La memoria que duele y la palabra que exige

La memoria que duele y la palabra que exige

19 marzo, 2026 0 Por Staff Redaccion

*** La ciudadanía ha marcado el camino

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV

Ciudad de México, viernes 20 de marzo de 2026.- En Tlatelolco, la memoria no es archivo: es cicatriz. Cada reunión vecinal convoca no sólo diagnósticos técnicos, sino los fantasmas del 85, los desalojos, la reconstrucción que marcó generaciones enteras.

La tarde del viernes 13 de marzo, en el área de juegos del edificio Michoacán, la comunidad volvió a reunirse. Bajo un cielo que parecía contener la respiración, Zazil Carreras Ángeles, enlace del Proyecto “Ruta Tlatelolco mi Amor”, abrió la Asamblea Informativa para abordar la situación de 27 edificios con vulnerabilidad estructural.

Pero lo que ahí emergió fue algo más profundo: una ciudadanía que ya no está dispuesta a callar.

El diagnóstico estructural… y el vacío de información

El proyecto avanza —dicen las autoridades— entre estudios, levantamientos y revisiones técnicas. Sin embargo, para muchos vecinos, entre octubre y febrero lo único que avanzó fue la incertidumbre.

El silencio institucional también construye grietas.

Una vecina lo resumió con precisión dolorosa: “sin información, entramos en un vacío”. Y ese vacío, en Tlatelolco, no es abstracto: es miedo concreto, es historia viva.

Inti Muñoz: memoria urbana y responsabilidad política

Cuando tomó la palabra el secretario de Vivienda, Inti Muñoz, habló desde la experiencia del movimiento urbano popular. Recordó que la reconstrucción de Tlatelolco no fue concesión gubernamental, sino conquista organizada.

Reconoció el temor colectivo:

no es paranoia, es memoria.

No estamos hablando de desalojos”, dijo. Pero el eco de esa palabra —desalojo— retumbó en cada intervención vecinal.

Tomás Pliego: la promesa de informar

El secretario de Atención y Participación Ciudadana, Tomás Pliego Calvo, ofreció un calendario: asambleas semanales, presencia constante, información periódica.

Prometió algo que en Tlatelolco vale más que cualquier diagnóstico:

acompañamiento permanente.

Pero la comunidad —curtida en promesas incumplidas— escucha con reserva.

Las voces que sostienen la ciudad

La asamblea se convirtió en un espacio de verdad. Las preguntas no fueron cómodas; fueron necesarias.

Una vecina del edificio José María Arteaga tomó el micrófono y puso sobre la mesa una de las tensiones más delicadas del proceso:

> “Cuando se recabaron firmas, no importaba si éramos propietarios, inquilinos o poseedores. Todos participamos. Pero si en un futuro hay desalojos o apoyos, pedimos que sea igual: que no se excluya a nadie. Porque muchos inquilinos y poseedores sostienen la vida del edificio, cumplen, participan, aportan. Que no se les deje fuera cuando llegue el momento decisivo”.

La petición no es menor. Es una advertencia ética:

la participación no puede ser selectiva cuando conviene al Estado y excluyente cuando se trata de derechos.

Claridad o incertidumbre: las fases bajo la lupa

Otra intervención, directa, sin rodeos, apuntó al corazón técnico del proyecto:

> “Es mejor decir la verdad. No todos los edificios tendrán intervención estructural. Necesitamos claridad en las fases, en los estudios, en los tiempos. Saber cómo se llaman, qué implican, en qué etapa estamos. Porque llevamos desde 2017 en esto y seguimos sin certezas”.

La exigencia es técnica, pero también política:

nombrar las fases es reconocer la realidad.

El suelo que no es el mismo… ni los edificios tampoco

Las voces especializadas también emergieron. Desde el edificio Chihuahua, se cuestionó la generalización de diagnósticos:

> “El suelo de Tlatelolco no es uniforme. Los edificios están divididos en módulos. Entonces, cuando dicen que un edificio está dañado, ¿hablan de todo o de una parte? Porque en el módulo sur se nos dijo que estaba bien estructuralmente. ¿A quién le creemos?”

La pregunta revela una fisura técnica:

la precisión del diagnóstico frente a la complejidad del territorio.

Presupuesto, firmas y desconfianza

Otra inquietud atraviesa la asamblea: el dinero.

Si existe un presupuesto asignado —como se ha informado— ¿por qué se piden censos, firmas, listas de beneficiarios para cubrir estudios?

