Tlatelolco no es patio de maniobras
13 mayo, 2026*** Es una Unidad Habitacional totalmente peatonal

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, miércoles 13 de mayo de 2026.- En Tlatelolco, caminar siempre ha sido una forma de habitar la ciudad.
Las madres con carriolas, los adultos mayores que avanzan lentamente rumbo al Metro, los niños que salen de la primaria o de la secundaria, los jóvenes que juegan basquetbol en las canchas del Deportivo “5 de Mayo”, los usuarios del Centro Cultural y Artístico Ágora, las trabajadoras de la Guardería del IMSS y los vecinos que cruzan diariamente el Jardín Médicos por la Paz, forman parte de una circulación humana que durante décadas definió el espíritu de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco: un espacio concebido para el peatón.
Por eso la indignación crece cuando vehículos de carga ingresan a los andadores para montar puestos, descargar mercancías o instalar carpas en la explanada de la estación del Metro Tlatelolco.
Porque no se trata solamente de comercio.
Se trata de seguridad.
De orden urbano.
De respeto a una comunidad.
El corazón peatonal de Tlatelolco
La zona donde hoy ingresan camionetas no es cualquier espacio abierto.
Debajo de ese suelo se encuentra la cisterna de la Segunda Sección, actualmente intervenida por el Gobierno central debido a sus condiciones críticas.
Encima de esa sensible infraestructura, vecinos denunciaron la colocación de puestos, carpas y hasta perforaciones para sujetar lonas.
Al mismo tiempo, este andador es paso obligado de cientos de personas que diariamente entran y salen de la estación del Metro Tlatelolco. Ahí confluyen niñas, niños, estudiantes, deportistas y adultos mayores.
Sin embargo, pese al carácter totalmente peatonal de la zona, comerciantes y organizadores han permitido el ingreso de vehículos para descargar mercancía, argumentando que cuentan con permisos otorgados por la Alcaldía.
“Cuando les señalé el peligro de conducir entre peatones y una vecina les decía de la cisterna, uno de ellos se quiso portar intimidante”, denunció una residente.
La preocupación vecinal no es menor.
Hace apenas unas horas, una motocicleta protagonizó un accidente dentro de la Unidad Habitacional, recordando que cualquier vehículo en zonas peatonales puede convertirse en riesgo.

“Todo suma, todo cuenta”
La discusión estalló entre vecinos, representantes y residentes que desde el sábado 9 de mayo comenzaron a documentar la presencia de puestos y vehículos en la explanada.
“Esto fue reportado desde el día sábado”, insistieron habitantes que compartieron videos y fotografías.
Otros reclamaron que la situación ya había sido informada a autoridades territoriales “en tiempo y forma”, mientras algunos vecinos respondieron que el problema no es quién llegó primero a denunciar, sino que nadie resuelve.
“No se trata de llegar tarde o temprano, se trata de resolver”, escribió una vecina.
Y en medio del intercambio apareció una frase que resume el cansancio social de Tlatelolco:
“…y otra vez toca a los vecinos resolver un problema que no provocamos”.
Porque en Tlatelolco la memoria pesa.
Los habitantes saben cómo empiezan las invasiones del espacio público.
Un puesto temporal.
Una carpa.
Una camioneta.
Luego otro permiso.
Después otro vendedor.
Y finalmente el deterioro permanente de la vida comunitaria.
“Así empiezan a ponerse los ambulantes, al rato no nos sorprendemos que nos lo llenen como la Alameda Central”, advirtió otra residente.
La autoridad ausente
En los mensajes vecinales aparece repetidamente una sensación de vacío institucional.
Los organizadores afirman tener permisos.
La Territorial parece desconocer detalles.
Los vecinos terminan solicitando apoyo al C5 o a policías de proximidad.
Una residente del edificio Arteaga cuestionó directamente:
“No se supone que la coordinación que pidió Irving era para cuidar los trabajos de “Tlatelolco mi Amor” y todo lo que le corresponde como territorial?”.
La molestia aumentó cuando algunos comerciantes respondieron con actitud desafiante, transmitiendo la sensación de que el permiso administrativo les permite actuar por encima del carácter peatonal de la Unidad.
“En resumen, este señor nos está avisando que va a hacer lo que se le pegue la gana porque confía plenamente en que las autoridades correspondientes son omisas”, escribió un vecino.
Esa frase golpea porque refleja algo más profundo: la pérdida gradual del control ciudadano sobre los espacios comunes.
Una ciudad para caminar, no para invadir
Tlatelolco no fue diseñado como corredor comercial de carga.
Fue concebido como una Unidad Urbana donde el peatón tuviera prioridad sobre el automóvil.
Por eso los vecinos ahora exigen medidas concretas:
* Colocación inmediata de bolardos en el acceso del Jardín Médicos por la Paz.
* Prohibición absoluta de ingreso de vehículos de carga a los andadores.
* Protección estructural de la cisterna de la Segunda Sección.
* Supervisión real de permisos otorgados por la Alcaldía.
* Presencia preventiva de seguridad pública durante eventos.
“Con que se colocaran los bolardos que faltan”, reclamó una residente.
La petición parece sencilla, pero detrás existe una defensa mucho más grande: impedir que la normalización del acceso vehicular termine destruyendo el sentido peatonal de Tlatelolco.
La batalla por el espacio común
La discusión de estos días no gira únicamente alrededor de puestos o camionetas.
Lo que está en disputa es el modelo de convivencia dentro de la Unidad Habitacional.
Porque cada permiso ambiguo, cada omisión institucional y cada vehículo que invade los andadores envía un mensaje peligroso: que el espacio colectivo puede negociarse sin consultar a quienes viven ahí.
Y en Tlatelolco, donde la comunidad ha resistido décadas de abandono, deterioro y conflictos urbanos, los vecinos saben que defender un andador también es defender la memoria del barrio.
Por eso la indignación continúa.
Porque mientras algunos ven una simple descarga de mercancía, otros observan algo más grave:
La lenta erosión de una de las pocas zonas habitacionales verdaderamente peatonales que todavía sobreviven en la Ciudad de México.


