El latido invisible de la prevención
5 mayo, 2026*** Cómo incluir a perros y gatos en simulacros:
En situaciones de emergencia en casa

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, martes 5 de mayo de 2026.- A las once en punto, el sonido de la alerta no distingue entre humanos y animales. Vibra igual en las paredes que en el pecho de quienes habitan el hogar… y también en el de quienes no entienden el porqué del sobresalto: los perros que ladran sin tregua, los gatos que buscan refugio bajo la cama, los ojos abiertos como lunas pequeñas en medio de la incertidumbre.
En México, donde siete de cada diez hogares conviven con un animal de compañía, la cultura de la prevención no puede seguir siendo exclusivamente humana. Incluirlos en los simulacros no es un gesto accesorio: es una responsabilidad ética, doméstica y profundamente afectiva.
Cuando la emergencia también tiene cuatro patas
Este miércoles 6 de mayo, a las 11:00 horas, el Primer Simulacro Nacional 2026 convoca a millones de personas a ensayar la respuesta ante desastres. Pero en muchas casas, el guion sigue incompleto.
Porque mientras los humanos repasan rutas de evacuación, los animales reaccionan al instinto: corren, se esconden, tiemblan. El caos, para ellos, no es una posibilidad futura, sino una experiencia inmediata.
Especialistas del Hospital Veterinario UNAM-Banfield lo advierten con claridad: los animales de compañía forman parte activa del núcleo familiar y deben ser considerados en toda estrategia de protección civil. No hacerlo implica dejarlos a merced del miedo.
El miedo también se entrena
Un simulacro no solo mide tiempos de salida o protocolos; también permite que los animales se familiaricen con movimientos, sonidos y rutinas inusuales. Es un ensayo emocional.
Un perro que reconoce la correa como señal de resguardo, un gato que acepta la transportadora sin resistencia… son pequeñas victorias que, en una emergencia real, pueden significar la diferencia entre la seguridad y la pérdida.
Porque en medio del desconcierto, la calma no se improvisa: se construye.

Preparar la vida, no solo la salida
La prevención se guarda en detalles concretos:
un collar con placa actualizada,
una transportadora lista,
una mochila de emergencia que no olvide que ellos también sienten, también necesitan, también dependen.
En esa mochila caben más que objetos:
el carnet de vacunación,
los medicamentos,
el alimento,
el agua,
y ese juguete gastado que, en medio del ruido, puede ser un ancla emocional.
También, una fotografía: evidencia silenciosa de un vínculo que, en caso de extravío, necesita ser probado para reencontrarse.
Después del simulacro: el silencio que habla
Cuando todo termina y la calma regresa, hay señales que no deben ignorarse. Un animal alterado, retraído o excesivamente inquieto está comunicando lo que no puede decir con palabras.
La recomendación es clara: observar, acompañar y, si es necesario, acudir al médico veterinario. El estrés también deja huella en ellos.
Incluso herramientas como las feromonas pueden ayudar a restablecer la tranquilidad, recordándonos que el bienestar animal no termina cuando cesa la alarma.
Una cultura que también abraza
Incluir a perros y gatos en los simulacros es, en el fondo, una forma de ampliar la idea de comunidad. No se trata solo de proteger vidas humanas, sino de reconocer que compartimos el hogar con seres que dependen de nuestras decisiones.
La prevención, entonces, deja de ser un protocolo frío para convertirse en un acto de cuidado.
Porque en cada evacuación bien ensayada, en cada gesto anticipado, en cada mano que sostiene una correa o una transportadora… se escribe una historia distinta:
una donde nadie se queda atrás.

