Una mano gigante que parece querer tocar el cielo
29 octubre, 2026Entre el acero, las agujas y las manos de los artesanos, una figura de más de 30 metros, en el Zócalo capitalino para celebrar el Día de Muertos
Una mano gigantesca, brazos monumentales y una estructura que lentamente adquiere forma anuncian la llegada de una Catrina de más de 30 metros de altura al Zócalo de la Ciudad de México.
Detrás de esta creación, que promete convertirse en uno de los grandes atractivos visuales de las celebraciones del Día de Muertos, existe una historia menos visible, pero profundamente humana: la de los trabajadores, artesanos, diseñadores y técnicos que, entre soldaduras, telas, agujas y estructuras metálicas, construyen una expresión monumental de nuestra identidad cultural.
A través de un avance audiovisual del canal Información Humana —Historias que nos conectan—, conocemos el proceso de ensamblaje de esta figura y descubrimos que, antes de cualquier espectáculo, existe el trabajo silencioso de quienes hacen posible que la imaginación se transforme en realidad.

Redacción / Con Tlatelolco TV
Video: Roberto Ramirez / Información Humana
Ciudad de México, viernes 30 de octubre de 2026.- Hay manos que acarician, manos que construyen, manos que despiden y manos que conservan la memoria.
Pero esta vez, en el corazón de la Ciudad de México, una mano gigantesca parece surgir de las entrañas del Zócalo, como si quisiera alcanzar el cielo y recordarnos que la muerte, en nuestra cultura, también puede vestirse de colores, flores y celebración.
A primera vista, sus dimensiones desconciertan.
Los dedos monumentales, las enormes piezas que forman sus brazos y los elementos de su osamenta descansan sobre la plancha de la Plaza de la Constitución, mientras decenas de trabajadores participan en el proceso de darles forma.
Todavía no es una Catrina completa.
Es una promesa.
Una figura que comienza a levantarse entre estructuras de acero, herramientas, telas y manos que trabajan con paciencia.
Frente a la Catedral Metropolitana, donde la historia de México parece respirar entre piedras centenarias, una nueva expresión de nuestra tradición popular empieza a cobrar vida.
Y aunque su altura superará los 30 metros, lo verdaderamente grande no está solamente en sus dimensiones.
Está en las personas que la construyen.
LAS MANOS INVISIBLES DETRÁS DE LO MONUMENTAL
Las cámaras de Información Humana nos acercan a una realidad que pocas veces ocupa los primeros planos de las celebraciones multitudinarias.
No muestran únicamente la grandeza de una estructura.
Nos llevan hasta quienes la hacen posible.
Un trabajador sostiene una herramienta de soldadura mientras las chispas iluminan momentáneamente el metal.
Otro ajusta las enormes piezas de la estructura.
Más allá, bajo una carpa, varias personas trabajan sobre textiles morados adornados con motivos florales.
Cada puntada tiene un propósito.
Cada costura sostiene una parte de la vestimenta.
Cada tramo de manguera luminosa que se fija a la tela representa una pequeña contribución al resultado final.
Son labores que requieren paciencia, precisión y coordinación.
En ese espacio, lejos de los aplausos y de las fotografías que seguramente acompañarán la presentación de la Catrina, ocurre algo profundamente significativo: el trabajo humano convierte una idea en patrimonio visual de una celebración colectiva.
Porque las grandes obras no aparecen por arte de magia.
Se levantan con esfuerzo.
Se construyen con conocimiento.
Y adquieren sentido gracias a quienes entregan su oficio, su creatividad y su tiempo.
ENTRE AGUJAS, SOLDADURAS Y FLORES MORADAS
El contraste resulta extraordinario.
Por un lado, las estructuras metálicas que deberán sostener una figura de proporciones monumentales.
Por otro, la delicadeza de una aguja atravesando la tela.
La fuerza del acero y la fragilidad aparente de un bordado participan en una misma creación.
