Miguel Ángel Márez: A 40 años del sismo del 85
1 septiembre, 2025La otra reconstrucción de Tlatelolco

Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, martes 2 de septiembre de 2025. El pasado miércoles 27, en el ex Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, en el Auditorio “Jesús Terán”, del Archivo Histórico Diplomático, se inauguró el ciclo de conferencias “A 40 del 85. La otra reconstrucción”. El colectivo Tlatelover y el Acervo Diplomático convocaron a reflexionar sobre el terremoto que marcó a México y, de manera indeleble, a la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.
En la primera sesión, titulada “Tlatelolco Habitacional, lo planeado y lo que es”, los cronistas Miguel Ángel Márez y Luis Arellano repasaron la historia urbana y social de esta ciudad dentro de la ciudad. Más tarde, Enrique Santos habló de los retos de hoy bajo el título “La reconstrucción ahora, para mantener la ciudad y Tlatelolco”.
La herida que no cierra
Miguel Ángel Márez Tapia, doctor en Antropología Social y docente del INBAL, abrió con una frase contundente:
> “Con el terremoto de 1985, en Tlatelolco ocurrió un cisma social del que, cuatro décadas después, quienes lo habitamos aún no hemos terminado de reponernos; en muchos sentidos, sigue siendo una herida abierta”.
El recuerdo más doloroso: la caída de dos módulos del edificio Nuevo León, que sepultaron oficialmente a casi 500 personas, aunque los tlatelolcas insisten que fueron muchas más. Amigos, vecinos, familias enteras quedaron bajo los escombros.
En los relatos de quienes crecieron aquí, hay un eco nostálgico por los años previos al desastre: los pisos blancos de la Plaza de las Tres Culturas, los jardines podados con esmero, los mosaicos venecianos de los muros, la postal modernista que Armando Salas Portugal convirtió en emblema internacional del México próspero de los años sesenta. La utopía de López Mateos —que pretendió llamar a la unidad “Conjunto Urbano Adolfo López Mateos”— siempre fue, simplemente, Tlatelolco.
El corte de caja
El sismo sorprendió a la Unidad en un país distinto al que la vio nacer. En 1964, el PIB crecía a 6.7%. En 1985, México ya transitaba por la crisis económica y el desmantelamiento del Estado benefactor.
El 19 de septiembre fue algo más que un cataclismo natural: fue un corte de caja. Se llevó vidas, pero también fracturó un tejido comunitario. De las 12 mil familias que habitaban Tlatelolco, casi 5 mil huyeron, dejando departamentos vacíos que pronto habitaron rostros nuevos. El miedo, el estigma de riesgo y la ruptura de la vida cotidiana marcaron un antes y un después.
Los edificios reconstruidos quedaron con “camisas de fuerza” de cemento; los huecos de las demoliciones se transformaron en cicatrices abiertas. Más grave aún: la cohesión vecinal, trabajada durante dos décadas, se desmoronó.

“Los cuadros” y el tejido social
En la memoria de los tlatelolcas, “los cuadros” eran el corazón de la vida comunitaria: ahí se jugaba, se compartía, se forjaba identidad. Pero tras el sismo, esos espacios fueron ocupados por campamentos de trabajadores, aulas provisionales y comercios improvisados. La convivencia se interrumpió y, con ella, el sentido de pertenencia.
Hoy, muchos de esos cuadros son espacios solitarios o inseguros. “Si no tienes ahí amigos, grupos, vida comunitaria, se convierten en islas desiertas”, comentó uno de los conferencistas.
El envejecimiento del territorio
La investigadora Georgina Cárdenas descubrió que el envejecimiento en Tlatelolco no es sólo de edificios: también de su población. Los adultos mayores superan aquí la media nacional. La pregunta inevitable: ¿qué ciudad se está construyendo para ellos, para nosotros?
Autoadministración y luchas vecinales
El relato histórico recordó otro factor de fractura: la liquidación del fideicomiso de Tlatelolco en los años setenta, que transformó a los residentes de usufructuarios colectivos en propietarios aislados. La comunidad organizada de los setenta, que había conquistado espacios de gestión propia e incluso una Subdelegación política, se enfrentó en los ochenta a un panorama distinto: propietarios concentrados en sus departamentos, no en lo común.
Tras el sismo, la lucha vecinal conquistó el Programa de Reconstrucción en Nonoalco Tlatelolco (PRENT), único en su tipo en el entonces Distrito Federal. La presión ciudadana logró que se respetaran seguros habitacionales, aunque las obras quedaron a medio camino con la llegada de Carlos Salinas a la presidencia.
Con el tiempo, la desaparición de la Subdelegación territorial entregó la administración de áreas verdes y deportivas a la Delegación Cuauhtémoc. Espacios que antes eran de encuentro comunitario hoy son frecuentados, sobre todo, por vecinos de colonias aledañas.
Una reconstrucción inconclusa
Para los antiguos y nuevos habitantes de este lugar —territorio donde resistió Cuauhtémoc en la conquista y donde fueron masacrados estudiantes en 1968—, la reconstrucción no terminó nunca. Cuarenta años después del sismo, persiste como tarea pendiente.
Miguel Ángel Márez lo resumió con un llamado sencillo, pero profundo:
> “Hagamos comunidad. Esa es una tarea por delante”.



se sigue llamando Conjunto Habitacional Adolfo López Mateos Nonoalco Tlatelolco el contrato de compra venta así lo dice