Hay sueños que no terminan con la muerte
19 octubre, 2026El alebrije que un padre soñó antes de morir y que su hija convirtió en un homenaje de amor
Detrás de los colores, las formas fantásticas y las criaturas monumentales del” 18.º Desfile y Concurso de Alebrijes Monumentales 2026″, hay historias que van más allá del arte. Una de ellas es la de Elizabeth, quien decidió dar vida al sueño de su padre, Samuel Bernardo, conocido como “El Samorita”, y convertir su obra en un homenaje que desafía la ausencia. Entre la memoria, la imaginación y el orgullo por las tradiciones mexicanas, el desfile también fue un encuentro de emociones, culturas y sueños compartidos.
Redacción / Con Tlatelolco TV
Video reportaje: Roberto Ramírez / Información Humana
Ciudad de México, lunes 19 de octubre de 2026.- Hay historias que no caben en una fotografía, ni siquiera en una figura de enormes dimensiones cubierta de colores. Historias que permanecen escondidas detrás de una estructura de cartón, papel, pintura y alambre, hasta que alguien se detiene a escuchar.
En las calles de la Ciudad de México, el “18.º Desfile y Concurso de Alebrijes Monumentales 2026” reunió alrededor de 300 criaturas fantásticas, procedentes de la capital y de distintos estados del país. Desfilaron entre la música, las danzas, los aplausos y la mirada sorprendida de miles de personas.
Pero entre tantas formas extraordinarias, una historia nos invita a mirar más allá de la apariencia.
Es la de un padre que, antes de morir, soñó con un alebrije y compartió su visión con su hija. Una criatura que todavía no existía, pero que ya tenía un lugar en su imaginación. Una idea que parecía destinada a quedarse en el recuerdo y que, sin embargo, encontró en Elizabeth unas manos dispuestas a hacerla realidad.
Su padre, Samuel Bernardo, conocido como “El Samorita”, había imaginado una nueva obra. La enfermedad interrumpió sus planes, pero no logró borrar aquella imagen que había compartido con su hija.
Cuando la salud de Samuel se agravó y tuvo que ser hospitalizado, el proyecto adquirió otro significado. En medio de aquellos días difíciles, le habló a Elizabeth de un sueño: un alebrije distinto del diseño que habían considerado inicialmente, una criatura que tendría alas de águila.
Una semana después, su padre falleció.
Y con él quedó una ausencia imposible de llenar, pero también una imagen que su hija decidió conservar de una manera distinta: construyéndola.
Elizabeth: convertir el duelo en una obra de amor
Después de perder a su padre, Elizabeth no estaba segura de participar en el desfile. El dolor, la dificultad de comenzar un nuevo diseño y la responsabilidad de levantar una figura monumental parecían razones suficientes para detenerse.
Sin embargo, el apoyo de su familia la animó a continuar.
Se involucró en las labores de herrería, pintura y armado. Cada parte del proceso significó mucho más que completar una pieza artística: fue una manera de mantener vivo el recuerdo de su padre y de cumplir aquella última ilusión que él había compartido con ella.
Así, el alebrije dejó de ser solamente una creación para concursar.
Se convirtió en un homenaje.
En su estructura quedaron reunidos el trabajo de las manos, la memoria familiar y la voluntad de continuar incluso cuando la tristeza hace difícil encontrar el camino.
No se trata de afirmar que el arte borra la pérdida. Hay ausencias que permanecen y recuerdos que duelen. Pero crear también puede ofrecer una forma de expresar lo que las palabras no alcanzan a decir.
Elizabeth llevó al desfile algo más que una figura fantástica: llevó consigo una historia familiar, un sueño inconcluso y la decisión de no dejar que desapareciera.
Entre cientos de alebrijes, el suyo encontró un lugar en la celebración colectiva. Y, con él, el recuerdo de Samuel Bernardo siguió caminando ante los ojos de quienes se acercaron a conocer su historia.
Tecuanosaurio: cuando la naturaleza se vuelve imaginación
El desfile también abrió espacio a otras maneras de entender el arte popular mexicano.
Alfredo Domínguez presentó su creación monumental, el Tecuanosaurio, una figura que reúne elementos de distintas criaturas para construir un ser fantástico, poderoso y lleno de simbolismo.
Su propuesta fusiona la máscara del Tecuán, asociada con el jaguar, el cuerpo de un estegosaurio y la cola de un camaleón. Una combinación que evoca fuerza, agilidad y capacidad de transformación.
La pieza también dialoga con los paisajes y los colores de México. Su paleta se inspira en los atardeceres otoñales, los tonos de la flor de cempasúchil y la atmósfera festiva que acompaña las celebraciones del Día de Muertos.
En esa mezcla de referencias prehistóricas, naturaleza y tradición, el Tecuanosaurio demuestra que la imaginación no reconoce fronteras rígidas. Puede tomar elementos del pasado, observar el presente y transformarlos en una criatura nueva.
Cada artesano construye su propio universo. Algunos parten de un paisaje; otros, de una leyenda, un animal o un recuerdo. En todos los casos, el alebrije ofrece la posibilidad de transformar una idea en una presencia tangible, capaz de despertar curiosidad y emoción.