Las imágenes del proceso muestran a trabajadores ensamblando piezas, realizando ajustes y preparando los acabados de la monumental figura.
También, aparecen diseñadores y coordinadores frente a computadoras, revisando modelos digitales que permiten imaginar cómo lucirá la Catrina cuando todos sus elementos estén integrados.
La tecnología y el trabajo artesanal se encuentran.
El diseño digital convive con las herramientas tradicionales.
La computadora anticipa las formas; las manos las vuelven tangibles.
Y así, entre cálculos, costuras y soldaduras, la Catrina comienza a adquirir personalidad.
Todavía le faltan detalles.
Todavía hay piezas por colocar.
Pero ya existe una presencia que invita a detenerse y mirar.
LA CATRINA: UN ROSTRO QUE MÉXICO LE DIO A LA MUERTE
La Catrina no es solamente una figura decorativa.
Es uno de los símbolos más reconocibles de nuestra cultura.
Su origen se relaciona con la obra del grabador mexicano José Guadalupe Posada, creador de la célebre Calavera Garbancera, una representación satírica que cuestionaba las apariencias sociales y las pretensiones de quienes renegaban de sus raíces.
Años después, Diego Rivera retomó aquella figura y la convirtió en la elegante Catrina que aparece en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.
Con el paso del tiempo, su imagen trascendió la crítica social y se incorporó al universo simbólico de las celebraciones del Día de Muertos.
Hoy aparece en plazas, ofrendas, desfiles, exposiciones y expresiones artísticas.
Su presencia nos recuerda una de las grandes particularidades de nuestra relación cultural con la muerte.
En México, la muerte también tiene memoria.
Tiene música.
Tiene flores.
Tiene nombres y apellidos.
Tiene fotografías colocadas sobre los altares familiares.
Y, sobre todo, tiene historias que se resisten al olvido.
Por eso, cuando una Catrina monumental comienza a levantarse en el Zócalo, no estamos únicamente ante una obra de grandes dimensiones.
Estamos frente a una representación contemporánea de una tradición que continúa transformándose sin perder sus raíces.
EL ZÓCALO, ESCENARIO DE LA MEMORIA COLECTIVA
La Plaza de la Constitución ha sido testigo de innumerables acontecimientos de la vida nacional.
Manifestaciones, celebraciones, ceremonias, encuentros ciudadanos y expresiones culturales han convertido este espacio en uno de los principales escenarios de la memoria pública de México.
Ahora, bajo la mirada de la Catedral Metropolitana y cerca de la monumental bandera nacional, una nueva figura comienza a integrarse temporalmente a su paisaje.
Una grúa se eleva sobre la plancha.
Los trabajadores se desplazan entre enormes piezas.
Las estructuras aguardan su instalación.
El movimiento de las máquinas contrasta con la quietud de los edificios históricos.
Y en medio de esa actividad surge una pregunta inevitable:
¿Qué sentirá una persona cuando se encuentre frente a una Catrina de más de 30 metros de altura?
Quizá asombro.
Quizá alegría.
Tal vez esa emoción difícil de explicar que provocan las obras capaces de transformar, aunque sea por unos días, los espacios que conocemos desde siempre.
Sin embargo, también sería deseable que quienes acudan a contemplarla recuerden a las personas que participaron en su construcción.
Porque detrás de cada monumento temporal existe una historia de trabajo que merece ser contada.
INFORMACIÓN HUMANA: CONTAR LO QUE OCURRE ANTES DE LOS APLAUSOS
El avance audiovisual difundido por el canal Información Humana —Historias que nos conectan— propone una mirada distinta sobre la preparación de esta obra.
En lugar de esperar únicamente la imagen terminada, dirige su atención hacia el proceso.
Hacia las manos que sueldan.
Hacia quienes cosen.
Hacia los técnicos que calculan.
Hacia los operarios que ensamblan.
Hacia las personas que convierten una estructura incompleta en una creación colectiva.
Es una forma de narrar que recupera el valor de los oficios y reconoce a quienes habitualmente permanecen fuera de las fotografías oficiales.
