Garantiza IECM autenticidad del voto
12 abril, 2026
*** La tinta que resguarda la voluntad ciudadana
Por redacción de Con Tlatelolco TV Ciudad de México, domingo 12 de abril de 2026.-En una ciudad donde la desconfianza ha aprendido a convivir con la democracia, hay gestos pequeños que buscan restaurar la certeza. Uno de ellos, casi invisible pero decisivo, es la marca en el pulgar: una huella morada que no sólo tiñe la piel, sino que pretende blindar la voluntad ciudadana.
El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) dio un paso más en esa batalla silenciosa al supervisar la producción del líquido indeleble que será utilizado en la Elección de las Comisiones de Participación Comunitaria (COPACO) 2026 y en la Consulta de Presupuesto Participativo 2026 y 2027. No es un acto menor: es la materialización de una promesa básica de la democracia, esa que insiste en que cada voz cuente una sola vez.

El respaldo científico en la democracia cotidiana
Lejos de improvisaciones, la fabricación del líquido indeleble recayó en manos del conocimiento: la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. Desde sus laboratorios, donde la ciencia suele parecer distante de la vida pública, emergió este compuesto que hoy se convierte en herramienta cívica.
No se trata únicamente de tinta. Es una fórmula pensada para resistir intentos de borrado, para permanecer visible, para desafiar el descuido o la mala intención. Su secado en apenas 15 segundos y su resistencia a solventes comunes son, en esencia, un escudo técnico frente a la tentación del doble voto.

Tres mil aplicadores, miles de decisiones
Tres mil aplicadores —cada uno capaz de marcar hasta 750 pulgares— serán desplegados en estos ejercicios de participación. La cifra parece fría, pero detrás de cada aplicación hay una historia: una vecina que decide el destino de su colonia, un adulto mayor que acude con esperanza, un joven que vota por primera vez.
El gesto es sencillo: el pulgar derecho se tiñe de morado. Pero en ese instante se consuma algo más profundo: la afirmación de que la participación ciudadana no es simulación, sino un acto que debe protegerse con rigor.

Entre la confianza y la vigilancia
En tiempos donde la sospecha suele anteceder a la confianza, el IECM apuesta por reforzar los mecanismos que garanticen la autenticidad del voto. La permanencia del líquido durante al menos 12 horas no sólo evita duplicidades; también envía un mensaje claro: el proceso está vigilado, la voluntad no se negocia.
Sin embargo, la tinta no lo es todo. La verdadera garantía sigue siendo la ciudadanía misma: su vigilancia, su memoria, su capacidad de exigir transparencia más allá del protocolo.

El destino final de la tinta
Incluso después de cumplir su función, el líquido indeleble no queda al azar. El remanente será tratado como residuo químico especializado, desactivado y confinado bajo normas ambientales estrictas. No habrá reciclaje indebido ni posibilidad de reutilización.
En ese detalle final se revela otra capa de responsabilidad institucional: la democracia también se cuida en lo que sobra, en lo que se desecha, en lo que no debe volver a usarse.

La marca que permanece
Al final del día, cuando la jornada concluya y las casillas se vacíen, quedarán los pulgares teñidos. Algunos intentarán borrarlo con agua, jabón o paciencia; otros lo mirarán como un símbolo efímero de participación.
Pero más allá de su duración en la piel, la verdadera marca debería permanecer en la conciencia colectiva: la certeza —todavía frágil, todavía en construcción— de que cada voto cuenta, una sola vez, y que su autenticidad no depende únicamente de la tinta, sino de la integridad de todo un sistema que aún busca ganarse la confianza de su gente.