La fiesta también se cuenta desde quienes la descubren
La historia del desfile no pertenece únicamente a quienes diseñan, cortan, pintan y ensamblan las figuras. También se construye con las miradas de quienes llegan por primera vez, con las voces de los visitantes y con la sorpresa de quienes encuentran en las calles una expresión viva de la cultura mexicana.
Josefa y Evelyn, visitantes brasileñas, compartieron su entusiasmo por los colores, la música, las danzas y la calidez del ambiente. Para ellas, el encuentro con los alebrijes fue también una oportunidad de acercarse a las tradiciones de México.
Desde Yucatán, Enrique y Nancy vivieron la experiencia con la sorpresa de quienes descubren un espectáculo nuevo. Las dimensiones de las figuras, la diversidad de sus diseños y la energía de los contingentes musicales les permitieron apreciar una celebración en la que las artes visuales se encuentran con el movimiento y el sonido.
Las bandas, los bailables y los jóvenes que avanzaban con banderolas acompañaron el recorrido y multiplicaron la alegría de la jornada.
La fiesta se extendió más allá de las figuras monumentales. Estaba en los aplausos, en las conversaciones espontáneas, en las fotografías y en el asombro compartido por personas de distintos lugares.
Durante unas horas, la ciudad se convirtió en un espacio de encuentro donde el arte popular mexicano pudo ser observado, disfrutado y reconocido por públicos diversos.
Los alebrijes y la memoria cultural de México
Los alebrijes forman parte de una tradición artística que ha encontrado en la cartonería, el modelado y la imaginación popular una forma de expresión reconocible dentro y fuera del país.
Estas criaturas fantásticas combinan rasgos de animales reales e imaginarios. Sus cuerpos pueden reunir alas, cuernos, escamas, colas y colores que desafían cualquier clasificación natural.
La tradición de los alebrijes se asocia con el artesano Pedro Linares López, quien desarrolló en la Ciudad de México estas figuras fantásticas de cartón. Con el paso del tiempo, su universo creativo se extendió y encontró otras expresiones artesanales, entre ellas las piezas talladas en madera elaboradas por comunidades de Oaxaca.
En la capital, el “Desfile y Concurso de Alebrijes Monumentales” se ha consolidado como una plataforma de exhibición para artistas, artesanos y colectivos que convierten materiales y técnicas tradicionales en obras de gran formato.
La edición de 2026, con alrededor de 300 figuras participantes, volvió a mostrar esa diversidad de propuestas y la capacidad del arte popular para convocar a públicos de distintas generaciones.
Sin embargo, la importancia de estas creaciones no se limita a sus dimensiones, sus colores o su presencia en un concurso. También está en las historias que acompañan su nacimiento: la imaginación de un creador, la colaboración de una familia, la identidad de una comunidad o el deseo de preservar una tradición.
Por eso, detrás de cada alebrije hay algo que merece ser escuchado.
El verdadero valor de una obra está en lo que nos cuenta
El reportaje de Roberto Ramírez, de “Información Humana”, recupera precisamente ese lado humano del desfile. No se queda únicamente en la espectacularidad de las criaturas monumentales; se acerca a las personas que les dan forma, a sus motivos y a las emociones que acompañan su trabajo.
La historia de Elizabeth y su padre nos recuerda que una obra artística puede contener mucho más que una idea estética. Puede ser una forma de memoria, un compromiso familiar y una manera de compartir con otros aquello que se ama.
El Tecuanosaurio, por su parte, muestra la libertad de la imaginación para reunir naturaleza, paisaje y tradición en una sola figura. Las voces de los visitantes brasileños y yucatecos amplían la mirada y revelan cómo el arte puede acercar a personas de procedencias diferentes.
Son relatos distintos, unidos por una misma celebración: la posibilidad de crear, recordar y encontrarse.
Quizá por eso los alebrijes nos conmueven. Porque, aunque parezcan surgir de un mundo imposible, nacen de experiencias profundamente humanas.
Hay quienes construyen para compartir una visión; quienes crean para honrar sus raíces; quienes trabajan para conservar un oficio y quienes, como Elizabeth, encuentran en una obra la oportunidad de cumplir una promesa de amor.
Al final, cuando el desfile termina y las calles recuperan su ritmo cotidiano, las figuras permanecen en la memoria de quienes las contemplaron. Pero algunas historias dejan una huella distinta.
La de un padre que imaginó una criatura antes de morir. La de una hija que, a pesar del dolor, decidió construirla. La de un sueño que encontró en el arte una manera de seguir presente.
Porque hay recuerdos que no necesitan permanecer inmóviles para sobrevivir.
A veces, basta con darles forma, llenarlos de color y permitir que sigan caminando entre nosotros.
Hay sueños que no terminan con la muerte. Algunos encuentran unas manos dispuestas a convertirlos en realidad.
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Roberto Ramírez / Información Humana
Conoce la historia de Elizabeth, el homenaje a su padre, la creación del Tecuanosaurio y las experiencias de quienes disfrutaron el 18.º Desfile y Concurso de Alebrijes Monumentales 2026.
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