La tormenta que volvió río a la Unidad Habitacional
12 mayo, 2026*** Tlatelolco: lluvias exhiben abandono urbano

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, martes 12 de mayo de 2026.- Por la tarde del martes 12 de mayo, la lluvia cayó sobre la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco con una fuerza desbordada, como si el cielo hubiera decidido vaciar de golpe toda su tristeza sobre el concreto cansado de la ciudad. Los andadores se transformaron en ríos oscuros; los estacionamientos, en lagunas improvisadas; y los vecinos, una vez más, en brigadas espontáneas de auxilio, cubetas en mano, tratando de contener el agua que avanzaba sin pedir permiso.
Desde los edificios Presidente Juárez, Chihuahua, Ignacio Ramírez, Ramón Corona, Yucatán y Francisco Zarco comenzaron a multiplicarse los mensajes de emergencia. Las luminarias se encendieron en plena tarde lluviosa sobre Presidente Juárez y Ezequiel A. Chávez, mientras el agua subía silenciosamente en patios, sótanos y accesos.
Atrás del Francisco Zarco y el Parque de la Paz, el encharcamiento comenzó a extenderse como una mancha interminable.
“Está cañona la lluvia”, escribió un vecino en medio del aguacero, mientras otros pedían apoyo urgente para desazolvar coladeras completamente tapadas.
El agua entrando a los hogares
En el edificio Ramón Corona, entradas B y C, el agua comenzó a acumularse peligrosamente debido a las coladeras obstruidas. Los residentes pedían apoyo desesperadamente a la Territorial y a las cuadrillas de emergencia.
En el edificio Presidente Juárez, entrada “A”, departamento 103, entre Ricardo Flores Magón y Manuel González, la angustia subió al mismo ritmo que el nivel del agua.
“Necesito apoyo de bomberos, me estoy inundando”, escribió un vecino mientras otros trataban de orientar a los servicios de emergencia entre referencias, andadores y entradas.
La escena parecía repetirse en toda Tlatelolco: vecinos atrapados, estacionamientos inundados, elevadores inutilizados y familias desconectando aparatos eléctricos por miedo a una descarga.
“Esto fue como un terremoto”, escribió una residente al reportar la falla de la mufa en el edificio Michoacán, donde varios departamentos quedaron sin luz.

El drenaje reventó dentro de las viviendas
La intensidad de la tormenta no sólo inundó calles y estacionamientos. También, penetró en la intimidad de los hogares, llevando consigo el olor del drenaje saturado y la desesperación de quienes vieron brotar agua desde el interior de sus propios baños.
“Soy vecina de la tercera sección. Durante lo más fuerte de la lluvia se me metió agua por drenaje, sanitario y ducha”, relató una residente mientras la tormenta golpeaba con mayor fuerza la Unidad Habitacional.
El agua comenzó a salir desde tuberías y registros, acompañada de un fuerte olor desagradable que invadió departamentos completos.
“Cuando bajó la lluvia, paró. Pero en ese momento también olía feo”, explicó la vecina, describiendo una escena que muchos habitantes conocen demasiado bien cada temporada de lluvias.
Familias enteras intentaban contener el agua no sólo desde el exterior, sino también desde el interior de sus viviendas, mientras el sistema de drenaje colapsaba bajo la presión del temporal.
Árboles caídos y abandono urbano
La tormenta también dejó árboles derrumbados. Uno de ellos cayó sobre dos automóviles cerca del estacionamiento del edificio Chihuahua, sobre Ricardo Flores Magón.
La indignación no tardó en aparecer.
“¿Pues cómo no se iba a caer si nunca le hicieron saneamiento? Está infestado de muérdago”, reclamó un residente.
Otro vecino sentenció con amarga resignación:
“Y así caerán muchos. Tiene mucho tiempo que no los podan”.
Las críticas apuntaron nuevamente a la falta de mantenimiento preventivo y al abandono de áreas verdes, drenajes y alcantarillas.

La ciudad colapsada
Mientras el agua avanzaba sobre Manuel González, Lerdo, Flores Magón y Eje Central, las autoridades respondían con mensajes que reflejaban el tamaño de la emergencia.
“La ciudad está colapsada”, reconocían desde los grupos vecinales y de atención territorial.
Protección Civil, bomberos y personal de la alcaldía trataban de atender decenas de reportes simultáneos: personas atrapadas, autos bajo el agua, coladeras reventadas y pasos peatonales convertidos en corrientes peligrosas.
Sobre Manuel González, donde antes estaba el Hospital del ISSSTE “Gonzalo Castañeda”, el agua impedía el paso peatonal. En Reforma reportaban a una mujer atrapada sobre una pequeña barda, resguardando su carrito de vendimia mientras el nivel del agua alcanzaba más de medio metro.
En la explanada “Puma” y en diversos estacionamientos subterráneos el agua amenazaba con devorar vehículos completos.
Cubetas contra la tormenta
Quizá una de las escenas más dolorosas de la noche ocurrió en el sótano del edificio Yucatán, entrada “D”.
Ahí, vecinos empapados luchaban con cubetas para impedir que el agua entrara a los departamentos.
“Acabé empapada”, relató una residente.
Mientras las coladeras expulsaban agua desde el drenaje, hombres y mujeres improvisaban relevos para sacar miles de litros acumulados.
“Si fuéramos participativos entre los 200 vecinos de ambos edificios, esto terminaría rápido”, escribió alguien con cansancio y rabia.
Pero la realidad era otra: muchos esperaban ayuda que no llegaba, mientras otros hacían maniobras bajo la lluvia con escobas, jaladores y cubetas.
Tlatelolco entre la solidaridad y el desgaste
La tormenta volvió a desnudar una herida antigua de Tlatelolco: la falta de mantenimiento preventivo antes de cada temporada de lluvias.
Los vecinos insistieron una y otra vez en lo mismo: desazolve, limpieza de coladeras, poda de árboles y revisión de drenajes.
“No debería hacerse sólo cuando ya estamos inundados”, reclamaban.
Sin embargo, en medio del caos también apareció la solidaridad silenciosa que aún sobrevive en la Unidad Habitacional. Vecinos bajando a abrir puertas a rescatistas, otros compartiendo ubicaciones, fotografías y videos; algunos guiando brigadas en plena oscuridad y otros ayudando a sacar agua hasta entrada la noche.
Tlatelolco resistió otra tormenta más.
Pero quedó nuevamente la sensación de abandono, de cansancio acumulado y de una ciudad que parece reaccionar únicamente cuando el agua ya llegó hasta las rodillas.

