Cuando el abandono también ladra
10 julio, 2026Después de años de abandono acumulado desde las administraciones encabezadas por Néstor Núñez y Sandra Cuevas, la Alcaldía Cuauhtémoc inició trabajos de poda y rehabilitación de la Zona Canina de la Segunda Sección de Tlatelolco. La intervención, sin embargo, volvió a exhibir las diferencias entre vecinos, representantes comunitarios y autoridades sobre la forma de ejecutar las obras, el uso del espacio público y la ausencia de reglas claras para uno de los lugares de convivencia más utilizados por los propietarios de mascotas
Por Redacción de Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, viernes 10 de julio de 2026.- La rehabilitación de la Zona Canina de la Segunda Sección de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco abre un nuevo debate entre el mantenimiento, la convivencia y la responsabilidad de autoridades y residentes.
Las ramas caían lentamente mientras los camiones de carga esperaban retirar toneladas de residuos vegetales. El olor de la madera recién cortada reemplazó, por unas horas, al polvo acumulado durante años.
La Zona Canina volvió a ser noticia.
No por una inauguración.
No por una nueva inversión.
Sino porque finalmente comenzaron trabajos que muchos vecinos habían solicitado desde hace años.
El deterioro era evidente. Árboles infestados de muérdago, ramas secas con riesgo de desprenderse, vegetación fuera de control y un espacio que había perdido poco a poco las condiciones mínimas para recibir diariamente a decenas de familias acompañadas por sus perros.
Paradójicamente, la rehabilitación también abrió una nueva polémica.
Mientras cuadrillas de trabajadores realizaban la poda correctiva y el retiro del muérdago, algunos residentes cuestionaron la presencia de los vehículos de carga sobre los andadores peatonales.
El debate se trasladó inmediatamente a los grupos vecinales.
Allí comenzaron los señalamientos.
Las explicaciones.
Las diferencias políticas.
Y también las descalificaciones.
Una obra necesaria… después de muchos años
Los trabajos representan una de las primeras intervenciones importantes en este espacio desde que fue instalado durante la administración de la entonces Alcaldía Cuauhtémoc encabezada por Néstor Núñez.
Desde entonces, vecinos denunciaron en diversas ocasiones la falta de mantenimiento permanente.
Con el paso de los años, la administración de Sandra Cuevas tampoco logró establecer un programa constante para conservar el área.
El resultado fue visible.
Árboles enfermos.
Muérdago extendido.
Ramas con riesgo de caída.
Vegetación descontrolada.
Infraestructura deteriorada.
La rehabilitación emprendida ahora responde, precisamente, a esas condiciones que durante años permanecieron sin atención suficiente.

El riesgo que denunciaban los vecinos
Las quejas no eran nuevas.
Habitantes de la Segunda Sección habían advertido reiteradamente que varias ramas amenazaban edificios cercanos.
Uno de los casos mencionados durante la jornada corresponde al edificio Donato Guerra, donde un residente aseguró que las ramas incluso dañaron un cristal de su vivienda y que, pese a las solicitudes anteriores, la poda no había sido realizada.
Mientras tanto, en la Zona Canina continuaban los trabajos de retiro de árboles afectados por muérdago y la extracción del sustrato acumulado.

Cuando trabajar también genera inconformidad
La discusión vecinal dejó ver una constante que caracteriza muchas obras públicas.
Si no se interviene, llegan las críticas por abandono.
Si se interviene, aparecen inconformidades por las molestias temporales.
La presencia de camiones sobre el andador fue uno de los principales reclamos.
Desde la representación territorial se explicó que las unidades únicamente realizaban maniobras necesarias para retirar el material producto de la poda y permitir la rehabilitación integral del área.
Las autoridades argumentaron que dichas maniobras forman parte de los trabajos y son temporales.
Sin embargo, algunos vecinos insistieron en que debía evitarse obstruir el paso peatonal.
Una Zona Canina sin reglas claras
Más allá de la rehabilitación física, permanece un problema de fondo.
La Zona Canina continúa funcionando sin un reglamento visible.
No existe un horario claramente establecido.
No hay reglas oficiales sobre el uso responsable del espacio.
Tampoco existen lineamientos públicos respecto al ingreso de mascotas, la limpieza permanente, el control del ruido o las obligaciones de los usuarios.
La ausencia de normas termina provocando conflictos cotidianos.
Algunos residentes denuncian ladridos durante la madrugada.
Otros exigen mayor limpieza.
También, existen quejas relacionadas con mascotas sin correa, recolección insuficiente de excremento y falta de corresponsabilidad entre quienes utilizan diariamente las instalaciones.
El mantenimiento no termina con la poda

La rehabilitación representa apenas el primer paso.
La conservación de un espacio público exige continuidad.
No basta con retirar ramas una vez cada varios años.
La poda debe convertirse en mantenimiento preventivo.
La limpieza debe realizarse permanentemente.
Los árboles requieren supervisión fitosanitaria.
Los usuarios también tienen responsabilidades.
Mantener limpio el espacio.
Recoger los desechos de sus mascotas.
Respetar horarios.
Cuidar el mobiliario urbano.
Porque ningún parque puede conservarse únicamente con recursos públicos si quienes lo utilizan no participan en su cuidado cotidiano.
Las cifras del abandono urbano
Especialistas en infraestructura verde señalan que el muérdago constituye una de las principales causas del debilitamiento del arbolado urbano cuando no recibe tratamiento oportuno.
Asimismo, la Organización Mundial de la Salud recomienda que las ciudades cuenten con suficientes áreas verdes seguras y bien mantenidas para favorecer la salud física, mental y la convivencia comunitaria.
En la Ciudad de México, miles de perros conviven diariamente en espacios públicos destinados para recreación, lo que vuelve indispensable establecer programas permanentes de mantenimiento, limpieza y vigilancia para evitar riesgos sanitarios y accidentes.

Durante años hubo abandono
La rehabilitación de la Zona Canina no debería convertirse en una disputa política.
Hoy existen trabajos.
Ambas cosas pueden reconocerse al mismo tiempo.
También, resulta indispensable exigir que las intervenciones se realicen con orden, seguridad y respeto para peatones y vecinos.
Pero sería injusto olvidar que el verdadero problema no fueron los camiones estacionados durante unas horas.
El verdadero problema fueron los años en que prácticamente nadie intervino un espacio que cada día utilizaban decenas de familias.
Ahora corresponde a la Alcaldía Cuauhtémoc mantener el área de manera permanente, elaborar un reglamento de uso, establecer horarios claros y garantizar que los recursos públicos destinados al bienestar animal realmente se reflejen en instalaciones limpias, seguras y dignas.
La Zona Canina no necesita únicamente una poda.
Necesita continuidad.
Porque los parques también cuentan la historia de cómo una ciudad cuida —o abandona— a quienes los habitan, tanto humanos como animales.



