Tlatelolco exige respeto

Tlatelolco exige respeto

18 marzo, 2026 1 Por Staff Redaccion

*** Voces de una asamblea que terminó en desencuentro

*** Vecinos cuestionan la falta de diálogo tras el incidente entre autoridades durante la Asamblea de “Ruta Tlatelolco mi Amor”

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez  /  Con Tlatelolco TV

Ciudad de México, martes 17 de marzo de 2026.- La noche del viernes 13 de marzo no terminó con el silencio habitual de los andadores de la Tercera Sección, de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.

Terminó con murmullos, con mensajes encendidos en los teléfonos de los vecinos, con preguntas que se multiplicaban entre edificios y andadores.

La Asamblea Informativa del Proyecto “Ruta Tlatelolco mi Amor”, realizada en el cuadro del edificio Michoacán, dejó algo más que anuncios oficiales: dejó una comunidad inquieta, dividida y, sobre todo, inconforme con lo ocurrido entre el secretario de Atención y Participación Ciudadana, Tomás Pliego Calvo, y el coordinador territorial de Tlatelolco, Irving Osvaldo López Velázquez, a quien no se le permitió hacer uso de la palabra.

Lo que sucedió después de la asamblea se convirtió en una conversación colectiva que recorrió chats vecinales, pasillos y jardines.

Porque en Tlatelolco —históricamente— el silencio nunca ha sido costumbre.

Una asamblea que dejó preguntas

Para algunos residentes, el encuentro parecía más un acto político que un espacio de información pública.

Ciertamente, pareciera que son asambleas de propaganda política”, escribió uno de los vecinos horas después del evento.

La frase resume el sentimiento de una parte de la comunidad que observa con cautela los proyectos impulsados desde el Gobierno central. No porque se opongan a la inversión en la Unidad Habitacional —muchos llevan años exigiendo— sino porque demandan algo elemental: diálogo.

La molestia creció cuando, durante la reunión, el coordinador territorial Irving López Velázquez intentó intervenir y no le fue concedido el uso del micrófono.

Para varios asistentes, ese momento simbolizó algo más profundo que un simple desacuerdo protocolario.

Simbolizó una fractura institucional.

La escena que tensó la noche

Testigos de la asamblea relataron que el coordinador territorial se mantuvo durante buena parte del encuentro esperando su turno para participar.

Ante la mirada de los residentes presentes, el momento de tensión llegó al final del evento, cuando el funcionario intentó intervenir y no le fue permitido.

Yo vi a Irving en todo momento respetuoso de la Asamblea, esperando a que le dieran la palabra. Si le apagan el micrófono tiene que alzar la voz para ser escuchado”, comentó una residente.

El gesto fue interpretado por varios asistentes como una falta de respeto institucional.

En una Unidad Habitacional donde la vida pública se ha construido durante décadas a partir de la organización vecinal, impedir la palabra en una Asamblea pública no pasa desapercibido.

Vecinos divididos: crítica y defensa

Las reacciones no tardaron en multiplicarse.

Mientras algunos vecinos denunciaron un acto de autoritarismo, otros defendieron la necesidad de permitir que los proyectos del gobierno avancen sin confrontaciones.

Ya por favor, déjense de victimismo. Nada les parece”, escribió un residente en uno de los chats comunitarios.

La respuesta no tardó en llegar.

Criticar cómo se hace algo no es oponerse a que se haga. Pedir coordinación entre instituciones tampoco es poner el pie”, respondió otra vecina.

La discusión reveló algo que no es nuevo en Tlatelolco: la pluralidad de opiniones que conviven en un mismo territorio.

Pero también evidenció una preocupación compartida.

La falta de coordinación entre autoridades.

El problema de fondo: coordinación institucional

Varios residentes señalaron que el verdadero conflicto no es el proyecto en sí, sino la forma en que se está ejecutando.

La preocupación principal gira en torno a la relación entre el Gobierno de la Ciudad y la Alcaldía Cuauhtémoc.

