Una ofrenda monumental para celebrar la vida y recordar a los muertos

Una ofrenda monumental para celebrar la vida y recordar a los muertos

22 octubre, 2026 0 Por Staff Redaccion

En la Plaza de las Tres Culturas, los muertos volverán a encontrarse con los vivos

La Plaza de las Tres Culturas, en la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, será escenario de una exposición monumental dedicada al Mictlán, con 16 esculturas de aproximadamente 4.5 metros de altura y un teocalli que podría alcanzar los 14 metros. 

Durante la presentación del Festival Cultural 2026, de la Autoridad del Centro Histórico, organizadores destacaron la participación vecinal y anunciaron una estrategia para llevar las celebraciones del Día de Muertos más allá de los corredores turísticos tradicionales, favorecer la actividad económica local y recuperar el significado histórico de las tradiciones ancestrales.

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV

Ciudad de México, jueves 22 de octubre de 2026.— En Tlatelolco, donde las piedras antiguas conservan la memoria de generaciones y los edificios modernos acompañan la vida cotidiana de miles de familias, la muerte está por vestirse nuevamente de flores, colores, esculturas monumentales y símbolos ancestrales.

Esta vez, el encuentro tendrá como escenario uno de los espacios históricos más significativos de la Ciudad de México: la Plaza de las Tres Culturas, corazón de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.

Allí, donde conviven los vestigios de la ciudad prehispánica, la arquitectura colonial y la modernidad urbana, artistas y vecinos preparan una exposición monumental dedicada al Mictlán, el inframundo de la cosmovisión mexica.

No será solamente una ofrenda para contemplar.

La propuesta busca convertirse en un recorrido por la memoria, las creencias originarias y las distintas maneras en que los pueblos han comprendido el tránsito entre la vida y la muerte.

Habrá figuras gigantes, representaciones de deidades, referencias a las mujeres de las culturas originarias y elementos artísticos que evocarán los nueve niveles del Mictlán.

Pero detrás de las esculturas también existe otra historia: la de una comunidad que participa, respalda y busca mantener vivas sus tradiciones.

Por segundo año consecutivo, Tlatelolco se prepara para recibir una celebración que pretende reunir a familias, artistas, visitantes y habitantes de distintas generaciones alrededor de una misma pregunta:

¿Cómo recordar a quienes ya partieron sin olvidar las raíces de quienes permanecemos aquí?

Una pregunta desde Tlatelolco abrió la conversación

El anuncio formó parte de la presentación del Festival Cultural 2026 de la Autoridad del Centro Histórico (ACH), realizada en el Hotel Domingo Santo Boutique, en el Centro Histórico de la capital.

Durante la conferencia de prensa, Ignacio Arellano, de Con Tlatelolco TV, preguntó expresamente sobre la importancia de llevar esta celebración a la Plaza de las Tres Culturas y las características del montaje monumental.

La interrogante permitió profundizar en un aspecto que trasciende la programación cultural: el papel de Tlatelolco como territorio histórico, comunitario y escenario de expresiones artísticas vinculadas con la identidad de sus habitantes.

Los organizadores explicaron que el proyecto regresa por segundo año consecutivo, respaldado por la participación y el interés de la comunidad vecinal.

También, señalaron que la experiencia de la edición anterior alentó la preparación de una propuesta de mayores dimensiones.

La conversación permitió conocer los elementos principales del montaje, sus referencias históricas y la intención de desarrollar actividades que acerquen al público a las creencias prehispánicas.

En ese intercambio quedó planteada una idea central: Tlatelolco no debe ser considerado únicamente como un espacio para recibir visitantes, sino como una comunidad con historia, identidad y derecho a participar en las decisiones culturales relacionadas con su territorio.

Dieciséis gigantes custodiarán el camino hacia el Mictlán

La propuesta artística contempla la instalación de 16 esculturas monumentales de aproximadamente 4.5 metros de altura.

A ellas se sumará un teocalli, actualmente en proceso de elaboración, cuya altura proyectada se aproxima a los 14 metros.

