Iztapalapa, a un año del desastre
11 septiembre, 2026La memoria de La Concordia vuelve a encender una pregunta: ¿qué hemos aprendido?
Un año después de la explosión de una pipa de gas LP en el distribuidor vial La Concordia, la tragedia permanece en la memoria de las familias y en la conciencia de una ciudad que sigue necesitando respuestas, prevención y seguridad.
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez
Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, viernes 11 de septiembre de 2026.- Hay imágenes que no necesitan palabras.
Un camión cisterna azul avanza sobre un paisaje apenas sugerido. Encima, las llamas amarillas y naranjas parecen levantarse del papel.
Tres grandes arcos atraviesan la composición. Abajo, la tierra y el agua reciben el reflejo de las ruedas.
En la esquina inferior derecha aparece una firma:
Jacobo Acosta.
Es un cartón hecho con crayones de colores sobre papel marrón rugoso. Una obra aparentemente sencilla, pero cargada de memoria.
La imagen fue presentada en el Programa Especial en Vivo de “Con Tlatelolco TV”, transmitido el miércoles 9 de septiembre de 2026 desde el Foro Uno Tlatelolco, en el corazón de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.
El tema era inevitable:
Iztapalapa, a un año del desastre.
El 10 de septiembre de 2025, una pipa que transportaba gas LP sufrió un accidente en el distribuidor vial La Concordia, en Iztapalapa. La emergencia provocó una explosión y un incendio de enormes dimensiones.
El Gobierno de la Ciudad de México informó inicialmente de decenas de personas lesionadas y fallecimientos que fueron aumentando con el paso de los días. Posteriormente, las autoridades reportaron 32 personas fallecidas y decenas de personas afectadas, además de daños materiales.
Un año después, el número puede escribirse en una nota.
La memoria, en cambio, no cabe en una cifra.
La ciudad después del fuego
El distribuidor vial La Concordia es un espacio de tránsito permanente.
Automóviles, transporte público, camiones, peatones.
Una infraestructura diseñada para mover a miles de personas todos los días.
Y precisamente por eso la tragedia produjo una pregunta que va más allá de aquel 10 de septiembre:
¿qué ocurre cuando una actividad de alto riesgo comparte el mismo espacio cotidiano de millones de habitantes?
El transporte de materiales peligrosos forma parte de la vida económica de una ciudad.
Pero también implica responsabilidades extraordinarias.
Vehículos.
Conductores.
Mantenimiento.
Capacitación.
Supervisión.
Rutas.
Protocolos.
Respuesta de emergencia.
Cada eslabón importa.
Cuando algo falla, el riesgo deja de ser una posibilidad abstracta y puede convertirse, en cuestión de segundos, en una tragedia humana.
De Iztapalapa a San Rafael: dos momentos, una misma preocupación
El Programa Especial de Con Tlatelolco TV colocó la tragedia de Iztapalapa junto a otro episodio de la memoria industrial:
1988, Explosión en San Rafael: Edgar Ramos.
Edgar Ramos participó vía Zoom y compartió reflexiones relacionadas con su experiencia laboral en instalaciones de Pemex.
Su testimonio puso sobre la mesa la importancia de los simulacros, el mantenimiento, la capacitación y la preparación de quienes trabajan en instalaciones vinculadas con combustibles.
Durante la transmisión señaló que, en los cinco años que permaneció en Pemex, no observó simulacros en las terminales de almacenamiento y despacho de San Rafael y Santa Catarina, Nuevo León, y que únicamente participó en un simulacro en las plantas Combinada 1 y 2.
También, habló de instalaciones del Sistema Troncal de Ductos Norte, de Monterrey.
Son testimonios que forman parte de la conversación pública recuperada por Con Tlatelolco TV y que, para establecer responsabilidades históricas concretas, deben contrastarse con archivos, documentos institucionales y fuentes independientes.
Pero hay una idea que sí trasciende el expediente:
un simulacro no evita una tragedia por sí solo, pero la ausencia de preparación puede aumentar la vulnerabilidad de una comunidad.
La prevención comienza antes de la emergencia
Durante la conversación surgió una conclusión que parece sencilla, pero resulta fundamental:
hay que modernizar los transportes, capacitar a los conductores, mejorar el equipamiento y fortalecer la seguridad.
No basta con reaccionar cuando aparece el fuego.
La prevención ocurre mucho antes.
Empieza con el diseño y mantenimiento de los vehículos.
Continúa con la capacitación de los operadores.
Pasa por la supervisión de las empresas.
Incluye protocolos claros para emergencias.
Y llega hasta las autoridades responsables de proteger a la población.
La seguridad debe funcionar como una cadena.
Y una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil.
La investigación y la responsabilidad
A un año del accidente es importante no confundir denuncia con sentencia.
En los primeros días posteriores al siniestro, la Fiscalía capitalina informó que realizaba peritajes para determinar las causas y responsabilidades. En octubre de 2025, la propia Fiscalía señaló que la investigación debía realizarse con rigor, transparencia y objetividad y explicó que la información de la carpeta estaba reservada conforme al marco procesal.
Más adelante, las autoridades dieron a conocer avances de los peritajes y describieron la secuencia del accidente, incluyendo la pérdida de control de la unidad y los impactos contra estructuras de contención.
La Fiscalía también señaló que buscaba establecer las responsabilidades correspondientes a los distintos actores relacionados con el hecho.
Esto es importante para el periodismo.
Porque denunciar no significa condenar.
Preguntar no significa acusar.