Cuando cada quien trabaja por su lado, lo que se generan son duplicidades, conflictos y escenas innecesarias como la que vimos”, escribió una vecina.

La pregunta quedó flotando en el ambiente:

¿Para qué convocar a una asamblea si no existe disposición real para escuchar?

Una comunidad que exige soluciones

Entre los comentarios vecinales también aparecieron preocupaciones muy concretas.

Basura.

Falta de iluminación.

Robos recientes en zonas oscuras.

Acaba de pasar un robo con violencia por estar en plena oscuridad”, denunció un vecino.

Paradójicamente, durante la misma asamblea se había hablado de la importancia de la iluminación para prevenir delitos.

Entre más iluminado, menos robos”, recordó otro residente citando palabras del propio funcionario.

Por eso muchos vecinos repiten hoy una frase sencilla pero contundente:

Soluciones, no discursos”.

Tlatelolco no es botín político

Entre los mensajes que circularon después del encuentro, uno se repitió con insistencia:

Tlatelolco no es un botín político”.

La frase no es nueva.

Forma parte del lenguaje histórico de esta comunidad.

Aquí, donde la memoria urbana pesa tanto como el concreto de sus edificios, cualquier intento de politización excesiva suele generar resistencia.

Los residentes lo dijeron con claridad:

No se oponen a la inversión pública.

No rechazan los proyectos de mejora.

Lo que exigen es respeto, información clara y participación real.

El antecedente: cuando el diálogo sí se abrió

Cabe recordar que la presencia del ex coordinador territorial de Tlatelolco, Agustín Dany, marcó las primeras Asambleas Informativas del Proyecto “Ruta Tlatelolco mi Amor”, en la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.

Aquellas primeras reuniones comenzaron a delinear un espacio de diálogo entre autoridades y vecinos, particularmente en el encuentro realizado en la explanada del Metro Tlatelolco.

A las 12:09 horas de aquel sábado 16 de agosto de 2025, durante el desarrollo de la asamblea, Zazil Carreras Ángeles, coordinadora general del proyecto y enlace de la Jefa de Gobierno Clara Brugada Molina, destacó la importancia de sumar a personas con conocimiento del territorio y de la vida comunitaria de la unidad habitacional.

Ante los asistentes, Carreras Ángeles presentó públicamente a quien acompañaría los procesos de diálogo con los vecinos:

Pero creo que es importante presentarlo desde aquí a nuestro compañero Agustín Dany, que él viene de la Coordinación Territorial para acompañarlas, también, en todos estos procesos”.

La presencia de Agustín Dany en aquellas primeras asambleas fue interpretada por varios residentes como un elemento relevante para la interlocución con la comunidad.

Su experiencia previa como coordinador territorial le permitió conocer de cerca la dinámica social, las demandas históricas y las problemáticas cotidianas que enfrentan los habitantes de Tlatelolco.

En un espacio donde la memoria comunitaria y la participación ciudadana tienen un peso significativo, contar con perfiles que conocen el territorio se convirtió en un punto de referencia para muchos vecinos.

De esa manera, aquellas primeras asambleas marcaron el inicio del diálogo en torno al proyecto, evidenciando la importancia de la interlocución territorial en un Conjunto Habitacional donde la organización vecinal ha sido, históricamente, uno de los pilares de su vida comunitaria.

La memoria de Tlatelolco

Hay algo que las autoridades a veces olvidan cuando pisan esta Unidad Habitacional.

Tlatelolco tiene memoria.

Memoria de organización vecinal.

Memoria de debates intensos.

Memoria de ciudadanos que no aceptan fácilmente decisiones impuestas.

Por eso, lo ocurrido el 13 de marzo no es un episodio menor.

Es una advertencia.

Una señal de que cualquier proyecto para este territorio debe construirse con diálogo auténtico y coordinación institucional.

Porque aquí, más allá de ideologías o colores partidistas, los vecinos siguen defendiendo algo que consideran irrenunciable:

El derecho a ser escuchados.