Entre adoquines y preguntas 

Entre adoquines y preguntas 

28 febrero, 2026 0 Por Staff Redaccion

*** La explanada como ágora

*** Vecinos exigen claridad en la ,”Ruta, Tlatelolco mi Amor”

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV

Ciudad de México, sábado 28 de febrero de 2026.- La tarde cayó sobre la Segunda Sección de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco con ese aire frío que baja desde los edificios y se enreda en los andadores. A las 18:00 horas, la explanada de la Escuela Secundaria 16 “Pedro Díaz” volvió a convertirse en plaza pública: vecinos de Lerdo a Eje Central acudieron a la Asamblea Informativa del Programa “Ruta Tlatelolco mi Amor”.

No era una reunión protocolaria. Era una conversación urgente sobre pisos levantados, techumbres anegadas, gárgolas saturadas de hojas y pasillos oscuros que, por décadas, han sido el pulso peatonal de la vida tlatelolca.

Los techos que también se caminan

Una vecina tomó el micrófono y habló de impermeabilización con la claridad de quien ha visto filtrarse el agua año tras año: “Todos los techos de los andadores necesitan bajadas correctas; cuando llueve se encharcan. Si arriba no sirve, abajo tampoco”.

La queja no era estética: era estructural. Denunció tubos “carcomidos” por el tiempo y por el orín de los perros, postes dejados “a pelo”, gárgolas convertidas en recipientes de hojas. No pidió milagros, pidió técnica y uniformidad: tratamiento integral, bases de concreto, sellado adecuado.

La respuesta oficial fue concreta en cifras: 30 millones de pesos como inversión inicial. El criterio, explicaron, fue intervenir andadores principales para conectar secciones y mejorar las condiciones generales de tránsito. Donde se rehabilitan plafones —dijeron— se impermeabiliza; donde hay estructuras expuestas, se colocan cubos de concreto para reforzar y mitigar riesgos.

Pero la pregunta quedó suspendida en el aire como una gotera persistente: ¿alcanza?

Pasillos sí, pasillos no

Otro vecino, del edificio Santo Degollado, cuestionó la selección de los tramos intervenidos. Entre el Santo Degollado y el Juárez —recordó— hay un pasillo oscuro, abandonado, por donde también transita gente. “¿Cuál fue el criterio?”, insistió.

La inquietud no era capricho: era memoria urbana. Tlatelolco, construido con vertientes para desalojar el agua y materiales pensados para resistir, enfrenta hoy una nueva carga: motocicletas pesadas, carritos de reparto con decenas de garrafones, tránsito intensivo no previsto en los años sesenta.

La autoridad respondió que los trabajos se acotan a la sustitución de pavimentos existentes; no hay intervención de suelo o subsuelo. Se emplea concreto con resistencia F’c 200, capaz —aseguraron— de soportar ese tipo de vehículos.

La comunidad, con la experiencia de 60 años sobre el mismo suelo, advirtió: si no se evalúa la carga real y el desgaste cotidiano, el trabajo puede lucir nuevo hoy y fracturado en seis meses. La preocupación no es retórica: es técnica y financiera. Nadie quiere que el recurso público se diluya como agua mal encauzada.

Adoquín, permeabilidad y promesas

En la Asamblea se defendió el regreso al adoquín permeable, frente al cemento que, según se explicó, provocaba encharcamientos y accidentes. Se habló de mecánica de suelos, de absorción pluvial, de trabajos “profesionales” que nivelan superficies y reducen riesgos.

Se mencionó la intervención desde Guerrero hasta más allá del Metro, los trabajos en andadores del ISSSTE, las raíces que levantan piezas y amenazan a adultos mayores. Una vecina pidió considerar 78 metros adicionales donde el adoquín ya se levanta peligrosamente.

La respuesta fue técnica y administrativa: al concluir el contrato de obra pública se entregará un manual de mantenimiento a corto plazo; se especificará cómo limpiar gárgolas, cómo desazolvar desagües, qué materiales son compatibles para conservar la homogeneidad química y estética.

Habrá, dijeron, rehabilitación e impermeabilización de salidas de desagüe. En algunos techos se colocará una estructura superior de lámina para evitar que el agua impacte directamente el concreto original y se canalice hacia los laterales.

Es decir: se intervendrá sin alterar el diseño de origen.

La corresponsabilidad en disputa

Una tensión atravesó la reunión: ¿a quién corresponde el mantenimiento cotidiano? Algunos vecinos señalaron la ausencia visible de la Alcaldía en labores preventivas. Se pidió coordinación interinstitucional real, no sólo presencia eventual.

Desde el Gobierno Central se llamó también a la participación vecinal en tareas de limpieza y conservación. La corresponsabilidad apareció como palabra clave, pero también como frontera delicada: el espacio público no puede depender exclusivamente de la buena voluntad ciudadana, pero tampoco sobrevive sin ella.

Tlatelolco, laboratorio de confianza

Ruta Tlatelolco mi Amor” continúa su agenda de asambleas en distintas secciones. La intención declarada es transparentar procesos y recoger inquietudes. En la explanada quedó claro que la comunidad no es pasiva: pregunta, cuestiona, compara, recuerda.

Tlatelolco no es un conjunto anónimo de edificios; es una memoria colectiva construida sobre concreto, adoquín y cicatrices. Cada piso levantado habla de abandono; cada reparación, de esperanza.

La rehabilitación de andadores no es sólo obra pública: es una prueba de confianza. Si el material resiste, si las gárgolas fluyen, si los pasillos oscuros se iluminan, el programa habrá ganado algo más que metros cuadrados renovados: habrá recuperado credibilidad.

Porque en Tlatelolco, el suelo no se pisa sin historia. Y cada vecino sabe —con la autoridad de seis décadas— cuándo una obra está hecha para durar y cuándo sólo para inaugurar.