El Zócalo se llena para escuchar parte de la Transformación
5 octubre, 2025
*** Un domingo en que el pueblo llenó la plaza para escuchar a su Presidenta

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, domingo 5 de octubre de 2025.- Bajo un cielo despejado de domingo, el corazón de México volvió a latir al unísono. La Plaza de la Constitución, testigo mudo de siglos de historia, se vistió de pueblo y esperanza para recibir a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en el evento “La Transformación Avanza”.
Desde temprano, las calles aledañas comenzaron a cerrarse. Un río de personas, llegadas desde las alcaldías y los rincones más diversos del país, fluyó hacia el Zócalo. Había banderas tricolores y rostros sonrientes, pancartas improvisadas, sombreros alzados al cielo. El olor a elotes, café y tamales se mezclaba con el bullicio de la música popular. No era un mitin político; era una celebración cívica. Una cita con la historia.
11:00 horas en punto. El balcón central del Palacio Nacional se iluminó. La Presidenta, vestida con un traje guinda, apareció sonriente, saludando con ambas manos. Una ovación poderosa recorrió la plaza como un relámpago. “¡Buenos días, Zócalo de México!”, exclamó. Y en ese saludo sencillo, el país entero pareció responder.

La escena tenía algo de épico y de cotidiano: un mar de rostros mirando hacia arriba, niños ondeando banderines, adultos mayores levantando el puño, jóvenes grabando el momento con sus celulares. Era la postal de una nación que escucha, que cuestiona, que celebra y espera.
El discurso de Sheinbaum Pardo fue una bitácora de gobierno, un parte de lo logrado y lo pendiente. No hubo promesas vacías ni tono triunfalista. Habló de “logros colectivos” y “retos que aún duelen”: la seguridad, la pobreza, la justicia social. Nombró los programas que ya son emblema del movimiento —las pensiones, las becas, los apoyos a las mujeres—, y recordó la apuesta por la soberanía energética, la ciencia y la tecnología. Cada mención era celebrada con aplausos y coros espontáneos:
“¡Sí se pudo! ¡Sí se puede!”
Y, sin embargo, el momento más poderoso fue un silencio. Una pausa breve en la que la Presidenta miró hacia la multitud, respiró profundo y sonrió. Allí, sin palabras, la escena cobró sentido: una líder que se sabe acompañada, un pueblo que se reconoce en su gobierno, una plaza que, por un instante, condensó el espíritu de un país en movimiento.

A las 12:30 horas, el Himno Nacional marcó el cierre. La multitud, en vez de dispersarse, permaneció en la plancha, como queriendo retener ese instante de comunión. Los globos tricolores flotaban en el aire, los vendedores de nieve recorrían los pasillos, y entre la gente se oían frases de orgullo y de fe en el porvenir.
Porque hoy, el Zócalo no fue solo el escenario de un informe. Fue el espejo de una transformación que sigue latiendo en las calles, en los hogares, en la memoria colectiva.
La frase que dio nombre al acto —La Transformación Avanza— no quedó suspendida en los altavoces. Se volvió promesa y pulso, aire y certeza.
Y en ese aire que aún vibra sobre la plancha capitalina, parece escucharse un eco antiguo, profundo, que viene desde Tlatelolco, desde cada esquina donde el pueblo ha resistido:
“No hay marcha atrás cuando la esperanza camina”.


