El latido de una casa que no se apaga
19 abril, 2026*** Fe que trasciende y hace historia
*** Una misa, 36 años y un mismo latido: el hogar que no suelta a sus niñas

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, domingo 19 de abril de 2026.- No fue sólo una misa. Fue una pausa en el tiempo para mirar de frente lo construido, lo que duele y lo que aún falta.
Entre rezos, miradas húmedas y silencios compartidos, la Casa Hogar de las Niñas de Tláhuac cumplió 36 años. Treinta y seis vueltas al calendario sosteniendo algo más que paredes: sosteniendo infancias.
Ahí, donde la fe se pronuncia en voz baja y la esperanza se reconstruye todos los días, la comunidad volvió a reunirse. No para recordar únicamente, sino para reafirmar que este hogar sigue en pie… a pesar de todo.
Una historia que comenzó con casi nada
El empresario y fundador, Alejandro Durán Raña, lo dijo sin rodeos: al principio no había nada.
Ni aulas sólidas, ni patios vivos, ni espacios cálidos.
Sólo un terreno, láminas que en invierno congelaban y en verano ardían, y un grupo inicial de 19 niñas.
Primero fueron los dormitorios.
Después, la capilla donde hoy se eleva la misa.
Más tarde, los salones, los espacios de aprendizaje, la estructura que hoy parece firme pero que nació desde la precariedad.
Cada ladrillo, cada mejora, cada rincón, ha sido resultado de una suma silenciosa de voluntades.
Cuidar mientras afuera se abandona
Pero la celebración no puede ocultar la contradicción.
Dentro, se tejen vínculos, se ofrecen alimentos, educación, atención psicológica, estabilidad emocional.
Fuera, persisten las condiciones que obligan a que estos espacios existan.
Niñas entre 6 y 12 años —hijas de madres solteras, en abandono parcial, en vulnerabilidad— encuentran aquí lo que el sistema no ha garantizado.
La Casa Hogar no sólo alberga.
Repara. Contiene. Enseña.
Y aun así, su existencia es también una denuncia.
Porque la infancia vulnerada no es casualidad: es una deuda estructural que se arrastra y se normaliza.
La fe no basta si no se convierte en compromiso
La misa del pasado 17 de abril no fue un acto aislado.
Fue un recordatorio.
La fe, si se queda en rito, no se transforma.
Necesita convertirse en responsabilidad colectiva.
Celebrar 36 años debería incomodar tanto como enorgullecer.
Debería interpelar a las instituciones, exigir políticas públicas sostenidas, presupuestos reales, seguimiento constante.
Porque una casa hogar no debería cargar sola con lo que le corresponde a toda una sociedad.
Crecer con límites, cuidar con dignidad
Hoy, la Casa Hogar atiende a decenas de niñas.
Podrían ser muchas más.
La lista de espera crece. Las necesidades también.
“Podríamos tener ochenta”, se escucha entre reflexiones.
Pero la decisión es clara: no crecer sin garantizar calidad.
Porque aquí no se trata de números.
Se trata de vidas.
El proyecto continúa: nuevas habitaciones, mejoras pendientes, sueños que aún no se concretan. Todo depende, en gran medida, de los donativos, de la solidaridad, de quienes entienden que sostener este espacio es también una forma de justicia.
Treinta y seis años después: resistir, sostener, insistir
La Casa Hogar de las Niñas de Tláhuac no está terminada.
Ni en su infraestructura, ni en su misión.
Pero sigue.
Sigue resistiendo el abandono estructural.
Sigue sosteniendo lo que otros dejaron caer.
Sigue nombrando, una por una, a las niñas que llegan con historias rotas y se van con herramientas para rehacerlas.
Treinta y seis años después, esta casa no sólo existe.
Late.
Y en ese latido, también insiste.