Las dimensiones anunciadas anticipan una intervención visual de gran escala, aunque todavía deberán precisarse las condiciones técnicas de instalación, seguridad y protección del patrimonio histórico.

El recorrido artístico estará dedicado a los nueve niveles del Mictlán, con especial atención al último de ellos.

En la tradición mexica, el Mictlán era concebido como uno de los destinos de los muertos y estaba relacionado con un recorrido de distintas pruebas hasta alcanzar el descanso definitivo.

Su representación artística permite recuperar una concepción de la muerte distinta de la visión occidental: no necesariamente como una ruptura absoluta, sino como parte de un orden cósmico en el que la existencia y la transformación mantienen una relación profunda.

La exposición también incorpora figuras de nahualas, deidades originarias y representaciones relacionadas con la importancia histórica y simbólica de las mujeres.

El propósito, explicaron los participantes, es rendir homenaje a las raíces indígenas mediante obras monumentales capaces de despertar curiosidad, admiración y diálogo entre generaciones.

Para los niños, las esculturas podrán convertirse en una puerta de entrada a la historia.

Para los jóvenes, es una oportunidad de descubrir expresiones culturales que permanecen vivas.

Y para muchas personas mayores, en un encuentro con relatos, recuerdos y tradiciones transmitidos de generación en generación.

Tlatelolco: tres culturas y una memoria que permanece

La elección de la Plaza de las Tres Culturas tiene una dimensión histórica que difícilmente puede separarse del significado de la exposición.

Antes de convertirse en la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, este territorio fue uno de los grandes centros urbanos y comerciales del mundo mexica.

Su mercado, descrito por cronistas del siglo XVI, fue reconocido por la diversidad de productos, comerciantes y actividades que concentraba.

Tlatelolco fue también escenario de acontecimientos decisivos durante la conquista de México, particularmente en 1521.

Siglos después, la construcción del Conjunto Habitacional diseñado bajo la dirección del arquitecto Mario Pani transformó nuevamente el paisaje.

La Plaza de las Tres Culturas terminó por convertirse en un espacio donde dialogan —y también se confrontan— diferentes momentos de la historia nacional.

Allí se encuentra igualmente la memoria del movimiento estudiantil de 1968.

Por eso, cualquier intervención cultural en este lugar adquiere un significado especial.

Las piedras arqueológicas, el antiguo Colegio de Santa Cruz, el templo de Santiago y los edificios habitacionales forman parte de un entorno que exige respeto, sensibilidad y responsabilidad institucional.

Celebrar la vida y recordar a los muertos en Tlatelolco implica también reconocer la memoria de quienes han construido su historia.

Una ofrenda que debe respetar el patrimonio

Durante la conferencia, uno de los representantes del proyecto hizo un llamado a proteger el valor histórico y patrimonial de Tlatelolco frente a posibles alteraciones urbanas.

La preocupación resulta especialmente relevante por tratarse de un espacio que integra vestigios arqueológicos y monumentos históricos.

Los organizadores adelantaron que buscarán establecer coordinación con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y con las instancias responsables de la Zona Arqueológica de Tlatelolco.

La intención es sumar trabajos de diversos artistas y realizar presentaciones especiales abiertas al público.

Sin embargo, será importante conocer los alcances de esa coordinación y las autorizaciones que correspondan antes de instalar las estructuras monumentales.

La celebración del Día de Muertos puede convertirse en una oportunidad para acercar a nuevas generaciones al patrimonio histórico, siempre que las actividades respeten la integridad de los espacios.

Porque una ofrenda puede retirarse después de las festividades.

La historia que permanece debajo de ella debe conservarse para siempre.

El Centro Histórico quiere compartir la fiesta y sus beneficios económicos

La incorporación de Tlatelolco al programa cultural también responde a una estrategia de descentralización de visitantes.

Durante la presentación, autoridades de la ACH señalaron que las festividades del Día de Muertos suelen concentrar grandes contingentes de personas en corredores tradicionales del Centro Histórico, especialmente en la calle peatonal Francisco I. Madero.

La propuesta de este año busca ampliar los recorridos hacia otros espacios históricos, plazas y calles, favoreciendo la actividad de establecimientos ubicados fuera de las zonas de mayor concentración turística.

