Adiós, Matías López
20 junio, 2025*** El muerto que nadie quería ver

Con Tlatelolco, Ciudad de México, viernes 20 de junio. – La madrugada escupió su nombre con la asepsia de un parte burocrático: “Ha fallecido el adulto mayor Matías López López”. No hubo campanas ni plañideras en el Hospital General “Dr. Vicente Leñero”. Solo el silbido del viento cortando los pasillos vacíos a la 1:35 a. m., mientras Tlatelolco dormía de espaldas.
Matías, 78 años, cicatrices que mapeaban abandonos, existió entre nosotros como un espectro de concreto. Sus pasos arrastrados eran el metrónomo de una indiferencia colectiva. Lo vimos —todos lo vimos— encorvado contra la frialdad de los pasillos del edificio “Ignacio Ramírez”, por último, sobre la tierra del bajo Puente de Piedra. Hombre-sombra. Hombre-estatua del desamparo.
**LA BUROCRACIA DEL ÓBITO**
Trabajo Social dictó la sentencia con tono de fax: nombre, hora, causa pendiente de llenar. Sin familia que reclamara el cuerpo. Sin vecinos que preguntaran por el viejo de la mirada apagada que ya no estaba en su rincón. Las autoridades, expertas en llegar con uñas post mórtem, archivaron su agonía en carpetas verdes. “Se intentó”, dirán los informes. Pero los intentos llegaron cuando Matías ya era un esqueleto caminante, cuando la dignidad era una moneda demasiado gastada para él.
**EL TEATRO DE LA COMPASIÓN TARDÍA**
Vinieron con estetoscopios y formularios cuando la muerte olió cerca. Le ofrecieron una cama de hospital donde expirar decentemente, como si un colchón de acero pudiera compensar décadas de aceras heladas. Fue el guión obligado: el pobre que muere con asistencia técnica, rodeado de batas blancas que anotaron su estertor en expedientes, nunca en memorias.

**Tlatelolco: MIRADA DE PIEDRA**
Los residentes —esos espectadores de ventana— siguen hojeando sus vidas sobre la tragedia ajena. Compartieron migajas, sí; saludos mecánicos, también. Pero nadie alteró el orden del desprecio. Nadie exigió que Matías López fuera tratado como persona y no como un “caso social”. Su muerte es el eco de una pregunta incómoda: ¿Cuántos Matías se pudren hoy en sus esquinas sin que suscite más que un suspiro?
**EL SILENCIO QUE DENUNCIA**
No hubo sirenas. No habrá misas ni coronas. Solo queda el vacío geométrico donde Matías apoyaba su espalda rota. En esa ausencia, Tlatelolco delata su hipocresía: llora héroes de bronce pero ignora a los mártires de carne que mueren en sus umbrales. Su silencio es cómplice. El silencio de las autoridades, criminal.
**QUE SU NOMBRE ARDA**
Matías López López ya no es un número. Es un espejo roto que refleja nuestra podredumbre colectiva. Que su alma descanse, sí, pero que su memoria “escueza” en la conciencia adormecida de esta ciudad. Que cada baldosa fría de Tlatelolco grite su nombre. Que cada funcionario que firma un oficio con mano liviana sienta el peso de su mirada extinguida.
Hoy, mientras la urbe se viste de rutina, una vela imaginaria consume la indiferencia. Descanse en paz, Matías. Nosotros no descansaremos. Su olvido será nuestra batalla.
Esta crónica no informa: acusa. Convierte la muerte anónima en un acto de resistencia literaria contra la deshumanización sistémica.



Qué fácil es recargar la culpa de todo a los TLATELOLCAS, deslindan sus responsabilidades las autoridades que sólo tienen elementos policiales para estar sentados sin hacer nada más que perder el tiempo en el celular y chacoteando. La historia de los residentes es otra, tratando de sobrevivir ante tanta invasión entre personas en situación de calle, inmigrantes y ladrones. Y todos sólo buscan vender un artículo 🤔🤔🤔
da escalofrío ver tal cual es y seguira siendo, la muerte de un ser, dirían los que detestan a estos seres en desgracia…un indigente, la fría indiferencia y cruel desprecio hacia ellos formó un grupo, comandado por una troglodita dura y acusadora…oficiales en tal lugar masculino o femenina en calidad de calle, retirenla..y regaña a quien les de un taco o un lienzo contra el frío, gracias al escritor que nos conmueve a descubrir el frío y triste fin como frio es el piso y triste es la supervivencia infrahumana de ellos..los menospreciados