerte sentido comunitario, es un ejemplo de resiliencia. Pero también es un espejo de cómo el miedo puede ser manipulado para fracturar lo social. La falsa alarma del “5 de Mayo” no causó daños físicos, pero sí dejó una huella psicológica: recordó que hoy cualquier voz anónima tiene el poder de alterar el ritmo de la vida común.
En el fondo, este incidente invita a reflexionar sobre cómo construir seguridad sin sacrificar la confianza; cómo responder a amenazas sin ritualizar el temor. La mejor defensa contra la manipulación del miedo no es solo un operativo eficiente, sino una comunidad cohesionada, informada y consciente de que la realidad la construimos entre todos, no entre llamadas anónimas y protocolos de emergencia.
La ficción del miedo solo prevalece si permitimos que defina nuestra realidad. Frente a ella, la mejor respuesta es seguir nadando, jugando, y yendo al teatro. Como el domingo. Como siempre.



Lamentable que el miedo se apodere de las personas. Si a eso le sumamos la sorpresa y la inducción nos enfrentamos a un cóctel peligroso en nuestro día a día.