En ese contexto, la ofrenda de Tlatelolco adquiere una importancia adicional.

Además de su dimensión artística, podría atraer visitantes hacia una zona que conserva un patrimonio histórico extraordinario y una intensa vida comunitaria.

La expectativa es que el movimiento de personas también representa oportunidades para pequeños comercios, establecimientos de alimentos, servicios y actividades culturales.

No obstante, las autoridades reconocieron que todavía no existe una estimación definitiva de la derrama económica esperada para 2026.

Durante la conferencia se recordó que, en temporadas anteriores, el perímetro del Centro Histórico ha recibido a más de tres millones de visitantes entre residentes, turistas nacionales y extranjeros.

La cifra fue presentada como antecedente de la afluencia turística, no como una proyección confirmada para este año.

El desafío será que la llegada de visitantes a Tlatelolco se traduzca en beneficios compartidos y no únicamente en una mayor concentración de personas.

Para ello, será indispensable considerar servicios públicos, movilidad peatonal, limpieza, seguridad y participación de los residentes.

La descentralización cultural también debe significar una distribución más equitativa de las oportunidades económicas.

Un festival construido entre instituciones, artistas y comunidad

La presentación del Festival Cultural 2026 reunió a representantes de instituciones públicas, colectivos artísticos, medios de comunicación y establecimientos del Centro Histórico.

El encuentro fue encabezado por Carlos Cervantes Godoy, coordinador general de la Autoridad del Centro Histórico, quien expuso los objetivos de esta edición y dio a conocer parte de la programación.

En el acto participaron Edmundo Martín del Campo Sandoval, director de Cultura Comunitaria de la red PILARES; Víctor Mucio, representante del Colectivo Xochime; y Verónica Velasco, integrante de Ceremonia Centro Histórico.

También,  estuvieron Laura Torrero y Gabriel Mestre, del festival Campo de Choles, así como Giovanni Cordero, anfitrión y representante del Hotel Domingo Santo Boutique.

La diversidad de participantes reflejó la intención de vincular a instituciones, colectivos y establecimientos para ampliar la oferta cultural de la  Ciudad de México.

Desde la elaboración de vestuarios hasta las presentaciones artísticas, el Festival busca integrar expresiones comunitarias y conocimientos tradicionales.

Representantes de PILARES explicaron que participarán en la creación de vestuarios, mojigangas y actividades relacionadas con la música tradicional y las lenguas originarias.

Estas expresiones formarán parte de las calendas comunitarias, celebraciones que combinan música, recorridos festivos y participación colectiva.

La apuesta es recuperar el carácter popular del Día de Muertos, una tradición que no pertenece exclusivamente a los grandes escenarios ni a los espectáculos multitudinarios.

También, vive en los barrios, en los talleres, en las manos de quienes confeccionan una figura y en las familias que colocan una fotografía junto a una vela.

Los xoloitzcuintles caminarán entre flores y recuerdos

Entre las actividades anunciadas destaca una caminata de perros xoloitzcuintles, programada para el domingo 1 de noviembre, a las 11:00 horas.

El recorrido comenzará en la Plaza Seminario, a un costado de Palacio Nacional, y avanzará por la calle Francisco I. Madero y concluirá en el Centro Cultural “El Rule”.

La presencia de estos animales recuperará uno de los símbolos más entrañables de la cosmovisión mesoamericana.

En determinadas tradiciones nahuas, el perro estaba relacionado con el acompañamiento de las almas en su tránsito hacia el mundo de los muertos.

El xoloitzcuintle, raza canina originaria de México, conserva una profunda asociación cultural con esas creencias.

Su participación en las festividades permite recordar que los animales también ocupaban un lugar significativo en las concepciones antiguas sobre la existencia, la muerte y el acompañamiento espiritual.

En El Rule se prevé la realización de actividades de colectivos culturales y talleres vinculados con el CECATI.

La caminata será una de las expresiones más familiares y alegres de un programa que combina historia, arte y celebración popular.

