El pulso ciudadano que despierta

El pulso ciudadano que despierta

3 abril, 2026 0 Por Staff Redaccion

*** Ejercer la democracia: la voz que se imprime en el barrio

Redacción /. Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, viernes 3 de abril de 2026.- Hay momentos en los que la democracia deja de ser una palabra distante y se vuelve concreta, casi palpable: en la tinta de un volante, en la conversación entre vecinos, en la decisión íntima de participar. Hoy, ese pulso comienza a sentirse en las calles, pasillos y plazas de nuestras unidades habitacionales.

El arranque de los actos de promoción para integrar las Comisiones de Participación Comunitaria (COPACO) no es solo un calendario que avanza; es una invitación abierta a ejercer ciudadanía. Desde el 2 y hasta el jueves 16 de abril, quienes aspiran a representar a sus comunidades salen al encuentro con una sola herramienta legítima: su palabra y su compromiso.

Reglas claras, democracia limpia

El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) ha trazado un marco preciso: campañas austeras, responsables y profundamente ciudadanas. Cada candidatura deberá sostener su difusión exclusivamente con recursos propios, bajo un tope de 24 UMA —equivalente a 2 mil 815.44 pesos—, una cifra que obliga a la creatividad, pero también a la honestidad.

No hay espacio para excesos ni simulaciones. La propaganda deberá ser biodegradable, en un gesto que también reconoce la urgencia ambiental; el discurso, centrado en propuestas reales, en problemas cotidianos y soluciones posibles.

Se prohíbe lo que durante años ha contaminado la vida pública: el uso de recursos públicos, la coacción del voto, la violencia, la descalificación. No habrá cabida para partidos políticos, símbolos religiosos ni promesas condicionadas. Aquí, la contienda es entre ciudadanos, en igualdad de condiciones.

La responsabilidad de decir quiénes somos

Cada volante, cada video, cada mensaje difundido será responsabilidad directa de quien lo emite. No se trata solo de promover una candidatura, sino de sostenerla con ética.

Las reglas son estrictas: informar, no engañar; proponer, no atacar; convencer, no imponer. Incluso el espacio importa: no se permitirá propaganda en mobiliario urbano, árboles o espacios públicos que pertenecen a todos.

Es, en esencia, una depuración del acto político: regresar a lo básico, a la conversación directa, al cara a cara, a la confianza.

El barrio como escenario de la democracia

En colonias como Tlatelolco, donde la vida comunitaria ha resistido el paso del tiempo entre el abandono institucional y la organización vecinal, estos procesos adquieren una dimensión más profunda.

Aquí, votar no es un trámite: es una forma de defender el espacio común, de exigir servicios, de recuperar áreas olvidadas, de atender lo urgente —desde la seguridad hasta el mantenimiento, desde lo social hasta lo humano.

Cada candidatura representa una historia, una preocupación, una propuesta. Pero también una oportunidad para que la comunidad se mire a sí misma y decida qué rumbo quiere tomar.

La urna como acto íntimo y colectivo

El voto es, al mismo tiempo, un acto silencioso y una declaración poderosa. Nadie lo escucha, pero todos lo sienten. En él se deposita la confianza, pero también la exigencia.

Por eso, este proceso no termina en las campañas. Se completa en la participación: en acudir, en informarse, en elegir.

Porque cuando la ciudadanía se ausenta, otros deciden. Pero cuando participa, transforma.

Invitación: que la democracia no pase de largo

Hoy más que nunca, la invitación es clara y directa: salir, escuchar, cuestionar, decidir.

Las reglas están puestas para garantizar equidad; las candidaturas, para ofrecer alternativas. Pero la democracia solo existe si alguien la ejerce.

Que no sea la apatía la que gane.
Que no sea el silencio el que decida.

Que cada vecino haga suyo este proceso.



Porque en cada voto no solo se elige una representación:
se construye, desde abajo, el destino de la comunidad.