De la Ficción a la Realidad
30 noviembre, 2025Tlatelolco: el abandono que ya huele a gobierno
Con Tlatelolco TV /Nacho Arellano
Ciudad de México, lunes 1 de diciembre de 2025. En Tlatelolco el abandono dejó de ser una sombra: es hoy un sistema operativo del gobierno. No es casualidad, no es saturación ni falta de informes: es una decisión política.
Una omisión que mata lento, que pudre el espacio público, que expulsa a los más vulnerables y que siembra basura donde antes había comunidad.
Mientras las autoridades se reparten discursos, conferencias y giras, en la calle —la verdadera calle— familias enteras sobreviven a la intemperie, niñas y niños duermen entre cartones, migrantes improvisan casas con lonas, adultos mayores vagan con cobijas remendadas, y la Unidad Habitacional más emblemática del país se hunde en un deterioro que ya nadie intenta ocultar.
Las instituciones responsables —Sibiso, Derechos Humanos, la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Dirección de Limpieza de la Alcaldía Cuauhtémoc y los Ministerios Públicos— saben exactamente lo que ocurre y dónde ocurre, pero se comportan como si no fuera su problema, como si el sufrimiento no emitiera olor, ni frío, ni gritos.
La geografía del olvido
Las autoridades conocen los puntos, porque ahí mismo pasan sus patrullas, sus camionetas, sus brigadas, sus inspectores.
Conocen las fogatas nocturnas, los colchones húmedos, las familias que se cubren del viento con plásticos negros.
Saben quiénes viven ahí, saben que hay menores… pero deciden no mirar.
Los asentamientos permanentes se repiten como un mapa del abandono institucional:
*Glorieta de Cuitláhuac.
*Jardín Santiago.
*Centro de Bombeo III.
*Eje Central y: Avenida Ricardo Flores Magón.
*Jardín “La Pera”.
*Edificio Molino del Rey y la zona “Puma”.
*Entre los edificios Guillermo Prieto, Ezequiel A. Chávez, Ignacio Zaragoza, Riva Palacio e Ignacio Ramírez.
*El Ágora.
*Explanada del Metro.
*El ex Cine Tlatelolco.
*Puentes peatonales.
*Puente Rojo.
*Entre el edificio Guadalupe Victoria y la Torre Banobras.
Son los mismos lugares donde se han levantado reportes, donde vecinos han llamado, donde organizaciones han exigido intervención.
Nada cambia.
Nada mejora.
El día y la noche avanzan sobre la misma escena.

Ni protección ni limpieza: un estado ausente
La crisis humana se suma al deterioro urbano, que desde los años de Ricardo Monreal, en la Alcaldía Cuauhtémoc comenzó a hundirse, y hoy vive su peor momento.
El servicio de recolección de basura se desplomó. Y lo que tenemos ahora es simple: un servicio de limpieza pésimo.
El abandono urbano ya se volvió paisaje:
Pepenadores a cualquier hora.
Muebles tirados que nadie recoge: sillones, colchones, camas, pantallas.
Jardines usados como vertederos.
Residuos sólidos acumulados durante semanas.
Invasión de basureros improvisados que crecen entre edificios.
Las cuadrillas pasan solo a medias, barren lo que entra en la fotografía institucional, rodean a la miseria como si fuera una escultura.
Pero no intervienen.
No resolvieron nada.
No han entendido que la basura no es basura: es un síntoma.
Y que detrás de cada colchón abandonado hay una historia que el Estado decidió ignorar.

Las denuncias que nadie toca
Las quejas se presentan ante Derechos Humanos.
Los reportes se dejan en la SSC.
Las alertas se entregan en Sibiso.
Las denuncias se archivan en los Ministerios Públicos.
Y la Alcaldía Cuauhtémoc acumula oficios… que nunca responde.
La omisión es tan profunda que ya es estructural.
Las instituciones operan como si el deterioro fuera culpa del clima, como si la gente en situación de calle hubiera caído del cielo, como si la suciedad se generara sola.
En realidad, lo que hay es una cadena de negligencias perfectamente consciente.
Gobernar es mirar, y aquí el gobierno ya no mira
Tlatelolco vive una crisis visible desde cualquier esquina, pero invisible para quienes deberían resolverla.
No se trata solo de basura, ni de carencias sociales, ni de infraestructura.
Es una corrosión del Estado.
Una renuncia a gobernar.
La autoridad ha dejado claro su mensaje silencioso:
Mientras no estorbes políticamente, puedes vivir donde sea;
Mientras no representes un riesgo electoral, puedes dormir en un parque;
Mientras no seas nota roja, puedes criar a tus hijos en un jardín convertido en tiradero.
Hay niñas, niños y familias enteras creciendo entre basura.
Hay migrantes que duermen en el viento.
Hay adultos mayores que ya se volvieron parte del mobiliario urbano.
Y hay autoridades que sólo aparecen para la foto institucional.
Tlatelolco sigue en pie, a pesar del gobierno
Los vecinos resisten.
Documentan.
Denuncian.
Gritan.
Pero la administración pública responde con silencio, con indiferencia…
o con la mentira más antigua de todas: “Estamos revisando el caso”.
No están revisando nada.
La Unidad Habitacional Tlatelolco no está abandonada por falta de recursos:
está abandonada por falta de gobierno.
Y aquí, en estos andadores y calles, entre estos edificios, ante la mirada de familias que sobreviven como pueden, la ausencia de las instituciones se convirtió en un acto de crueldad política.
