“No tengan miedo de cultivar”: Esperanza Carrillo
10 octubre, 2026“Composteros Tlatelolco”, comparte sus saberes, en entrevista con #UBUNTU
Roberto Ramírez, de “Información Humana”, inaugura su colaboración con “Con Tlatelolco TV” con una conversación sobre huertos urbanos, composta y el poder de hacer comunidad desde casa.
Ignacio Arellano y Gricelda
Domínguez / Con Tlatelolco TV
Videos: Roberto Ramírez / Información Humana
Ciudad de México, sábado 10 de octubre de 2026. — Hay pequeñas alegrías que crecen en una maceta. Una hoja verde que asoma entre la tierra, el aroma de una hierba recién cortada, una semilla que germina donde antes solamente había una ventana, una azotea o un rincón olvidado.
Son señales sencillas de vida que nos recuerdan que, incluso en medio del concreto de la Ciudad de México, todavía podemos hacer espacio para la naturaleza.
En Tlatelolco, donde la arquitectura de una gran Unidad Habitacional convive todos los días con las necesidades de miles de personas, cultivar una planta puede convertirse en algo más que una afición. Puede ser una forma de aprender, compartir, cuidar el ambiente y recuperar el sentido de comunidad.
Desde ese espíritu nace una nueva colaboración periodística que nos llena de alegría en “Con Tlatelolco TV”: la incorporación de Roberto Ramírez, creador digital de “Información Humana”, quien suma sus videorreportajes a este proyecto de comunicación comunitaria.
Su primera entrega nos lleva hasta el espacio de trabajo de Esperanza Carrillo, integrante de “Composteros Tlatelolco”, para conversar sobre una actividad que está al alcance de muchas familias: cultivar nuestras propias hierbas aromáticas, aprovechar los residuos orgánicos y descubrir que la naturaleza también puede crecer en casa.
La invitación tiene un nombre: #UBUNTU.
Y una enseñanza que atraviesa toda la conversación: compartir lo que sabemos es otra manera de cuidar a los demás.
Una nueva voz se suma a Con Tlatelolco TV
Damos la bienvenida a Roberto Ramírez y a su proyecto Información Humana, que a través de Facebook y YouTube busca construir comunidad mediante historias, experiencias y consejos prácticos para la vida cotidiana.
Esta colaboración abre un espacio para que el conocimiento que nace en las comunidades circule, encuentre nuevas voces y llegue a más personas.
La primera entrega lleva por título: “¡Cultiva tus propias hierbas aromáticas en casa!”. En ella, Roberto entrevista a Esperanza Carrillo, quien comparte su experiencia con plantas aromáticas, composta y reproducción de especies vegetales desde el trabajo comunitario de Tlatelolco.
No se trata solamente de hablar de jardinería. Se trata de acercar conocimientos útiles a quienes desean comenzar, pero quizá creen que necesitan un jardín, grandes cantidades de tierra o recursos económicos que no tienen.
La conversación demuestra que es posible empezar con una maceta, un poco de atención y la disposición de aprender.
#UBUNTU: yo soy porque nosotros somos
“Ubuntu” es una palabra de origen africano, asociada con una filosofía de humanidad compartida. Su mensaje resume el espíritu de esta sección: yo soy porque nosotros somos.
En Información Humana, esa idea se traduce en una tarea concreta: compartir saberes, tender la mano al prójimo y reconocer que las pequeñas acciones locales pueden fortalecer la vida colectiva.
Separar los residuos orgánicos, aprender a preparar composta, reproducir una planta o enseñar a otra persona cómo cuidar un huerto doméstico son actividades que parecen modestas. Sin embargo, juntas pueden contribuir a una cultura ambiental más consciente.
En una ciudad que produce diariamente grandes cantidades de residuos, recuperar el valor de los materiales orgánicos es también una invitación a cuestionar nuestros hábitos de consumo y la manera en que nos relacionamos con el entorno.
“No tengan miedo”: el consejo de Esperanza Carrillo
A lo largo de la entrevista, Esperanza habla con la naturalidad de quien ha aprendido observando, experimentando y compartiendo su experiencia.
Su consejo es directo:
“Que se pongan a cultivar en su casa, no tengan miedo, sus hortalizas, sus aromáticas”.
No hace falta comenzar con un huerto grande ni pretender dominar todos los conocimientos desde el primer día. Se puede empezar con una planta, aprender sus necesidades y avanzar poco a poco.
Esperanza explica que muchas hierbas aromáticas pueden cultivarse en macetas y que, para varias de ellas, es importante contar con al menos tres horas de sol o resolana. Una ventana iluminada o una azotea pueden convertirse en espacios apropiados, dependiendo de las necesidades de cada especie.
