Sin fuerza Morena en la Alcaldía Cuauhtémoc

Sin fuerza Morena en la Alcaldía Cuauhtémoc

5 septiembre, 2026 0 Por Staff Redaccion

*** La Plaza se llena; la basura permanece

La Plaza de las Tres Culturas recibió una asamblea masiva; horas después, la basura quedó como testimonio de una jornada que volvió a enfrentar el derecho a reunirse con el derecho vecinal al descanso y al cuidado del espacio público


Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlateloloco TV

Ciudad de México, sábado 5 de septiembre de 2026.- Hay eventos que terminan cuando se apagan los micrófonos.

Y hay otros que, aunque se desmonta el templete, dejan una segunda escena: vasos, botellas, cartones, bolsas, propaganda y vallas que permanecen sobre el mismo espacio que horas antes fue ocupado por miles de personas.

Eso ocurrió este sábado en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, después de la realización de una asamblea política de carácter nacional vinculada con Morena.

El contraste resulta inevitable.

Mientras la concentración terminó y comenzó el desmontaje de la infraestructura, la explanada quedó con residuos visibles y mobiliario todavía instalado.

La pregunta ya no es solamente quién tiene derecho a ocupar la plaza.

También es quién se hace responsable de lo que queda cuando la multitud se retira.

09:42 horas: la asamblea ya estaba en marcha

La jornada comenzó con incertidumbre.

A las 08:15 horas todavía no existían, en las fuentes abiertas revisadas, imágenes geolocalizadas que permitieran confirmar el montaje en la Plaza de las Tres Culturas.

La convocatoria estaba prevista para las 09:00 horas.

A las 09:42, una fotografía permitió confirmar el arranque en Tres Culturas.

La imagen mostró el escenario frente al Edificio Chihuahua, estructura metálica al lado norte, banderas blancas de Morena, contingentes sobre la explanada y lonas colocadas en el edificio Chihuahua.

El Templo de Santiago permanecía al centro de la escena, dentro de la zona arqueológica.

La explanada no se observaba completamente llena, pero sí presentaba un núcleo importante de asistentes.

Hecho confirmado: la asamblea se realizó.

El conflicto no comenzó con la basura

La controversia venía de antes.

Vecinos habían expresado su inconformidad ante la utilización de espacios públicos de Tlatelolco para actos políticos masivos, principalmente por las posibles afectaciones a la movilidad, ruido, residuos y uso de áreas comunes.

En chats vecinales circularon expresiones particularmente duras contra Morena y contra quienes participaron en el evento.

Esas expresiones deben entenderse como opiniones de particulares, no como hechos acreditados.

También circularon señalamientos sobre supuesto acarreo de asistentes y una controversia relacionada con chats. Esos señalamientos requieren documentación independiente para ser presentados como hechos.

Lo que sí quedó acreditado durante la mañana fue otra cosa:

la concentración política se llevó a cabo y posteriormente dejó residuos visibles en la plaza.

10:19 horas: la Alcaldía responde

Una hora antes de que concluyera la asamblea, la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, publicó en X un mensaje anticipando la intervención de limpieza.

 “Cuauhtémoc es el oasis de la libertad y aquí todos son bienvenidos”.

En el mismo mensaje lamentó las molestias y la basura que, según señaló, dejan los eventos a los vecinos y afirmó que personal de la Alcaldía se encontraba trabajando para atender la situación.

La declaración colocó el problema en una dimensión institucional:

el derecho a realizar una concentración pública no elimina la obligación de preservar el espacio utilizado.

12:30 horas: la fotografía que cambia el relato

Después del evento apareció el registro que terminó por darle rostro a una advertencia formulada durante la mañana.

Un video publicado por la alcaldesa mostró la Plaza de las Tres Culturas después de la concentración.

La escena era distinta.

Sobre la explanada se observaban vasos de unicel, botellas de PET, cartones de alimentos, bolsas y restos de propaganda.

También permanecían instaladas vallas metálicas, mientras al fondo se desmontaba el templete.

Las jardineras y los andadores tampoco escaparon a los residuos.

