Columna Política / De la Ficción a la Realidad
1 febrero, 2026
Inseguridad, Abandono y la Ausencia de Estado
Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, lunes 2 de febrero de 2026.- Nos quieren acostumbrar a vivir con miedo, entre la inseguridad, la violencia y el abandono. Lo más grave de este escenario no es solo el deterioro visible, sino que las autoridades —tanto del Gobierno Central como de la Alcaldía Cuauhtémoc— no solo no dan soluciones, sino que parecen haber normalizado el problema. La situación ya no es un fenómeno aislado: es una avalancha social que nadie quiere enfrentar de fondo.
A medida que el reloj avanza hacia la inauguración del Mundial de Futbol, el discurso oficial se satura de palabras huecas: “proyección internacional”, “orden urbano”, “seguridad total”. Pero a ras de suelo, en la vida diaria de Tlatelolco, esas palabras no se traducen en bienestar ni tranquilidad. Se traducen en omisiones, en parches temporales y en una peligrosa simulación.
Personas en Situación de Calle
En Nonoalco Tlatelolco, la realidad es cruda y palpable. La presencia de personas en situación de calle se multiplica sin que exista una estrategia clara de contención o asistencia social. Hoy, pasillos, andadores, accesos a edificios, jardines y espacios abiertos se han convertido en dormitorios improvisados y zonas sin ley.
El problema dejó de ser únicamente un tema de asistencia social para convertirse en un factor permanente de inseguridad, deterioro urbano y tensión vecinal.
No hay control, no hay seguimiento y, mucho menos, resultados. Aquí nadie habla de soluciones estructurales o de derechos humanos integrales; lo que se observa es una administración del caos. Vemos desplazamientos improvisados, rondines policiacos que no resuelven nada y una política no escrita de “muévanse de aquí”, que lo único que logra es trasladar el conflicto de una calle a otra, desgastando el tejido social de nuestra unidad.
Las responsabilidades están claramente definidas en el papel, pero convenientemente diluidas en la práctica. El Gobierno Central, a través de sus instancias de atención social, posee la rectoría y el presupuesto para atender el tema. La Alcaldía Cuauhtémoc funge (o debería fungir) como el brazo de apoyo operativo inmediato. Sin embargo, en los hechos, ambos niveles de gobierno juegan al “ping-pong” con la responsabilidad, mientras la crisis crece.
Y crece no solo en Tlatelolco, sino en las 33 colonias de la alcaldía. Los vecinos lo ven todos los días, no desde la comodidad de un escritorio burocrático, sino desde la puerta de sus hogares. La falta de acciones reales ha detonado consecuencias tangibles:
* Conatos de incendio en áreas comunes.
* Consumo de estupefacientes a cielo abierto.
* Hechos de violencia y riñas constantes.
El discurso oficial minimiza estas alertas, pero la realidad desborda cualquier boletín de prensa.
El Mundial y las personas en situación de calle
La cercanía del Mundial 2026 ha encendido las alarmas vecinales. No porque se espere una solución milagrosa, sino porque existe el temor fundado de que se aplique una estrategia cosmética.
La historia nos ha enseñado a desconfiar: limpiar las zonas visibles para las cámaras, desplazar a las personas vulnerables hacia las periferias y esconder la pobreza bajo la alfombra mientras duren los reflectores internacionales. Se teme que la prioridad sea la imagen hacia el exterior y no la seguridad de los habitantes.
Tlatelolco se rehúsa a ser escenario de simulación o laboratorio de ocurrencias temporales. No necesitamos que “escondan” el problema para el turista; necesitamos que lo resuelvan para el residente.
Turismo internacional y abandono institucional
Tlatelolco exige políticas públicas serias, permanentes y medibles. Exige una coordinación real entre dependencias, donde se deje de politizar la desgracia ajena y se empiece a operar con eficacia. Queremos que el gobierno gobierne y deje de improvisar.
El Mundial pasará. Los turistas regresarán a sus países. Las cámaras de televisión se apagarán. Pero la inseguridad, el abandono y la ausencia de Estado seguirán ahí, latentes y agravadas, si hoy se opta por la comodidad de no hacer nada.
Ignorar esta crisis ya no es una falla administrativa; es una decisión política.
