Una patrulla estacionada a unos metros de la tragedia
22 octubre, 2026Comerciantes del edificio Tamaulipas denuncian la ausencia de recorridos policiales, mientras una patrulla permanece estacionada a escasos metros del lugar donde un vecino perdió la vida tras un presunto asalto.
La situación plantea una pregunta que exige respuesta de las autoridades: ¿la vigilancia policial en Tlatelolco responde a las necesidades de toda la comunidad o existen asignaciones particulares que requieren una explicación pública?
Redacción / Con Tlatelolco TV
Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, Ciudad de México, jueves 22 de octubre de 2026.- La noche comienza a cubrir a los andadores de la Tercera Sección de Tlatelolco.
Los comerciantes se preparan para cerrar sus establecimientos. Los residentes regresan a sus departamentos y algunos vecinos todavía salen a caminar acompañados de sus mascotas.
Es una escena cotidiana que, después de los acontecimientos de este miércoles, ha adquirido un significado diferente.
Un residente perdió la vida tras un presunto asalto cuando paseaba a su perro. La noticia recorrió los edificios y dejó una mezcla de tristeza, indignación y preocupación.
A unos 150 o 200 metros del lugar donde ocurrió el hecho violento, una patrulla permanece estacionada.
De acuerdo con las observaciones reportadas, por segunda ocasión la Unidad ya se encontraba en ese punto antes de las 19:00 horas.
Su presencia no ha pasado inadvertida.
No porque resulte irregular, por sí mismo, que una patrulla permanece estacionada en un punto de vigilancia, sino porque los comerciantes denuncian que los recorridos preventivos han disminuido considerablemente.
La contradicción merece una explicación.
Mientras los vecinos reclaman policías que recorran los andadores, una Unidad permanece en un lugar fijo cuya asignación y función operativa no han sido aclaradas públicamente.
Y la pregunta surge inevitablemente: ¿quién está vigilando los espacios donde transitan diariamente los habitantes?
Los comerciantes del Tamaulipas: la policía dejó de pasar
Los comerciantes del edificio Tamaulipas conocen los movimientos de su entorno.
Desde sus establecimientos observan el tránsito de vecinos, trabajadores, estudiantes y visitantes que diariamente recorren la Tercera Sección.
También reconocen la presencia de los elementos de seguridad pública.
Por eso les preocupa que, desde hace varios días, hayan dejado de observar los recorridos habituales de policías en motocicleta y a pie.
De acuerdo con sus testimonios, los uniformados tampoco han acudido a realizar las llamadas codificaciones en los comercios, una práctica de proximidad policial mediante la cual se registra la presencia de los agentes en determinados establecimientos.
La ausencia de estas visitas genera incertidumbre.
Para quienes trabajan detrás de un mostrador, la presencia de elementos policiales representa una oportunidad para reportar situaciones sospechosas, comunicar problemas y solicitar atención preventiva.
Los comerciantes no están pidiendo una patrulla exclusiva.
Tampoco exigen privilegios.
Reclaman que los policías cumplan sus recorridos, mantengan contacto con los negocios y vigilen los andadores donde diariamente transitan cientos de personas.
La denuncia cobra especial relevancia después del hecho violento que costó la vida a un residente.
Porque cuando la inseguridad alcanza a una comunidad, la vigilancia preventiva deja de ser una simple rutina administrativa para convertirse en una exigencia ciudadana.
Catalina, residente del Tabasco: de señalada como victimaria a presentarse como víctima
En medio de esta controversia aparece el nombre de Catalina, residente del edificio Tabasco, en la Tercera Sección de Nonoalco Tlatelolco.
Su situación ha generado comentarios y cuestionamientos entre algunos habitantes.
De acuerdo con la versión vecinal, Catalina pasó de ser señalada como victimaria a presentarse como víctima después de un episodio de agresión.
Sin embargo, los antecedentes del conflicto, las responsabilidades de las personas involucradas y las circunstancias de aquella agresión requieren documentación y verificación.
Lo que se señala es que, desde ese acontecimiento, Catalina cuenta con atención policial mediante el denominado Código Águila.
Este mecanismo forma parte de las prácticas de contacto y vigilancia de proximidad policial, aunque su aplicación concreta en este caso debe ser aclarada por la Secretaría de Seguridad Ciudadana.
El cuestionamiento vecinal no debería centrarse en negar protección a una persona que haya sufrido una agresión.
Toda víctima tiene derecho a recibir atención y seguridad.
La controversia se encuentra en otro punto: determinar si la permanencia de una patrulla en las inmediaciones del edificio Tabasco responde a una disposición institucional debidamente justificada y si dicha asignación guarda alguna relación con la disminución de los recorridos denunciada por los comerciantes.
Porque una cosa es brindar atención preventiva a una residente y otra, muy distinta, sería utilizar recursos públicos para fines particulares.
