La ciudad se despide con sabor a nogada
26 septiembre, 2026El Centro Histórico cerró la Quinta Edición de su Festival de Chile en Nogada con una ceremonia que reunió a restauranteros, chefs, cocineras y cocineros, académicos, periodistas y representantes de la comunidad. Cerca de 60 establecimientos participaron durante septiembre en una celebración que convirtió a la gastronomía mexicana en punto de encuentro entre tradición, cultura y economía local.
Más allá de los reconocimientos y de los tres primeros lugares, el festival dejó una idea esencial: detrás de cada chile en nogada existe una historia de trabajo. Desde quien cultiva los ingredientes hasta quien los transforma en la cocina y finalmente los lleva a la mesa, la tradición también sostiene familias, empleos y negocios del corazón de la capital.

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, sábado 26 de septiembre de 2026.- Hay despedidas que no parecen despedidas.
El sábado 26 de septiembre, en el histórico Club de Banqueros de México, el Centro Histórico cerró una nueva página de una celebración que durante septiembre llevó a sus mesas uno de los platillos más reconocibles de la gastronomía mexicana.
La ceremonia de clausura de la Quinta Edición del Festival de Chile en Nogada 2026 reunió a quienes hicieron posible esta temporada: restauranteros, chefs, cocineras, cocineros, académicos, representantes de instituciones, medios de comunicación y participantes de los establecimientos.
Pero detrás de los reconocimientos había algo más profundo.
La certeza de que una receta puede convertirse en una forma de contar la ciudad.
Porque el Centro Histórico no solamente se camina.
También se huele.
Se escucha.
Se conversa.
Y, durante algunas semanas del año, también se saborea.
¿Hasta dónde llega la nogada?
La pregunta que acompañó esta temporada encuentra ahora una respuesta en el momento de la clausura.
¿Hasta dónde llega la nogada?
Llegó a cerca de 60 establecimientos y proyectos gastronómicos.
Llegó a restaurantes con décadas de historia.
A hoteles.
A fondas.
A cocinas populares.
A pequeños comercios.
A mercados.
A nuevos emprendimientos.
Y llegó también a las manos de quienes quizá no tienen un gran restaurante detrás de su nombre, pero poseen algo que ninguna decoración puede sustituir:
una receta, un oficio y una historia que contar.
Entre esas historias destacó la de Doña Lidia, cuya participación mostró que la economía local no siempre tiene grandes escaparates.
A veces comienza en una cocina pequeña.
En una familia.
En una receta aprendida de otra generación.
En el esfuerzo de quien encuentra en la gastronomía una manera honesta de sostener su casa y compartir con los demás una parte de su cultura.
Ahí está quizá el verdadero corazón del festival.
Una celebración que también habla de economía

El Festival de Chile en Nogada nació con una intención que va más allá de celebrar un platillo.
Busca impulsar la actividad económica del Centro Histórico, promover el consumo en sus establecimientos y acercar nuevos públicos a negocios que forman parte de la vida cotidiana de esta zona de la ciudad.
Porque detrás de cada restaurante hay trabajadores.
Detrás de cada fonda hay una familia.
Detrás de cada mercado existe una comunidad comercial.
Y detrás de cada plato hay proveedores, productores y cocineros.
La derrama económica es importante, pero el impacto de una iniciativa como ésta también puede observarse en algo menos visible: que alguien descubra un establecimiento por primera vez y decida regresar.
Que una persona que nunca había entrado a una fonda vuelva con su familia.
Que un visitante conozca otra parte del Centro Histórico.
Que una receta tradicional encuentre nuevos comensales.
La economía también se construye así:
de mesa en mesa.
El corazón del Festival no fue un trofeo
Durante la ceremonia fueron entregados reconocimientos a los participantes y tres estatuillas conmemorativas a propuestas destacadas.
Las piezas que recibieron los primeros lugares fueron diseñadas por el maestro escultor Cristóbal Ochoa Saavedra.
El proceso de evaluación estuvo a cargo de un jurado especializado que visitó y degustó los chiles en nogada de los establecimientos participantes, considerando aspectos como presentación y sabor.
El jurado estuvo integrado por:
– Chef Hugo Pacheco, del Claustro de Sor Juana.
– Chef Mario Vázquez, del Claustro de Sor Juana.
– Dani Arias, representante de la Universidad de Londres.
– Israel Villaseñor Flores, representante de la Universidad del Valle de México.
También, se otorgaron menciones honoríficas a establecimientos que registraron evaluaciones muy cerradas y que destacaron por su participación en la promoción de esta receta tradicional.
Pero durante el acto quedó clara una idea que vale más que cualquier clasificación.
Las distinciones no pretendían restar valor al trabajo de los demás participantes.
El reconocimiento, en realidad, alcanzaba a todos.
A quienes abrieron sus puertas.
A quienes cocinaron.
A quienes apostaron por el festival.
A quienes pusieron su nombre, su trabajo y su cocina en esta celebración.
El Centro Histórico también se agradece