Y exigir transparencia no significa sustituir a las autoridades investigadoras.
La obligación periodística consiste precisamente en mantener abiertas las preguntas hasta que existan respuestas documentadas.
San Juanico: cuando una comunidad aprende a organizarse
La conversación del programa también llevó la memoria hacia San Juan Ixhuatepec, San Juanico.
Ahí, las tragedias industriales dejaron una huella profunda y obligaron a los habitantes a organizarse para reclamar información, reconocimiento y rendición de cuentas.
La organización vecinal se convirtió en una forma de resistencia.
La memoria se convirtió en una herramienta política y comunitaria.
Y el arte apareció como otra forma de conservar aquello que no debe olvidarse.
Porque después de una tragedia siempre queda una segunda batalla:
la batalla contra el olvido.
El territorio también importa
Las grandes ciudades conviven con instalaciones industriales, corredores de transporte, vialidades de alta circulación y actividades relacionadas con sustancias peligrosas.
Por eso la prevención de desastres no puede reducirse al momento exacto del accidente.
También, debe mirar el territorio.
¿Quién vive alrededor?
¿Por dónde circulan los vehículos?
¿Qué rutas utilizan?
¿Existen protocolos de evacuación?
¿Hay coordinación entre empresas, alcaldías, Gobierno de la Ciudad y autoridades federales?
¿La población sabe qué hacer ante una emergencia?
Son preguntas incómodas.
Pero son precisamente las preguntas incómodas las que deben hacerse antes, no después.
El cartón de Jacobo Acosta
En medio de todo este análisis, el cartón adquiere una dimensión distinta.
Jacobo Acosta tomó crayones.
No utilizó un lenguaje técnico.
No presentó una tabla de estadísticas.
No mostró un peritaje.
Dibujó una pipa en movimiento y un fuego que parece querer salir del papel.
Quizá por eso la imagen conmueve.
Porque la tragedia también se recuerda con sensaciones.
Con sonidos.
Con calles vacías.
Con personas buscando a sus familiares.
Con hospitales.
Con llamadas telefónicas.
Con nombres.
Con fotografías.
Con silencios.
El arte no sustituye a la investigación.
Pero ayuda a conservar la memoria mientras la investigación busca respuestas.
Un año después: las víctimas primero
La reparación del daño también forma parte de la historia.
En noviembre de 2025, el Gobierno capitalino informó que avanzaban acuerdos reparatorios entre víctimas y la empresa involucrada, y que la Fiscalía investigaba los casos de fallecimiento, lesiones y daños materiales.
Pero la reparación económica nunca puede equivaler al valor de una vida.
Una familia puede recibir apoyo.
Una persona puede recuperar bienes materiales.
Un negocio puede reconstruirse.
Pero hay pérdidas que no tienen reparación posible.
Por eso hablar de justicia también significa hablar de acompañamiento, atención médica, apoyo psicológico, verdad y garantías de no repetición.
La denuncia que debe permanecer
Un año después, la pregunta no puede reducirse a:
¿quién tuvo la culpa?
Debe ampliarse:
¿qué condiciones hicieron posible que una emergencia de esta magnitud ocurriera?
¿Funcionaron todos los mecanismos de seguridad?
¿Las empresas cumplieron sus obligaciones?
¿La infraestructura era adecuada?
¿La supervisión fue suficiente?
¿La capacitación fue la necesaria?
¿La regulación debe cambiar?
¿Las rutas de transporte de materiales peligrosos requieren nuevas condiciones?
Las respuestas deben surgir de documentos, peritajes y autoridades competentes.
Pero las preguntas pertenecen también a la ciudadanía.
La memoria como obligación
Desde Tlatelolco sabemos que la memoria urbana tiene una fuerza particular.
Las ciudades recuerdan.
Recuerdan sus edificios.
Sus plazas.
Sus tragedias.
Sus desaparecidos.
Sus sobrevivientes.
Sus luchas.
Y también recuerdan cuando las instituciones responden y cuando no lo hacen.
Por eso recordar La Concordia un año después no significa abrir una herida gratuitamente.
Significa impedir que la tragedia se convierta en una fecha más del calendario.
El fuego se apagó.
La carretera volvió a funcionar.
Los vehículos regresaron.
La ciudad continuó.
Pero para las familias de las víctimas, el tiempo no necesariamente avanzó de la misma manera.
Que la memoria se convierta en prevención
El cartón de Jacobo Acosta queda como una imagen final.
La pipa.
El fuego.
El movimiento.
La ciudad.
Y una firma.
Quizá eso sea precisamente la memoria: una imagen que nos obliga a detenernos cuando todo alrededor continúa avanzando.
Iztapalapa, a un año del desastre, no necesita solamente conmemoraciones.
Necesita prevención.
Necesita capacitación.
Necesita supervisión.
Necesita transporte seguro.
Necesita protocolos eficaces.
Necesita instituciones que expliquen.
Y necesita que las víctimas y sus familias no sean olvidadas cuando las cámaras se retiran.
Porque una ciudad verdaderamente segura no es aquella que aprende a apagar incendios.
Es aquella que aprende a evitar que vuelvan a ocurrir.
Con Tlatelolco TV
Periodismo comunitario, voces de la Unidad.
Nota editorial: Las declaraciones y experiencias expresadas por participantes durante el Programa Especial se presentan como testimonios. Los señalamientos específicos sobre negligencia, mantenimiento, ausencia de simulacros o responsabilidades individuales deben ser corroborados documentalmente antes de presentarse como hechos acreditados.

