Un viaje espiritual y cultura, dentro de la Catedral Metropolitana
29 octubre, 2025
*** Reliquias y Criptas, a la luz del “Día de Muertos”
*** De la Ofrenda de cempasúchil a las Astillas de la Verdadera Cruz
*** Una inmersión en la esperanza eterna de México

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, miércoles 28 de octubre de 2025.- La Catedral Metropolitana, corazón de piedra y fe de la capital mexicana, abrió sus entrañas en vísperas del “Día de Muertos” para compartir con el público un recorrido excepcional: una travesía espiritual y artística que une los mundos del más allá y del presente, donde la tradición mexicana dialoga con la herencia cristiana en un mismo altar de esperanza.
A la luz del crepúsculo, cuando los vitrales aún filtraban el último resplandor del día, los visitantes ingresaron al recinto más antiguo y emblemático de la fe católica en América.
Durante una hora y media, el alma de la Catedral se reveló a través de tres espacios sagrados: la Ofrenda Monumental, la Capilla de Reliquias y la Cripta de Arzobispos. Tres estaciones que, más que recorridos, fueron meditaciones sobre la vida, la muerte y la trascendencia.

El Punto de Partida: La Ofrenda y la Memoria
El viaje comenzó frente a la Ofrenda Monumental, donde el color encendido del cempasúchil se fundía con el aroma a copal y las luces titilantes de las veladoras.
No era un altar más: era un puente entre lo divino y lo cotidiano, entre los fieles y sus ausentes.
A diferencia de otras ofrendas urbanas, la de la Catedral sintetiza siglos de sincretismo: en ella, las imágenes de santos y vírgenes conviven con calaveras, papel picado y retratos de los difuntos.
El visitante se encuentra con la representación viva del dogma de la Comunión de los Santos, ese lazo invisible que, según la fe católica, une a vivos y muertos bajo una misma oración.
El Corazón de la Fe: Las Reliquias
Del color y el perfume pasamos al silencio.
Una puerta discreta se abre y revela la Capilla de Reliquias, un santuario dentro del santuario, donde se custodian más de doscientas reliquias de santos y beatos, llegadas desde Roma en 1698.
Pequeñas urnas, fragmentos óseos y tejidos finos sellados con lacres rojos se ordenan en vitrinas con precisión casi celestial.
Pero entre todas, resplandece una: las Astillas de la Verdadera Cruz, fragmentos de la madera donde, según la tradición, fue crucificado Cristo.
Contemplarlas es mirar la historia en su punto más luminoso: el momento en que, para los creyentes, la muerte fue vencida.
El silencio reverente que envuelve el lugar no es de museo, sino de misterio.
Aquí, la fe se vuelve tangible; la historia, palpable.
El Descenso: La Cripta de los Arzobispos
El último tramo del recorrido conduce hacia lo profundo: un descenso al subsuelo, bajo el majestuoso Altar de los Reyes. Allí, en mármol y penumbra, se abre la Cripta de Arzobispos.
El aire se torna frío, solemne.
Entre lápidas y placas doradas descansan los pastores de la Arquidiócesis Primada, desde Fray Juan de Zumárraga, el primer obispo de México, hasta los más recientes sucesores.
Cada nombre grabado en piedra es una página del libro espiritual del país.
El visitante no solo contempla tumbas: se enfrenta al eco de una historia que ha moldeado la vida religiosa, política y cultural de México durante casi cinco siglos.
La Esperanza Venciendo al Tiempo
El mensaje final del recorrido se resume en una frase que resuena entre los muros:
“En Cristo, la muerte ha sido vencida, y se nos abre la esperanza de la resurrección”.
El Día de Muertos, dentro de la Catedral, deja de ser una costumbre popular para convertirse en un acto de comunión universal: un diálogo entre las flores del cempasúchil y las reliquias de los santos, entre la memoria y la eternidad.
La experiencia permanecerá abierta al público hasta el viernes 7 de noviembre, en horario de 18:00 a 20:00 horas.
Un viaje íntimo y sagrado por las entrañas de la Catedral que, más que visita, es una revelación: la vida y la muerte son solo estaciones de un mismo viaje hacia la luz.