La clausura tuvo además un carácter de encuentro.
Carlos Cervantes Godoy, titular de la Autoridad del Centro Histórico, destacó el significado de agradecer personalmente a periodistas, reporteros, columnistas y comunicadores que contribuyeron, desde sus espacios, a dar visibilidad al Centro Histórico, a su gastronomía y a las historias de quienes trabajan diariamente en sus calles.
Porque una ciudad también necesita ser contada.
No solamente desde sus monumentos.
También desde sus mercados.
Desde sus negocios.
Desde sus cocinas.
Desde las personas que abren una cortina cada mañana y esperan que alguien entre.
La presencia de los medios durante el Festival permitió acompañar esa historia y llevarla más allá de las mesas donde fue servida.
Una casa para comenzar
Entre los agradecimientos de la ceremonia también estuvo el Dr. Rafael Tobar López Portillo, rector de la Universidad del Claustro de Sor Juana, por facilitar las instalaciones del claustro para el inicio del festival.
El arranque incluyó ponencias que permitieron acercarse a distintos aspectos de la gastronomía y que buscaron incentivar la visita a los establecimientos participantes.
Así, el Festival comenzó hablando de cocina y terminó hablando de comunidad.
Entre ambos momentos quedó un recorrido por el Centro Histórico.
Una receta que viene de lejos
El chile en nogada no nació ayer.
Su historia está vinculada por la tradición con uno de los momentos fundamentales de México: la consumación de la Independencia en 1821.
La narración más conocida sostiene que las monjas agustinas del convento de Santa Mónica, en Puebla, prepararon el platillo para recibir a Agustín de Iturbide después de la firma de los Tratados de Córdoba.
Es una historia profundamente arraigada en la cultura gastronómica mexicana.
Sin embargo, no existe evidencia concluyente que permita establecer una única creadora del platillo o confirmar todos los detalles de aquella narración.
Y esa precisión histórica no le quita fuerza a la tradición.
Al contrario.
Nos recuerda que la cocina también está hecha de memoria, relatos transmitidos de generación en generación y reinterpretaciones que sobreviven porque las personas continúan cocinando.
Verde, blanco y rojo: una historia en el plato

La tradición relacionó sus colores con los del Ejército Trigarante.
El verde.
El blanco.
El rojo.
El chile poblano, la nogada y la granada construyeron así una imagen gastronómica que quedó asociada con la nación independiente.
Pero el plato cuenta una historia todavía más amplia.
El chile pertenece a la tradición alimentaria mesoamericana.
La nuez de Castilla, determinadas frutas, carnes y especias llegaron posteriormente mediante el intercambio entre el Viejo y el Nuevo Mundo.
El resultado fue una cocina mestiza.
Una cocina que no borró sus raíces, sino que incorporó nuevos ingredientes, técnicas y conocimientos.
Por eso un chile en nogada puede parecer un plato sencillo y, al mismo tiempo, contener siglos de historia.
De la tierra a la mesa
Antes de convertirse en una imagen elegante sobre un plato, el chile en nogada fue campo.
Fue cosecha.
Fue mercado.
Fue transporte.
Fue comercio.
Fue cocina.
Y finalmente fue mesa.
Alguien sembró.
Alguien cuidó.
Alguien cosechó.
Alguien vendió.
Alguien seleccionó.
Alguien cocinó.
Alguien sirvió.
En esa cadena está una parte de la importancia cultural y económica de la gastronomía.
La fotografía final del platillo casi nunca muestra esas manos.
Pero todas están ahí.
La temporada que sabe a memoria