La cámara se acerca a las piezas monumentales, recorre los espacios de trabajo y permite observar los detalles de una construcción que, una vez concluida, probablemente será admirada por miles de visitantes.
Antes de mostrar el resultado, Información Humana nos invita a conocer a quienes lo hacen posible.
Esa es, precisamente, una de las virtudes del periodismo audiovisual: descubrir las historias humanas que permanecen detrás de los grandes acontecimientos.
Porque una celebración no comienza cuando se encienden las luces.
Comienza mucho antes.
Cuando alguien imagina.
Cuando alguien diseña.
Cuando alguien corta una tela.
Cuando alguien coloca la primera pieza.
Cuando unas manos anónimas empiezan a construir aquello que después será motivo de admiración colectiva.
LA GRANDEZA TAMBIÉN ESTÁ EN QUIENES CONSTRUYEN
En una ciudad acostumbrada a las cifras extraordinarias, a los escenarios multitudinarios y a los espectáculos de grandes dimensiones, resulta necesario mirar más allá de la altura de una estructura.
Una Catrina de más de 30 metros representa un desafío creativo, técnico y artístico.
Pero también constituye una oportunidad para reconocer el trabajo de artesanos, costureras, soldadores, diseñadores y personal de montaje.
Son ellos quienes sostienen, literalmente, buena parte de la vida cultural de nuestra ciudad.
Sus nombres pocas veces aparecen en los anuncios.
Sus rostros no siempre ocupan las portadas.
Sin embargo, su participación es indispensable.
Desde Con Tlatelolco TV, consideramos que las expresiones culturales adquieren mayor significado cuando también se reconoce la dignidad de quienes las construyen.
El Día de Muertos es una celebración de la memoria, pero también puede ser una ocasión para valorar a las personas que mantienen vivas nuestras tradiciones mediante sus conocimientos y oficios.
Porque la cultura no solamente se contempla.
La cultura se trabaja.
Se transmite.
Se aprende.
Se comparte.
Y se construye todos los días.
UNA MANO GIGANTE, MILES DE HISTORIAS POR CONTAR
Pronto, cuando la Catrina esté completamente ensamblada, quienes caminen por el Zócalo podrán levantar la mirada y contemplar su enorme figura.
Las luces destacarán los detalles de su vestimenta.
Sus brazos y manos monumentales formarán parte de una imagen destinada a sorprender.
Las fotografías comenzarán a circular.
Las familias buscarán el mejor ángulo.
Los visitantes intentarán capturar en sus teléfonos la magnitud de la obra.
Pero habrá algo que ninguna fotografía panorámica podrá mostrar por completo.
Las horas de trabajo.
Las puntadas.
Los cálculos.
Los esfuerzos compartidos.
La concentración de quienes participaron en cada etapa de su construcción.
Y entonces aquella mano gigantesca tendrá otro significado.
Ya no será solamente una pieza monumental.
Será también el símbolo de muchas manos pequeñas, humanas y trabajadoras que hicieron posible su existencia.
Porque detrás de una obra colosal siempre existe una suma de esfuerzos cotidianos.
Y detrás de una Catrina que parece querer tocar el cielo hay personas que, con los pies sobre la tierra, trabajan para convertir la imaginación en realidad.
La Catrina está por llegar.
Pero su historia ya comenzó.
Y comenzó, como tantas historias importantes de nuestra ciudad, con unas manos dispuestas a construir.
VIDEO | INFORMACIÓN HUMANA: HISTORIAS QUE NOS CONECTAN
Una mano gigante: así comienza a tomar forma la Catrina monumental en el Zócalo de la Ciudad de México.
Un recorrido audiovisual por los trabajos de ensamblaje, soldadura, costura y diseño de una figura de más de 30 metros de altura.
Producción audiovisual: Información Humana —Historias que nos conectan—.
Ver el video:
Con Tlatelolco TV: las historias de nuestra ciudad, contadas desde su gente.
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