¿Está realmente garantizado el recurso?

La duda no es contable. Es política:

la desconfianza nace cuando el discurso institucional no coincide con la práctica en campo.

La propuesta ciudadana: ordenar el caos informativo

Entre las múltiples intervenciones, surgió una propuesta concreta, casi técnica en su sencillez:

> “Hacer una matriz por edificio: etapas, porcentajes de avance, lo que falta. Para que todos sepamos dónde estamos parados”.

Una matriz:

un instrumento simple frente a un problema complejo.

Una herramienta de transparencia que podría transformar la relación entre gobierno y comunidad.

El tiempo de la ciudadanía

La última intervención vecinal se registró a las 20:46 horas.

Lo que debía durar media hora se convirtió en más de dos horas de diálogo, reclamo, memoria y exigencia.

Nadie se fue.

Porque cuando el Estado finalmente escucha —aunque sea parcialmente— la ciudadanía no suelta la palabra.

Tlatelolco no olvida, no se rinde

Tlatelolco es más que concreto: es conciencia urbana.

Aquí, la participación ciudadana no es discurso institucional, es resistencia histórica. Cada vecino que toma el micrófono no sólo pregunta: interpela, exige, recuerda.

Las autoridades han llegado. Han hablado. Han prometido.

Pero la comunidad ha dejado claro algo fundamental:

No basta con estar.

Hay que informar.

No basta con intervenir.

Hay que incluir.

Porque en Tlatelolco, cada decisión técnica es también una decisión humana.

Y si algo quedó claro esa noche es esto:

la reconstrucción no será sólo de edificios… será, o no será, de la confianza.

Propuesta ciudadana

En medio de la intensidad del diálogo, entre cifras imprecisas y memorias que no se apagan, la ciudadanía de Tlatelolco no sólo cuestionó: propuso.

De manera puntual, surgió la necesidad de construir una matriz informativa por edificio, un instrumento transparente que permita a cada vecina y vecino conocer con precisión en qué etapa se encuentra su inmueble, qué estudios se han realizado, cuáles están pendientes y qué porcentaje de avance registra cada intervención.

No es una exigencia menor.

Es la base mínima para restituir la confianza.

A esta propuesta se suma una demanda constante: información clara, continua y sin vacíos. No más silencios entre fases. No más incertidumbre entre visitas técnicas. La comunidad exige saber, entender y participar.

Porque en Tlatelolco, la participación no es decorativa.

Es estructural.

Asimismo, quedó sobre la mesa un principio fundamental: la inclusión. Si para recabar firmas no se distinguió entre propietarios, inquilinos o poseedores, los apoyos y las decisiones tampoco deben hacerlo. La vida comunitaria se sostiene en la corresponsabilidad cotidiana, no sólo en la titularidad legal.

Reconstruir la confianza de una comunidad

Lo vivido en la Asamblea Informativa del 13 de marzo no fue un acto protocolario.

Fue un punto de inflexión.

Tlatelolco habló con la autoridad, pero también con su propia historia. Recordó lo que ha sido, lo que ha perdido y lo que no está dispuesto a volver a perder.

El Proyecto “Ruta Tlatelolco mi Amor” enfrenta un desafío mayor que cualquier cálculo estructural:

reconstruir la confianza de una comunidad que ha aprendido a desconfiar.

Las autoridades han dado un paso al presentarse, al escuchar, al abrir el diálogo. Pero en Tlatelolco eso no basta. Aquí, la legitimidad no se obtiene con حضور institucional, sino con resultados, con claridad y con respeto a la inteligencia colectiva de sus habitantes.

La ciudadanía ha marcado el camino:

información transparente, participación real e inclusión sin excepciones.

Porque si algo quedó claro esa noche es que en Tlatelolco no sólo se están revisando edificios.

Se está definiendo el futuro de una comunidad que, a pesar de todo, sigue de pie y exige ser parte de su propia reconstrucción.

Tlatelolco ha dejado claro que la legitimidad de las autoridades no se gana con su sola presencia, sino con la honestidad de sus datos y la firmeza de su coordinación interinstitucional. Si el Gobierno Central y la Alcaldía Cuauhtémoc no logran tender puentes, la “Ruta Tlatelolco mi Amor” será recordada como otro intento fallido de reparar lo que el tiempo y la desidia han roto.

La reconstrucción de los edificios es urgente, pero la reconstrucción de la confianza es, hoy por hoy, el cimiento que todavía falta por colar.