El día en que el fuego convirtió a Monterrey en un infierno
1 julio, 2026*** A 38 años de la tragedia de Pemex, un voz revive el incendio que cambió para siempre a Nuevo León

El incendio y las explosiones, en el Centro de Distribución y Almacenamiento de Petróleos Mexicanos, en la colonia San Rafael, Guadalupe, estremecieron al país. En el programa en vivo de Con Tlatelolco TV, Edgar Ramos, testigo presencial y entonces integrante de la Unidad de Servicios de Protección y Seguridad de Pemex, compartió un relato íntimo de aquella jornada en la que el cielo se cubrió de humo, miles de familias huyeron y la ciudad comprendió el verdadero rostro del riesgo industrial
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, miércoles 1 de julio de 2026.- El tiempo avanza con la precisión de un reloj, pero hay días que jamás abandonan la memoria.
Existen fechas que permanecen suspendidas en el corazón de quienes las vivieron. Basta cerrar los ojos para volver a escuchar el estruendo, sentir el calor que quemaba la piel y mirar un cielo que dejó de ser azul para convertirse en una inmensa bóveda de humo negro.
El 23 de junio de 1988 es una de esas fechas.
Aquel jueves, la colonia San Rafael, en el municipio de Guadalupe, y buena parte del área metropolitana de Monterrey fueron escenario de una de las tragedias industriales más graves en la historia de México: el incendio y las explosiones del Centro de Distribución y Almacenamiento de Petróleos Mexicanos (Pemex).
Treinta y ocho años después, la historia volvió a cobrar vida durante el Programa en vivo de Con Tlatelolco TV, donde, desde Monterrey y mediante una entrevista por Zoom, Edgar Ramos Magaña compartió con los periodistas Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez el testimonio de quien estuvo allí, frente al fuego, cuando el miedo parecía no tener límites.

“La tierra vibró por completo”
No fue únicamente una explosión.
Fue una sacudida que recorrió el suelo, las casas, las ventanas y el cuerpo de miles de personas.
Edgar Ramos recuerda con absoluta claridad el momento en que todo cambió.
El estruendo pareció romper el equilibrio de la ciudad.
Después llegó el calor.
Un calor insoportable que parecía atravesar la ropa.
La radiación era tan intensa que los automóviles estacionados comenzaron a sufrir daños; las llantas se deformaban sobre el pavimento y la pintura se levantaba por la temperatura extrema.
Sobre las calles comenzó una carrera desesperada.
La gente corría sin saber exactamente hacia dónde.
Lo único importante era alejarse del fuego.
Mientras tanto, una gigantesca columna de humo ascendía sobre Monterrey hasta cubrir el cielo.
En pleno día parecía haber caído la noche.
Cuando una chispa cambió la historia
Las investigaciones realizadas después del desastre concluyeron que el incendio se originó mientras se efectuaban trabajos de soldadura para instalar un sistema contra incendios en uno de los tanques de almacenamiento de diésel.
Una chispa alcanzó vapores inflamables.
Fue suficiente.
En cuestión de segundos comenzó una reacción en cadena que convirtió el complejo en un gigantesco horno de combustible.
Las explosiones continuaron durante horas.
Cada nueva detonación aumentaba el temor de que toda la planta pudiera estallar.
Bomberos, personal de rescate, trabajadores de Pemex y elementos del Ejército Mexicano enfrentaban una batalla desigual contra un enemigo alimentado por miles de litros de hidrocarburos.

La ciudad huyó del fuego
Las autoridades ordenaron la evacuación de miles de habitantes.
Familias completas abandonaron sus viviendas con apenas algunos documentos y la esperanza de regresar.
Las colonias cercanas comenzaron a vaciarse.
Nadie conocía el verdadero alcance del peligro.
Las avenidas principales fueron cerradas para facilitar el ingreso de los cuerpos de emergencia.
Desde distintos puntos de Monterrey podía observarse aquella inmensa nube negra que parecía dividir el cielo.
La ciudad quedó paralizada.
El valor de quienes permanecieron
Mientras la población escapaba, cientos de hombres avanzaban hacia las llamas.
Bomberos, rescatistas, militares y trabajadores especializados enfrentaban temperaturas extremas intentando impedir que el incendio alcanzara otros depósitos de combustible.
Su labor evitó una tragedia de dimensiones todavía mayores.
Fue una lucha sostenida durante casi cuarenta y ocho horas.

Una fotografía que habla por sí sola
La imagen aérea conservada en el archivo histórico resume el horror de aquella tarde.
De un lado aparecen las viviendas de la colonia San Rafael, con sus calles tranquilas y árboles que parecían ajenos a la tragedia.
Del otro, un océano de humo negro envuelve los tanques de almacenamiento mientras enormes lenguas de fuego consumen las instalaciones.
En medio, diminutos camiones de bomberos representan la resistencia humana frente a una fuerza desbordada.
No es solamente una fotografía periodística.
Es el instante en que la vida cotidiana quedó separada del desastre por una simple calle.
Es el retrato de una ciudad enfrentando su momento más oscuro.
La explicación de Pemex
Tras el siniestro, Petróleos Mexicanos informó que el incendio se habría originado durante trabajos de soldadura para instalar un sistema de protección contra incendios, cuando una chispa hizo contacto con vapores inflamables acumulados en uno de los tanques de almacenamiento.
La investigación derivó en una revisión de los protocolos de seguridad industrial y reavivó el debate sobre la ubicación de instalaciones de alto riesgo dentro de zonas urbanas.
Como consecuencia, años después las operaciones de almacenamiento fueron reubicadas hacia la zona de la Refinería de Cadereyta, lejos del crecimiento urbano que había rodeado las instalaciones de Guadalupe.
La memoria también protege
Las cifras oficiales registraron varias personas fallecidas y decenas de lesionados.
Pero las estadísticas nunca alcanzan para medir el tamaño del miedo.
Quedaron familias desplazadas.
Quedaron hogares marcados por la incertidumbre.
Quedó una ciudad que aprendió que el desarrollo industrial exige responsabilidad, prevención y vigilancia permanente.
El testimonio de Edgar Ramos Magaña no busca abrir heridas.
Busca impedir que el olvido las cierre sin haber aprendido de ellas.
Porque la memoria también salva vidas.
Porque recordar significa prevenir.
Y porque cada generación tiene la obligación de conocer los episodios que transformaron la historia de sus ciudades.
Treinta y ocho años después, el humo ya no cubre Monterrey.
Sin embargo, en la memoria de quienes estuvieron allí, el eco de aquella explosión continúa resonando como un recordatorio permanente de que la seguridad nunca debe darse por sentada.

Archivo histórico. Vista aérea del incendio y las explosiones ocurridos el 23 de junio de 1988 en el Centro de Distribución y Almacenamiento de Pemex, ubicado en la colonia San Rafael, municipio de Guadalupe, Nuevo León. La imagen muestra la enorme columna de humo y fuego que obligó a la evacuación masiva de miles de habitantes y marcó uno de los desastres industriales más significativos en la historia de la entidad.