Hasta el momento, los testimonios disponibles no permiten acreditar un uso indebido de la patrulla. Por ello, corresponde a las autoridades explicar su asignación y funcionamiento.
La “patrulla Uber”: un sobrenombre que refleja el malestar vecinal
Entre algunos residentes, la Unidad policial ha comenzado a ser identificada con una expresión cargada de crítica:
La “patrulla Uber de la señora Catalina”.
El sobrenombre refleja el malestar y las sospechas que existen alrededor de la presencia de ese vehículo oficial.
No obstante, la expresión no demuestra que la patrulla realice traslados particulares ni que sus elementos desempeñen actividades ajenas al servicio.
Es precisamente esa incertidumbre la que debe despejarse.
Durante la semana pasada circuló una versión según la cual, por instrucciones de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, se habría retirado la patrulla relacionada con Catalina.
Dicha información fue señalada como falsa y no se cuenta con una confirmación oficial que permita atribuir a la mandataria capitalina una orden de esa naturaleza.
Sin embargo, la Unidad continuó siendo observada en el punto referido.
La tarde de este miércoles, nuevamente se encontraba estacionada antes de las 19:00 horas.
La situación ha dado lugar a nuevas preguntas:.
¿La patrulla tiene asignado un punto fijo de vigilancia?
¿Existe una instrucción oficial para permanecer en las inmediaciones del edificio Tabasco?
¿Su presencia está relacionada con el Código Águila?
¿Cuántas horas permanece en ese lugar?
¿Los elementos asignados realizan recorridos por los andadores cercanos?
¿Existe alguna relación entre esa asignación y la falta de vigilancia que denuncian los comerciantes del Tamaulipas?
Son preguntas que no deben resolverse mediante rumores.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana cuenta con los registros operativos necesarios para esclarecerlas.
A menos de 200 metros, un vecino perdió la vida
La tragedia ocurrida este miércoles coloca la discusión sobre la vigilancia en un escenario mucho más delicado.
Un hombre de aproximadamente 50 años perdió la vida tras un presunto asalto en la Tercera Sección de Tlatelolco.
De acuerdo con los primeros testimonios vecinales, el residente habría sido atacado cuando paseaba a su perro.
La investigación corresponde a las autoridades competentes, que deberán esclarecer las circunstancias del hecho y determinar las responsabilidades correspondientes.
Sin embargo, la muerte del vecino también obliga a revisar las condiciones de vigilancia preventiva.
La distancia aproximada de 150 a 200 metros entre el lugar de los hechos y el punto donde más adelante fue observada la patrulla no demuestra que los policías estuvieran presentes durante el ataque ni que pudieran haberlo evitado.
Pero sí plantea la necesidad de conocer cómo se encontraban distribuidos los elementos de seguridad y qué recorridos se realizaban en la zona.
La proximidad geográfica no constituye una prueba de responsabilidad.
Lo que sí constituye una obligación institucional es revisar si los protocolos de vigilancia se estaban cumpliendo.
Porque detrás de cada reporte de inseguridad existen personas que desean caminar por sus propios andadores sin sentir temor.
Y detrás de la muerte de este residente existe una familia que enfrenta una pérdida irreparable.
Los andadores necesitan policías, no solamente patrullas estacionadas
Tlatelolco no es una colonia de calles convencionales.
Su configuración urbana está integrada por edificios habitacionales, jardines, plazas, pasos peatonales, corredores comerciales y extensos andadores.
La vigilancia requiere conocer esa distribución.
Una patrulla estacionada sobre una vialidad puede cumplir determinadas funciones preventivas, pero no sustituye necesariamente los recorridos que deben realizarse entre los edificios.
Los policías a pie y en motocicleta tienen una función fundamental en estos espacios.
Su presencia permite mantener comunicación con los residentes, atender reportes y detectar situaciones que difícilmente pueden observarse desde un vehículo detenido.
Por ello, la denuncia de los comerciantes del edificio Tamaulipas merece atención.
Si efectivamente han disminuido los recorridos y las codificaciones, las autoridades deben explicar las razones.
También corresponde verificar si los elementos asignados al sector cumplen sus rutas de vigilancia y si existen registros de las visitas efectuadas a los comercios.
No se trata de solicitar operativos espectaculares después de una tragedia.
Se trata de exigir vigilancia cotidiana.
De aquella que no necesita cámaras ni ceremonias oficiales.
De policías que caminen los andadores, conozcan a los comerciantes, escuchen a los vecinos y atiendan los problemas antes de que se conviertan en emergencias.
La seguridad pública no puede confundirse con un privilegio
La controversia alrededor de Catalina, el Código Águila y la patrulla estacionada en las inmediaciones del edificio Tabasco plantea una discusión sobre la administración de los recursos públicos.
