Falta de motos y costales
7 agosto, 2026* La ciudad despierta entre bolsas rotas
* La memoria de un sistema que sí funcionó
* La Alcaldía Cuauhtémoc entregará mil costales industriales este sábado en Plaza Allende
* Vecinos denuncian desbordamiento de basura, fauna nociva y ocupación de espacios públicos por personas en situación de calle
* De ocho motos de limpia apenas una continúa operando
* La recolección diaria genera residuos suficientes para llenar dos tráileres completos
* El deterioro del sistema comenzó años atrás y hoy exhibe una crisis de mantenimiento, operación y control sanitario

Por Redacción de Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, viernes 7 de agosto de 2026.- Antes de que el sol toque los edificios de Tlatelolco, hay un sonido que pocos escuchan: el rechinar de un carrito de basura empujado con esfuerzo.
No hay motores suficientes. No hay costales suficientes. A veces tampoco hay guantes adecuados. Y, sin embargo, la basura no espera.
Frente a una pequeña imagen de la Virgen de Guadalupe colocada junto a un área de trabajo, algunos empleados de limpia se persignan antes de comenzar la jornada. No es un ritual folclórico; es una forma de reunir ánimo para enfrentar un sistema que se sostiene más por resistencia humana que por infraestructura pública.
Tlatelolco, con más de 35 mil habitantes permanentes y una intensa población flotante diaria, produce toneladas de residuos. Los depósitos conocidos como “hongos” fueron diseñados para contener esa presión urbana. Durante años funcionaron con una eficacia casi invisible.
Hoy, esa invisibilidad se rompió.
Cuando los “hongos” dejaron de contener
La ausencia de costales industriales ha convertido muchos depósitos en puntos de desbordamiento. Bolsas abiertas, residuos esparcidos, líquidos filtrándose hacia las áreas comunes y olores que penetran en los departamentos, especialmente en plantas bajas.
Lo que antes era un sistema de contención ahora es un sistema de exposición.
De acuerdo con reportes vecinales recabados por “Con Tlatelolco TV”, la acumulación de basura ha favorecido la presencia de ratas, cucarachas y otras plagas urbanas. Vecinos de las tres secciones coinciden en que el problema ya no es esporádico: es cotidiano.
Y cuando la basura permanece a cielo abierto, el espacio cambia de función.
La precariedad operativa: trabajar con las manos
El deterioro no se limita a los costales.
De ocho motos asignadas al servicio de limpieza, solo una permanece en funcionamiento. Las demás están detenidas por falta de refacciones o mantenimiento.
La consecuencia es brutalmente simple:
* residuos retirados a mano;
* bolsas improvisadas;
* traslados en triciclos adaptados;
* carritos remendados con alambre y piezas recicladas.
Radiografía operativa reportada
Motos asignadas
8
Motos operando
1
Motos fuera de servicio
7
Residuos diarios estimados
2 tráileres
No es una falla menor. Es una reducción operativa de casi 88% en la movilidad del servicio en esa zona.

Dos tráileres diarios: la dimensión invisible
Hay una paradoja que define esta crisis.
Cada día, la recolección de residuos en Tlatelolco alcanza para llenar dos tráileres completos. La escala del problema es metropolitana, pero las herramientas disponibles son casi artesanales.
La ciudad produce basura con velocidad industrial y la recoge con recursos de supervivencia.
Detrás de cada tráiler hay trabajadores que caminan kilómetros, empujan carritos desfondados, levantan bolsas rotas y respiran gases y líquidos provenientes de residuos orgánicos acumulados.
La estadística no muestra el desgaste físico, pero lo contiene.
Pepena, pobreza y ocupación del espacio público
La crisis de los “hongos” también abrió una frontera social cada vez más difusa.
Vecinos de la Primera Sección reportan que desde la madrugada personas dedicadas a la pepena recorren los depósitos y ductos de edificios Tipo “B” y “C” para extraer materiales reciclables. En muchos casos, las bolsas quedan abiertas y los residuos dispersos.
Algunos residentes estiman un aumento de hasta 90% en la actividad de pepena respecto de años anteriores.
A ello se suma otro fenómeno: muebles desechados —camas, colchones, sillones— son reutilizados por personas en situación de calle para dormir en:
* techos de andadores;
* descansos de edificios;
* puentes peatonales;
* áreas comunes de la unidad.
Lo que comenzó como reciclaje informal terminó, en ciertos puntos, en apropiación permanente del espacio.
La memoria de un sistema que sí funcionó
Los vecinos sitúan el origen del deterioro en un abandono institucional que, aseguran, se profundizó durante administraciones pasadas de la Alcaldía Cuauhtémoc.
La frase que más se repite no es “antes no había basura”, sino otra más dolorosa:
“Antes el sistema sí funcionaba”.
Funcionaba porque había rutas regulares, costales en condiciones, mantenimiento de vehículos y una coordinación más estable entre trabajadores, administradores y autoridades.
La nostalgia aquí no es romántica; es una comparación técnica.

La entrega de mil costales: alivio o punto de partida
La alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega anunció la entrega de mil costales industriales para residentes y administradores de edificios de las tres secciones de Tlatelolco.
Fecha
Sábado 8 de agosto de 2026.
Hora
9:00 horas.
Lugar
Plaza Allende, Primera Sección, Tlatelolco.
La convocatoria está dirigida a administradores y representantes vecinales, quienes también podrán exponer las problemáticas particulares de cada edificio.
El anuncio es relevante, pero la pregunta de fondo permanece: ¿mil costales resolverán una crisis estructural o solo contendrán temporalmente el desbordamiento?
La fe que empuja los carritos
Hay algo profundamente injusto en la escena cotidiana de Tlatelolco.
Quienes limpian la Unidad no aparecen en los discursos políticos, pero sí en las madrugadas. No figuran en los informes de éxito, pero sí en las cifras de desgaste.
Se encomiendan a la Virgen, sí. Pero no debería ser la fe el principal soporte de un servicio público.
No se puede exigir separación de residuos cuando los costales están rotos. No se puede pedir limpieza impecable cuando las motos no funcionan. No se puede hablar de cultura cívica sin condiciones materiales para sostenerla.
La ciudad no puede descansar sobre la devoción de sus trabajadores.
Los “hongos” como espejo de la ciudad
Cada bolsa rota cuenta una historia.
Habla de mantenimiento postergado. De refacciones que no llegaron. De presupuestos insuficientes o mal ejecutados. De una cadena institucional que se fue debilitando hasta que el problema apareció en la superficie.
Los “hongos” ya no son solo depósitos de basura. Son puntos donde se cruzan:
* pobreza;
* reciclaje informal;
* salud pública;
* seguridad;
* convivencia vecinal;
* capacidad gubernamental.
Son, en el fondo, un espejo de la ciudad.
Tlatelolco no quiere acostumbrarse
Los vecinos lo dicen con claridad: no quieren que esta realidad se normalice.
Porque lo que está en juego no es únicamente la eficiencia del servicio de limpieza. Es la dignidad de un Conjunto Habitacional que alguna vez fue referente urbano de la Ciudad de México.
Tlatelolco resiste. Resisten sus trabajadores, sus administradores, sus vecinos organizados.
Pero una comunidad no debería sostener sola lo que corresponde a la responsabilidad pública.
Sin motos suficientes, sin costales permanentes, sin mantenimiento y sin una estrategia integral de residuos, los “hongos” seguirán recordando una verdad incómoda:
Cuando el Estado se retira, el concreto se llena de basura y la ciudad empieza a sostenerse únicamente con el cuerpo, la fe y el cansancio de su gente.
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