La intemperie como paisaje cotidiano
22 abril, 2026
*** Personas en situación de calle en la colonia Guerrero, Tlatelolco y San Simón
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, miércoles 22 de abril de 2026.- La ciudad, que alguna vez prometió cobijo en sus muros de concreto, hoy expone sus grietas más profundas en las banquetas de la colonia Guerrero, en los andadores de Tlatelolco y en las esquinas de San Simón. Ahí, donde la prisa de los transeúntes intenta esquivar la mirada, la realidad insiste: cuerpos envueltos en cobijas raídas, rostros marcados por el abandono, historias suspendidas en el tiempo.
La presencia de personas en situación de calle ya no es episódica ni invisible. Es constante, creciente, y sobre todo, incómoda para una ciudad que no ha logrado reconciliar su discurso de derechos con la urgencia de la seguridad y la convivencia.
La voz vecinal: entre el miedo y la impotencia
En ese contexto, la participación del coordinador Territorial Tlatelolco, Irving López, en la sesión semanal de la “Mesa de Construcción de Paz y Seguridad” adquiere un peso particular. No se trata de una intervención más, sino del eco de una comunidad que se siente rebasada.
“Pude expresar ante autoridades del Gobierno de la Ciudad de México la creciente preocupación e incertidumbre que vivimos los vecinos frente al incremento descontrolado de personas en situación de calle, así como la falta de actuación cuando se cometen faltas administrativas o delitos”, señaló.
Sus palabras no son aisladas. En los edificios, en los chats vecinales, en las conversaciones a media voz, se repite el mismo sentimiento: vulnerabilidad. La percepción de que el orden se diluye y que la autoridad llega tarde, o simplemente no llega.

El laberinto institucional
La problemática no es sencilla ni admite soluciones lineales. En teoría, el entramado institucional está definido: la Secretaría de Seguridad Ciudadana como primer respondiente; la Fiscalía en caso de delitos; los Juzgados Cívicos ante faltas administrativas; y la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social encargada de la atención social.
Pero en la práctica, esa cadena se fragmenta. La coordinación se vuelve difusa, los protocolos se diluyen y la responsabilidad parece diluirse entre oficinas. Mientras tanto, la calle —esa instancia final— sigue siendo el escenario donde todo ocurre sin mediación efectiva.
Derechos en tensión
El dilema es tan humano como político: ¿cómo equilibrar el respeto a los derechos de las personas en situación de calle con el derecho de los vecinos a vivir en condiciones de seguridad y tranquilidad?
“Los derechos de unos no pueden estar por encima de los de otros”, expresó el coordinador. La frase, lejos de ser una consigna, revela una tensión estructural. Porque detrás de cada persona en situación de calle hay una historia de exclusión, pero también, en muchos casos, dinámicas que derivan en conflictos, consumo de sustancias o conductas que alteran el entorno.
La ciudad se enfrenta así a una encrucijada ética: atender sin criminalizar, pero también intervenir sin omitir.
La ciudad que observa… y calla
En la Guerrero, en Tlatelolco, en San Simón, la escena se repite cada noche. Fogatas improvisadas, carritos cargados de vida entera, miradas que han aprendido a no esperar nada. Y alrededor, una comunidad que oscila entre la solidaridad y el hartazgo.
No es sólo una crisis social; es también una crisis de gestión pública y de voluntad política. Porque lo que hoy se percibe como “incremento descontrolado” es, en realidad, la acumulación de años de abandono institucional.
La urgencia de lo humano
La calle no debería ser destino. Pero hoy lo es para muchos. Y mientras las mesas de seguridad discuten, mientras los protocolos se revisan, la vida sigue ocurriendo en el asfalto.
La pregunta no es si la ciudad puede resolverlo, sino cuándo decidirá hacerlo de manera integral. Porque cada día que pasa, la distancia entre la política pública y la realidad se ensancha.
Y en ese espacio, crece —silenciosa pero firme— la intemperie humana.