Una persona que ha sufrido una agresión tiene derecho a recibir protección.
Ese derecho no debe ponerse en duda.
Pero la atención individual tampoco debe impedir que las autoridades expliquen cómo distribuyen sus unidades y elementos de vigilancia.
La seguridad pública debe responder a criterios institucionales, evaluaciones de riesgo y necesidades colectivas, nunca a favoritismos personales.
No existen elementos suficientes para afirmar que en este caso se haya otorgado un privilegio indebido.
Precisamente por eso resulta indispensable una aclaración oficial.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana debe informar, en los términos que permitan las disposiciones aplicables, si la Unidad tiene una asignación fija, qué funciones desempeña y cómo se garantiza la vigilancia en los demás edificios y andadores de la Tercera Sección.
También debe atender los testimonios de los comerciantes del Tamaulipas.
Porque no sería aceptable que una denuncia sobre ausencia de recorridos quedara archivada mientras los habitantes enfrentan una creciente preocupación por su seguridad.
La muerte del vecino exige una investigación penal.
La queja de los comerciantes requiere una revisión operativa.
Y la controversia sobre la llamada “patrulla Uber” necesita una explicación institucional.
Son asuntos relacionados con el contexto de inseguridad, pero cada uno debe investigarse con sus propias evidencias.
¿Quién vigila realmente a los habitantes de Tlatelolco?
La noche avanza.
Los negocios cierran sus cortinas.
Las luces de los departamentos comienzan a encenderse y los andadores recuperan el silencio que caracteriza a muchos sectores de la Unidad Habitacional.
En algún departamento, una familia enfrenta la ausencia de un ser querido que salió a pasear a su perro y ya no regresó.
En los comercios del Tamaulipas permanece la preocupación por la falta de recorridos policiales.
Y en las inmediaciones del edificio Tabasco continúa la controversia sobre una patrulla cuya presencia ha generado cuestionamientos entre vecinos.
Tres escenarios de una misma realidad: una comunidad que necesita respuestas.
Tlatelolco no requiere patrullas utilizadas como símbolos de autoridad ni vehículos cuya función resulte incomprensible para sus habitantes.
Necesita una estrategia de seguridad que pueda verificarse mediante recorridos, atención ciudadana, supervisión y resultados.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana debe escuchar a los comerciantes, revisar las bitácoras de vigilancia y explicar la asignación de la unidad señalada.
También debe garantizar que los residentes de los distintos edificios reciban atención preventiva sin distinciones injustificadas.
Porque la seguridad no puede convertirse en un servicio reservado para unos cuantos, mientras el resto de la comunidad se pregunta dónde están los policías.
La protección ciudadana comienza cuando las autoridades cumplen su responsabilidad en los espacios donde transcurre la vida cotidiana.
En los jardines.
En los comercios.
En las entradas de los edificios.
Y, sobre todo, en los andadores donde los vecinos deberían poder caminar con tranquilidad.
La tragedia de este miércoles no debe quedar reducida a una noticia más.
Debe servir para exigir una revisión seria de la vigilancia en la Tercera Sección.
Mientras tanto, una pregunta continúa recorriendo los edificios de Tlatelolco:
¿De qué sirve tener una patrulla a unos metros si los vecinos siguen denunciando que no hay suficientes policías recorriendo los andadores?
Y otra pregunta, igualmente importante, espera respuesta:
¿La llamada “patrulla Uber de la señora Catalina” cumple una función de seguridad pública debidamente autorizada o existe alguna irregularidad que las autoridades deban investigar?
La respuesta no corresponde a los rumores.
Corresponde a las autoridades.
Y los habitantes de Tlatelolco tienen derecho a conocerla.




Efectivamente esta patrulla se estaciona hasta por dos días sin mocimiento y sin que esté presente persona alguna, en septiembre tuve una emergencia que no se atendía con el reporte y acudí en auxilio a dicha patrulla pero dada la ausencia de oficial quede en espera; cuando llego un oficial y una vez atendida la solicitud le pregunte sobre la patrulla y solo me dijo que con ellos ni contar.
Por otro lado con el aumento del tránsito de motocicletas conducidas por jóvenes y mujeres algunos vecinos hemos comentado que cada vez son más agresivos y manenazantes, especulamos porque así parece que realizan actos de venta ilegal en la plaza de las Tres Culturas y la iglesia de Santiago. Diversas personas lo hemos denunciado por la forma en que conducen y amenazan ya sea en los grupos de la Unidad y de manera directa con los policias y la respuesta de estos últimos es que ellos no pueden hacer nada porque no tienen facultad. Así otras preguntas que me surgen son : ¿Entonces quién o quienes tienen esta facultad? y ¿Cuándo y cómo se atenderan los casos? mismo que pueden derivar en estas situaciones como la que hoy nos comparten.