Seguridad para celebrar de día y de noche

Durante la conferencia también se abordaron las medidas de seguridad previstas para las festividades.

Las autoridades destacaron la existencia de operativos permanentes y mesas diarias de coordinación entre dependencias.

Como parte de su exposición, señalaron que el promedio diario de delitos registrados en el perímetro del Centro Histórico pasó de 8.15 en 2018 a 1.56, de acuerdo con las cifras presentadas durante el encuentro.

Estos datos deberán contrastarse con los registros oficiales y su metodología para establecer el periodo y los delitos considerados.

En el caso de Tlatelolco, la llegada de visitantes a una exposición monumental también plantea necesidades específicas.

Será importante garantizar rutas peatonales accesibles, atención de emergencias, protección de las áreas arqueológicas y condiciones adecuadas para las familias que acudan durante el día o por la noche.

El éxito de una celebración comunitaria no se mide únicamente por el número de asistentes.

También, se refleja en la tranquilidad de quienes viven alrededor de sus escenarios.

Día de Muertos: una tradición que transforma la ausencia en presencia

México ha construido alrededor de la muerte una de sus expresiones culturales más reconocidas.

Las ofrendas, las flores de cempasúchil, el copal, los alimentos y las fotografías forman parte de una tradición que reúne elementos indígenas y católicos desarrollados a lo largo de varios siglos.

El Día de Muertos no es una celebración uniforme.

Cada comunidad conserva formas particulares de recordar a sus seres queridos.

En algunos hogares se preparan los alimentos favoritos de quienes partieron.

En otros, las familias visitan los cementerios, limpian las tumbas y permanecen juntas compartiendo recuerdos.

También, hay quienes colocan una pequeña ofrenda en la sala de su vivienda, sobre una mesa o junto a una ventana.

En Tlatelolco, donde conviven familias con raíces en distintas regiones del país, esas costumbres forman parte de la diversidad cultural de la comunidad.

La exposición monumental dedicada al Mictlán busca acercarse a esa riqueza desde el lenguaje del arte contemporáneo y las referencias ancestrales.

Sus esculturas podrán ser gigantescas, pero el sentido más íntimo de la celebración seguirá encontrándose en los pequeños gestos.

Una flor colocada con cariño.

Una fotografía que vuelve a mirarse.

Un nombre pronunciado después de muchos años.

Una historia familiar que alguien decide contar para que no desaparezca.

Tlatelolco, donde la memoria también tiene derecho a celebrar

Cuando las esculturas estén terminadas y la Plaza de las Tres Culturas reciba a sus visitantes, Tlatelolco volverá a mostrar una de sus mayores fortalezas: su capacidad para reunir historia y vida cotidiana en un mismo espacio.

La exposición anunciada representa una oportunidad para fortalecer la identidad comunitaria, promover el conocimiento de las culturas originarias y abrir nuevos recorridos culturales en la capital.

Pero también plantea una responsabilidad.

La Plaza de las Tres Culturas no es un escenario vacío que pueda transformarse sin considerar a quienes la habitan y la recuerdan.

Es patrimonio histórico, espacio público y lugar de memoria.

Por eso, la participación de los vecinos, el cuidado de las áreas arqueológicas y la coordinación institucional deberán acompañar cada etapa del proyecto.

La fiesta podrá atraer turistas, impulsar comercios y ofrecer imágenes monumentales.

Sin embargo, su valor más profundo estará en conseguir que los habitantes de Tlatelolco se reconozcan como protagonistas de la celebración.

Porque entre los nueve niveles del Mictlán, las deidades antiguas y las figuras que se levantarán hacia el cielo, también habrá un espacio para las historias de las familias.

Para los abuelos que contaban leyendas.

Para las madres que enseñaron a preparar una ofrenda.

Para los niños que descubrirán por primera vez el significado de una flor de cempasúchil.

Y para quienes encontrarán, entre colores y recuerdos, una manera alegre de mantener presentes a sus seres queridos.

En Tlatelolco, la muerte volverá a encontrarse con la vida.

Y esta vez, el camino hacia el Mictlán comenzará en una plaza donde tres culturas siguen dialogando con la memoria de México.