¿Por qué retiraron sin aviso las luminarias del Ágora?

¿Por qué retiraron sin aviso las luminarias del Ágora?

27 marzo, 2026 1 Por Staff Redaccion

*** La luz que nació de los vecinos

Redacción / Con Tlatelolco TV 

Ciudad de México, viernes 27 de marzo de 2026.-

No fue el gobierno.
No fue un programa institucional.
No fue un acto administrativo.

La luz del Ágora nació de las manos de los vecinos.

Fue el colectivo “Bazar Ágora Tlatelolco II” quien encendió, cable a cable, la posibilidad de habitar la noche sin miedo. La iluminación no solo alumbró un espacio: devolvió la vida, permitió que niñas, niños, adultos mayores y familias enteras se apropiaran de un lugar que durante años vivió en el abandono.

Ahí, donde antes había sombras, comenzó a existir comunidad.

El día que apagaron todo

Pero la luz, como tantas cosas en Tlatelolco, no estaba garantizada.

Sin previo aviso, sin diálogo, sin coordinación, el programa “Ruta, Tlatelolco mi Amor” decidió intervenir. Desconectaron las luces de colores. Retiraron cable. Se llevaron la fotocelda. También los reflectores de un poste.

Todo, irónicamente, donado por la propia comunidad.

El territorial no sabía. Nadie avisó. Nadie explicó.

Y cuando los vecinos preguntaron, la respuesta no fue coordinación, sino cuestionamiento: ¿Por qué se iluminó ese espacio? ¿Desde cuándo?

Como si la organización vecinal necesitara permiso para existir.

Lo que duele no es solo la oscuridad

¿Dónde están nuestras luminarias?”

La pregunta no es técnica.
Es política.
Es comunitaria.

Porque lo que se retiró no fue solo infraestructura:
fue el resultado de la organización colectiva.

Qué barbaridad, tan bonito que se veía con todas sus luces”, dice Paty Gándara, como quien recuerda algo que ya le arrebataron.
El Ágora lo hemos disfrutado vecin@s de las tres secciones. Ojalá repongan todo y lo dejen como estaba, o mejor”.

La respuesta institucional aún no llega.
Pero la advertencia sí:

Porque si no… vaya que tendrán un problema fuerte con toda la comunidad Tlatelolca”.

22:20 horas: la noche vuelve a imponerse

La crónica no termina con el retiro.

A las 22:20 horas, la oscuridad vuelve a escribir su propia historia:

—“Otra vez Ágora completamente a obscuras”.
—“No hay luz”.
—“Nooo”.

Las voces digitales sustituyen el murmullo presencial.
El espacio queda vacío.

—“Por trabajo no podemos acudir este fin… pero hoy no tuvo luz”.
—“Hasta las 10 de la noche no hubo”.
—“Chequen no vaya a ser que se esté encendiendo tan tarde”.
—“Ahorita iba a tomar foto y ya tenía”.

La luz aparece… pero tarde.
Intermitente.
Incierta.

Y en ese intervalo —entre la oscuridad y el encendido tardío—
vive el miedo.

Porque el Ágora sin luz no es el mismo Ágora.
Es otro lugar.
Uno donde estar solo y sin luz pesa distinto.

La descoordinación como norma

Lo ocurrido no es un hecho aislado.
Es síntoma.

Cuando un programa con presupuesto interviene sin coordinación, no solo rompe cables:
rompe confianza.

Cuando la autoridad pregunta “por qué” en lugar de sumar, no administra:
desarticula comunidad.

Y cuando se actúa sin aviso, lo que se apaga no es una luminaria:
es el vínculo entre gobierno y ciudadanía.

La pregunta que no se apaga

La comunidad espera.
Observa.
Se organiza.

Porque si algo ha demostrado Tlatelolco es que la luz puede volver a construirse desde abajo.

Pero la pregunta sigue encendida, como una lámpara que se niega a apagarse:

¿Hasta cuándo se va a privilegiar la descoordinación sobre el trabajo conjunto?


El Ágora hoy oscila entre la sombra y la luz.
Pero su verdadera energía no está en los cables retirados,
sino en quienes, aún en la oscuridad,
siguen defendiendo el derecho a habitar su propio espacio.