El balance visual del registro posterior al evento resulta contundente:

Elemento Estado observado

Residuos REPROBADO: basura dispersa en la explanada

Mobiliario REPROBADO: vallas todavía instaladas

Andadores y jardineras REPROBADO: residuos visibles

Templete En proceso de desmontaje

Espacio público Requería operativo de limpieza

Una plaza entre dos derechos

Aquí aparece el verdadero debate.

No se trata de negar el derecho de reunión.

Tampoco de convertir la molestia vecinal en argumento para impedir toda actividad pública.

Se trata de establecer un principio sencillo:

quien utiliza un espacio público para una concentración masiva debe asumir también la responsabilidad por las consecuencias de esa utilización.

En Tlatelolco, esa discusión adquiere un significado particular.

La Plaza de las Tres Culturas no es solamente una explanada.

Es un espacio histórico, cultural, arqueológico y cotidiano que forma parte de la vida de miles de residentes.

Y para quienes viven alrededor, un sábado no es únicamente el escenario de una movilización política.

Es también el día de descanso de adultos mayores, niños, familias y quienes simplemente quieren caminar por su barrio sin enfrentar ruido, congestionamientos o residuos.

La voz vecinal: entre la indignación y el hartazgo

Durante la mañana circularon mensajes de residentes que denunciaron congestionamientos, autobuses y transporte estacionado en doble fila, además de dificultades para circular por calles como Lerdo y Flores Magón.

Otros calificaron de injusta la utilización de áreas comunes para reuniones políticas y expresaron su temor de que la ocupación temporal de los espacios termine normalizándose.

También hubo mensajes de abierta confrontación política.

Es importante distinguirlos.

La inconformidad vecinal es un hecho social. Los calificativos políticos contenidos en algunos mensajes son opiniones de quienes los emitieron.

No corresponde convertir esas expresiones en una posición colectiva de todos los habitantes de Tlatelolco.

Morena se va; Tlatelolco se queda

Ésa quizá sea la imagen más poderosa de esta jornada.

El contingente llega.

La música termina.

Los discursos concluyen.

El templete comienza a desaparecer.

Las vallas esperan ser retiradas.

Y la comunidad permanece.

Permanece con sus calles, sus jardines, sus andadores, sus edificios y sus problemas cotidianos.

Por eso la discusión no debería reducirse a Morena contra vecinos.

El verdadero asunto es otro:

evento masivo, responsabilidad masiva.

Si un partido político tiene capacidad para organizar una concentración de grandes dimensiones, también debería tener capacidad para garantizar que el espacio quede en condiciones adecuadas después de utilizarlo.

El saldo político

La jornada deja una paradoja.

Morena consiguió realizar su asamblea.

La Alcaldía tuvo que activar una respuesta de limpieza.

Y los vecinos volvieron a preguntarse si los espacios de su Unidad Habitacional deben convertirse en escenarios recurrentes para concentraciones políticas de gran escala.

No es una discusión menor.

Es el debate sobre el límite entre el derecho a la reunión, la convivencia vecinal y la responsabilidad sobre el espacio público.

Porque la libertad de reunirse debe poder convivir con la libertad de los demás de vivir, descansar y transitar.

Que la democracia también recoja su basura

Tlatelolco ha visto demasiadas veces cómo los grandes discursos llegan acompañados de grandes despliegues.

Pero una democracia madura no debería medirse únicamente por la cantidad de personas que caben en una plaza.

También, debería medirse por la responsabilidad con la que esa plaza se devuelve a quienes la habitan.

La Plaza de las Tres Culturas puede recibir manifestaciones, asambleas y expresiones políticas.

Pero no debería recibirlas a costa de convertirse después en un tiradero.

El mensaje para todos los partidos tendría que ser el mismo:

bienvenidos al espacio público; responsables también del espacio público.

Porque cuando los reflectores se apagan y los políticos se marchan, Tlatelolco se queda.

Y es Tlatelolco quien termina pagando —con trabajo, molestias y deterioro— la factura de una fiesta política que no organizó.

Con Tlatelolco TV

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