Tlatelolco contra el mito
4 septiembre, 2025Génesis y propósitos del proyecto Nonoalco Tlatelolco

Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, jueves 4 de septiembre de 2025.- La memoria no tiembla, pero nos hace temblar. A 40 años del sismo del 19 de septiembre de 1985, que fracturó la ciudad y la conciencia nacional, Tlatelolco vuelve a colocarse en el centro de la reflexión colectiva.
La Unidad Habitacional, emblema de la modernidad urbana de mediados del siglo XX, carga aún con los escombros simbólicos de aquel amanecer en ruinas, pero también con la tenacidad de quienes la volvieron a levantar.
El miércoles 27 de agosto, en el ex Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, dentro del Auditorio “Jesús Terán”, del Archivo Histórico Diplomático, el colectivo Tlatelover y el Acervo Diplomático inauguraron el ciclo de conferencias “A 40 del 85”.
La primera sesión llevó por título “Tlatelolco Habitacional, lo planeado y lo que es”. Allí, los cronistas Miguel Ángel Márez y Luis Arellano Mora repasaron la historia urbana y social de esta ciudad dentro de la ciudad; más tarde, Enrique Santos expuso “La reconstrucción ahora, para mantener la ciudad y Tlatelolco”.
La jornada fue solemne, pero también viva: no se habló sólo de edificios, sino de sueños, promesas incumplidas y memorias compartidas.

Tlatelolco como espejo
Las frases se fueron sucediendo con peso propio:
- “Tlatelolco no es solo un conjunto habitacional… es un espejo de México: de sus sueños de modernidad y de sus profundas contradicciones”.
- “En cada edificio habita una historia: la promesa de vivienda digna, la propaganda del Estado… y el mito que aún seguimos discutiendo”.
- “Hablar de Tlatelolco es hablar de un México que quiso construir una ciudad ideal… pero descubrió que no bastan los muros para resolver la desigualdad”.
Luis Arellano Mora subrayó con fuerza:
“Tlatelolco nos enseñó que la modernidad no siempre cumple sus promesas… y que detrás de cada mito urbano, está la verdad de una sociedad que lucha por dignidad”.
El auditorio guardó silencio cuando pronunció:
“Hoy, Tlatelolco sigue en pie. No solo como arquitectura… sino como recuerdo vivo de lo que México quiso ser y de lo que aún estamos por construir”.
Era, a la vez, una sentencia y un llamado.

Génesis de un proyecto
El relato regresó al inicio. Tras la Revolución Mexicana, la Constitución de 1917 consagró el derecho de los trabajadores a una vivienda digna. Sin embargo, durante décadas, las respuestas fueron parciales.
Entre 1930 y 1940 aparecieron las primeras experiencias de vivienda colectiva: Balbuena, La Vaquita, San Jacinto. Con el sexenio de Miguel Alemán Valdés, el problema de la habitación obrera se volvió prioridad. Surgieron los multifamiliares modernos: el Centro Urbano Presidente Alemán (1949), la Unidad Santa Fe (1957).
En este escenario, mencionó a Mario Pani, arquitecto de la modernidad mexicana, quien acuñó la idea de la supermanzana. Sus grandes proyectos —Presidente Alemán, Presidente Juárez y finalmente Nonoalco-Tlatelolco (1964)— buscaron más que edificios: pretendían crear comunidades autosuficientes con escuelas, comercios, áreas verdes y servicios públicos.
Tlatelolco fue la obra cúspide. Se erigió para borrar la “herradura de tugurios” alrededor del Centro Histórico y convertirse en símbolo de progreso. Pero en la práctica, la utopía se encontró con sus propios límites: el alto costo, la especulación y el desplazamiento de familias pobres a la periferia.

El mito y sus contradicciones
Tlatelolco nació bajo la sombra y el brillo del llamado milagro mexicano. Fue propaganda del Estado, laboratorio urbanístico, vitrina internacional de modernidad.
Pero con el tiempo se volvió también escenario de la desigualdad y la tragedia: la represión del 68, el sismo del 85, los rezagos y abandonos de la política habitacional.
Ahí está la paradoja: un proyecto que quiso ser símbolo de justicia social, pero que exhibió los límites del modelo desarrollista.
Un espacio pensado para integrar clases sociales distintas, que terminó reflejando las fracturas del país.

Testimonio vivo
En el auditorio, la voz bajó el ritmo. Se hicieron pausas, se miró a los presentes con complicidad:
“Hoy hablaremos de un mito urbano que marcó la historia de México: Tlatelolco”.
El público, compuesto por residentes, académicos y jóvenes interesados, asentía. Cada pausa parecía dejar caer una losa invisible, un eco de aquel 19 de septiembre de 1985.
La memoria colectiva se entrelazaba con la historia urbana. Los asistentes no solo escuchaban: revivían.
Es resistencia, es memoria
Cuarenta años después del terremoto, Tlatelolco no es ruina ni simple testimonio. Es resistencia, es memoria, es una pregunta abierta:
¿Qué ciudad queremos construir?
¿Qué legado dejamos a quienes vendrán?
Nonoalco Tlatelolco fue mucho más que un Conjunto Habitacional. Fue un proyecto político, social y arquitectónico que condensó los ideales del México posrevolucionario.
Hoy, al recordar su génesis y sus propósitos, entendemos que en sus muros persiste la lección más difícil: la modernidad sin justicia social siempre acaba convertida en mito.