El chile en nogada tiene, además, una característica que lo vuelve especial:
se espera.
Su temporada tradicional coincide con los meses en que determinados ingredientes alcanzan su mejor momento y pueden reunirse en una misma preparación.
Por eso su llegada anuncia algo.
El verano comienza a despedirse.
Septiembre avanza.
La ciudad cambia de ritmo.
Y las cocinas recuperan una receta que durante unas semanas ocupa un lugar privilegiado en las mesas.
Es un plato que tiene calendario.
Tiene espera.
Tiene memoria.
Cocinar también es preservar
La cocina tradicional mexicana fue inscrita por la UNESCO, en 2010, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El reconocimiento corresponde a un sistema cultural y comunitario de conocimientos, prácticas y técnicas relacionadas con la alimentación.
En ese contexto, preservar una tradición gastronómica significa también preservar conocimientos.
Una manera de preparar.
Una manera de seleccionar ingredientes.
Una manera de compartir.
Una manera de reunirse.
El chile en nogada forma parte de ese universo cultural más amplio de la cocina mexicana.
No es solamente comida.
Es conocimiento transmitido.
Cuando México vuelve a sentarse a la mesa

La ceremonia terminó.
Los reconocimientos quedaron entregados.
Las fotografías conservarán el momento.
Los establecimientos volverán a su ritmo cotidiano.
Y la temporada, poco a poco, llegará a su fin.
Pero algo permanece.
Durante septiembre, el Centro Histórico volvió a demostrar que sus tradiciones no viven únicamente en los libros ni detrás de los edificios históricos.
Viven en las personas.
En quienes cocinan.
En quienes venden.
En quienes sirven.
En quienes escriben.
En quienes visitan.
Y en quienes se sientan a comer.
¿Hasta dónde llega la nogada?
Quizá hasta el Club de Banqueros, donde este sábado se cerró oficialmente una edición más del festival.
Quizá hasta las calles que rodean el Centro Histórico.
Quizá hasta una fonda donde alguien seguirá preparando la receta cuando termine el acto de clausura.
Quizá hasta la cocina de Doña Lidia.
Quizá hasta la memoria de una abuela.
Quizá hasta una familia que descubrió este año un nuevo lugar para comer.
Pero quizá llega todavía más lejos.
Llega hasta el futuro.
Porque una tradición no permanece viva solamente porque haya sido heredada.
Permanece viva cuando alguien decide volver a hacerla.
Volver a cocinarla.
Volver a compartirla.
Volver a contarla.
México servido en un plato
El chile en nogada puede ser verde, blanco y rojo.
Puede tener carne, fruta, nuez y granada.
Puede ser dulce, salado, especiado, suave o intenso.
Puede provocar debate sobre la receta correcta y sobre las maneras de prepararlo.
Pero hay algo que permanece más allá de esas diferencias:
su capacidad para reunir.
Y quizá esa sea la imagen que queda después de la Quinta Edición del Festival.
No solamente los tres trofeos.
No solamente las calificaciones.
No solamente los cerca de 60 participantes.
Sino una mesa llena.
Una ciudad caminando.
Una cocina encendida.
Y una tradición que, una vez más, encontró la manera de llegar hasta nosotros.
Porque algunas veces la historia no necesita estar detrás de una vitrina.
Puede llegar a la mesa.
Puede oler.
Puede tener sabor.
Puede compartirse.
Y puede recordarnos que la cultura mexicana también se conserva así:
cocinándola.
Hasta el próximo encuentro
Con la clausura de esta Quinta Edición, participantes y autoridades del Centro Histórico refrendaron su disposición a continuar colaborando en proyectos que fortalezcan las tradiciones, la identidad cultural y la economía local.
El festival termina.
La ciudad no.
Los restaurantes seguirán abriendo.
Los mercados seguirán recibiendo compradores.
Las fondas seguirán encendiendo sus fogones.
Y en algún lugar, alguien seguramente ya estará pensando en la próxima temporada.
Porque cuando una receta forma parte de la memoria, nunca se despide del todo.
Sólo espera el próximo año.

