El lodo, la ira y el peso de un cargo
21 octubre, 2025
*** El río y la mentira “ligera”: la exigencia de renuncia a Rocío Nahle

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco
Ciudad de México, martes 21 de octubre de 2025.- Poza Rica, Veracruz, quedó sumergida bajo el agua. Gran parte de su infraestructura colapsó y miles de familias perdieron todo. En medio del desastre, la labor del Grupo de Rescate “Los Topos Azteca”, con el apoyo y coordinación del Centro de Acopio de Tlatelolco, fue crucial para atender la emergencia y llevar auxilio a la población.
Los Topos recorrieron calles anegadas y viviendas destruidas en busca de sobrevivientes. Su presencia —reconocida por décadas en las tragedias de México— volvió a recordar que donde el Estado no alcanza, la sociedad civil aún sostiene la esperanza.
Las inundaciones provocadas por el desbordamiento del río Cazones dejaron una herida profunda en el norte de Veracruz. Medios nacionales han señalado que se trató de un “desastre anunciado”, resultado de la falta de mantenimiento en el muro de contención, la omisión del Atlas de Riesgos y la carencia de alertas oportunas para la población.
El olor a lodo y pérdida domina hoy las calles de Poza Rica. No huele a puerto ni a progreso, sino al hedor de la negligencia que, según los pobladores, se desbordó junto con el río.
A menos de un año de haber asumido el cargo, la gobernadora Rocío Nahle García enfrenta no solo una crisis humanitaria sin precedentes, sino el clamor social de un pueblo que exige su renuncia.
El jueves 9 y viernes 10 de octubre, las llamadas “lluvias severas” se convirtieron en una tormenta marrón que arrasó con barrios enteros. Las cifras oficiales, dosificadas con cautela, contrastan con el drama cotidiano de quienes aún buscan a sus familiares desaparecidos.
La indignación creció cuando la gobernadora calificó el desbordamiento del Cazones como “ligeramente” fuera de control. En un contexto de muerte, lodo y pérdida, la palabra se sintió como una ofensa.
A ello se sumaron las críticas por la supuesta cancelación del seguro catastrófico estatal, y una respuesta que muchos calificaron como insensible cuando Nahle declaró que “no es un tema de dinero”. La población, que lo ha perdido todo menos la dignidad, responde con organización.
Bajo la consigna “El pueblo pone y el pueblo quita”, colectivos ciudadanos convocan a una megamarcha el 24 de octubre, en demanda de transparencia, rendición de cuentas y respeto al dolor de las víctimas.

Solidaridad desde Tlatelolco
Desde la Ciudad de México, el Centro de Acopio de Tlatelolco ha extendido su mano solidaria. Entre víveres, medicinas y manos voluntarias, la comunidad tlatelolca demuestra que la empatía no se inunda. Vecinos, estudiantes y colectivos lograron enviar toneladas de apoyo a Veracruz, en coordinación con el Grupo de Rescatista “Los Topos Azteca”, para llegar a las zonas más afectadas de Poza Rica.
En esta labor, los ciudadanos recibieron el respaldo de la Alcaldía Cuauhtémoc, que facilitó el espacio y logística para el resguardo y traslado de los donativos. La colaboración institucional permitió que el puente humanitario entre Tlatelolco y Veracruz se mantuviera firme en medio del desastre.
> “De la tragedia nace la solidaridad”.
Esa consigna, escrita con lodo y esfuerzo, late hoy entre los edificios de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco y las calles devastadas del Golfo.
¿Debe la Gobernadora Dejar el Cargo?
La actuación de Rocío Nahle durante la emergencia ha sido calificada por sus críticos como tardía, negligente y deshumanizada. Si bien su gobierno declaró zona de desastre y desplegó fuerzas federales, sus palabras minimizaron la tragedia y rompieron la confianza ciudadana.
En el terreno político, la pregunta no es si el evento fue natural, sino si la tragedia fue política.
Cuando el dolor de un pueblo se califica como “ligero”, el liderazgo se evapora. La exigencia de renuncia no es un trámite legal, sino una sentencia moral.
En un Veracruz herido por el agua y por la soberbia, la dimisión aparece como el único acto de decencia posible. La gobernadora está sola frente al río, el lodo y la conciencia de su pueblo. Porque hay tormentas que no bajan del cielo, sino de la indolencia. Y Poza Rica ya se cansó de esperar que alguien responda.
