El humo volvió a levantarse sobre el Jardín “La Pera”

El humo volvió a levantarse sobre el Jardín “La Pera”

27 julio, 2026 0 Por Staff Redaccion

*** La autoridad acude, retira, sensibiliza y se marcha; horas después, el campamento vuelve a ocupar el espacio público

*** Vecinos denuncian incendios, basura, inseguridad y abandono institucional en uno de los jardines más importantes de Tlatelolco

Por Redacción de Con Tlatelolco TV Ciudad de México, lunes 27 de julio de 2026.- El humo volvió a levantarse sobre el Jardín “La Pera”, como una señal de alarma que ya no sorprende a nadie. Eran las 18:29 horas cuando vecinos de la Segunda Sección comenzaron a reportar que una persona en situación de calle había iniciado fuego dentro del jardín, frente al edificio Xicoténcatl. 

A las 18:36 se pedía apoyo a Bomberos y al 911. Minutos después llegaron policías auxiliares, vecinos y personal de emergencia. A las 19:11 se confirmó que el apoyo ya estaba en el lugar.

El incendio fue controlado. No hubo víctimas. Y, sin embargo, para muchos habitantes de Tlatelolco, la verdadera emergencia continúa intacta.

 Una crónica anunciada

La escena se repite con una precisión dolorosa: humo entre los arbustos, patrullas entrando al jardín, vecinos grabando con el teléfono, oficiales apagando el fuego y, después, el silencio. Un silencio breve. Porque horas o días más tarde, las mismas personas regresan, reinstalan lonas, cuelgan ropa en los árboles, acumulan basura y vuelven a ocupar el espacio público.

“Esto ya es un juego del gato y el ratón”, escribió una vecina en el chat de Emergencias. La frase resume el sentimiento de agotamiento colectivo.

Nadie desmerece la labor de los policías, del personal de Atención a Personas en Situación de Calle ni de los servicios de Emergencia. Los vecinos lo repiten una y otra vez: acuden en forma y tiempo. El problema es otro. El problema es que la intervención termina cuando la patrulla se retira.

Siete puntos ocupados, un solo retiro

De acuerdo con los reportes vecinales, en el entorno de La Pera y el Ágora existen al menos ocho puntos con presencia recurrente de personas en situación de calle. En el operativo reciente, señalan, solo se retiró un área considerada de mayor riesgo.

La percepción ciudadana es que las acciones se limitan a sensibilizar, mover temporalmente a las personas y abandonar el lugar sin vigilancia permanente.

Los mensajes compartidos durante la emergencia reflejan esa frustración:

“El viernes también estaban haciendo una fogata ahí mismo”.

“Prácticamente, La Pera es de ellos”.

“Y los del Ágora también ya se adueñaron; está lleno de basura y queman cosas en la noche”.

“¿Y los que habitamos aquí dónde quedamos?”

 El corazón verde que empieza a arder

La Pera no es un terreno baldío. Es uno de los jardines más representativos de la Segunda Sección, un espacio de paso, encuentro y descanso para cientos de familias.

Hoy, dicen los vecinos, el paisaje ha cambiado: arbustos utilizados para sostener lonas, árboles convertidos en tendederos, basura acumulada, olores intensos y fogatas nocturnas.

La imagen del humo elevándose entre la vegetación tiene una fuerza simbólica imposible de ignorar. No solo arde un montón de objetos; arde la sensación de que el espacio público se está perdiendo lentamente.

Las cifras detrás del malestar

Aunque no existe un censo oficial actualizado sobre la presencia de personas en situación de calle dentro de Tlatelolco, los propios reportes ciudadanos permiten dimensionar el problema:

Puntos con presencia recurrente reportados

8

Áreas retiradas en el último operativo

1

Hora del primer reporte de incendio

18:29

Hora de solicitud a bomberos / 911

18:36

Hora de confirmación de apoyo en el lugar

19:11

Nuevo reporte de fuego

19:33

Más allá de los números, hay un dato que pesa especialmente: los vecinos reportaron un segundo intento de fuego apenas minutos después de la primera atención.

Entre la vulnerabilidad y la impunidad

El debate se ha tensado. Algunos habitantes insisten en que se trata de personas vulnerables que requieren atención integral. Otros consideran que entre los ocupantes hay individuos vinculados con robos, consumo de sustancias o conductas violentas.

Como medio periodístico, Con Tlatelolco TV no puede afirmar la comisión de delitos sin pruebas ni resoluciones de autoridad competente. Lo que sí puede documentar es el clima de temor y deterioro que expresan numerosos residentes.

La queja central no es contra la asistencia social. Es contra la ausencia de una estrategia de fondo.

 Trabajos a medias

Aquí aparece la acusación más dura de los vecinos: los trabajos se realizan a medias.

Retirar sin impedir el retorno. Apagar el fuego sin resguardar el área. Limpiar un punto mientras otros seis permanecen ocupados. Atender la emergencia, pero no la causa.

Esa sensación de esfuerzo incompleto termina afectando también a las propias autoridades. “No se dan abasto”, reconocen algunos habitantes. Y cuando una institución trabaja permanentemente en reacción, el problema deja de administrarse y comienza a multiplicarse.

La noche en que Tlatelolco sintió miedo

Hay una frase que apareció en medio del intercambio vecinal y que revela una emoción más profunda que el enojo:

“El día menos pensado nos va a pasar algo, tal vez hasta dormidos”.

No es una estadística. Es miedo.

Miedo a un incendio mayor. Miedo a que el fuego alcance un edificio. Miedo a una agresión. Miedo a que la normalidad termine por acostumbrarse al riesgo.

Una denuncia con nombre colectivo

Los vecinos piden:

* Vigilancia permanente en La Pera y el Ágora, principalmente.

* Operativos integrales, no solo retiros temporales.

* Intervención coordinada entre Alcaldía Cuauhtémoc, SSC, Protección Civil, Sibiso-IAPP y áreas de atención social.

* Recuperación ambiental del jardín.

* Seguimiento puntual a los puntos reincidentes.

No solicitan una patrulla durante una hora. Solicitan la recuperación sostenida del espacio público.

Cuando la autoridad llega, pero el Estado no permanece

La fotografía de esta tarde muestra policías frente al humo. Es una imagen de atención, pero también de límite. La autoridad llegó; el incendio fue apagado. Sin embargo, la pregunta que queda flotando sobre La Pera es incómoda:

¿Quién cuida el jardín cuando las patrullas se van?

Tlatelolco no puede resignarse a vivir entre operativos fugaces y campamentos reincidentes. La compasión hacia las personas en situación de calle no debe significar abandono de los derechos de quienes habitan la unidad. Y la exigencia de seguridad no debe convertirse en deshumanización.

Lo que los vecinos denuncian esta noche no es solo un incendio. Denuncian la sensación de que el espacio público se está administrando con respuestas temporales para problemas permanentes.

Porque apagar el fuego es urgente. Pero evitar que vuelva a encenderse es gobernar.