La clave está en observar las plantas, conocer sus características y proporcionarles las condiciones adecuadas.
Así, un pequeño espacio doméstico puede transformarse en un rincón vivo, útil y lleno de aromas.
Epazote, tomillo, hierbabuena y hoja santa: sabores que cuentan historias
Durante el recorrido, Esperanza presenta algunas de las plantas que forman parte de la cocina mexicana y que pueden tener un lugar en nuestros hogares.
El epazote, por ejemplo, es conocido por acompañar quesadillas y otros platillos tradicionales. Pero su presencia en la cocina también nos habla de una relación antigua entre las plantas, los sabores y los conocimientos transmitidos entre generaciones.
Esperanza muestra una variedad de epazote morado y explica que también existe el verde.
Después aparece el tomillo, una hierba que puede utilizarse para preparar pescados, pollo, mixiotes y distintas recetas. Su aroma transforma los guisos y demuestra que tener una planta cerca puede convertirse en una manera de disfrutar ingredientes frescos cuando los necesitamos.
La hoja santa también ocupa un lugar especial. Sus hojas se emplean en tamales, mole verde y preparaciones de pescado empapelado. Esperanza cuenta, incluso, que experimentó con ella en unos huevos revueltos y obtuvo un sabor que la sorprendió.
La hierbabuena, por su parte, puede cultivarse en maceta y aprovecharse cortando pequeñas porciones sin necesidad de arrancar toda la planta. Esperanza recomienda un recipiente de alrededor de seis litros para su cultivo doméstico y recuerda que, cuando crece directamente en el suelo, puede extenderse considerablemente.
La mejorana y el orégano completan este recorrido por los aromas de la cocina y las posibilidades de un huerto urbano.
Cada planta requiere cuidados particulares. Por eso, más que aplicar una sola fórmula a todas, la recomendación es conocer sus necesidades de espacio, iluminación, agua y crecimiento.
De las cáscaras a la composta: lo que llamamos basura puede tener otra vida
Uno de los momentos más importantes de la conversación llega cuando Esperanza invita a mirar de otra manera los residuos que producimos en la cocina.
“Hacer su propia composta, se puede hacer una composta casera”.
Y enseguida expresa una idea que merece quedarse en nuestra memoria:
“Entonces se pueden hacer muchas cosas con nuestros residuos orgánicos, malamente llamados basura, así no es”.
La cáscara de una fruta o los restos vegetales pueden formar parte de un proceso de aprovechamiento orgánico cuando se separan y se manejan adecuadamente.
Preparar composta en casa exige aprender qué materiales incorporar, cómo equilibrarlos y cómo mantener una aireación y humedad apropiadas. No basta con reunir todos los residuos en un recipiente: hace falta un manejo correcto para evitar malos olores y otros problemas.
Pero el principio es sencillo y poderoso: antes de desechar, podemos preguntarnos si algo tiene posibilidades de aprovecharse.
En esa pregunta comienza una educación ambiental que puede compartirse entre familias, vecinos y comunidades enteras.
En Tlatelolco, donde los espacios comunes forman parte de la vida cotidiana, este aprendizaje también puede contribuir a fortalecer una conciencia colectiva sobre la separación de residuos y el cuidado del entorno.
Un espacio comunitario donde compartir también significa colaborar
La entrevista permite conocer otra dimensión del trabajo de Esperanza: la reproducción de plantas mediante esquejes.
Explica que, a partir de una planta madre, es posible obtener nuevas plantas y desarrollar pequeñas plántulas para cultivarlas en otras macetas.
La posibilidad de acercarse a aprender, colaborar y compartir trabajo abre una puerta para quienes desean iniciarse en estas actividades.
Esperanza señala que quienes colaboran en el espacio pueden recibir composta o alguna plántula como muestra de agradecimiento por su participación. También, explica que, en determinadas ocasiones, se ofrecen plantas a cambio de aportaciones económicas simbólicas para contribuir al sostenimiento del lugar.
La razón, dice, es práctica: hacen falta herramientas, materiales y recursos para continuar trabajando. Entre las necesidades que menciona se encuentra la adquisición de una malla, después de que el espacio ha sufrido actos de vandalismo y el robo o destrucción de algunos objetos.
Su explicación deja ver una realidad que va más allá de las plantas: los proyectos comunitarios necesitan personas dispuestas a colaborar, pero también condiciones materiales para mantenerse.
Quienes participan no reciben un sueldo por ese trabajo, según explica Esperanza. Su esfuerzo se orienta a sostener la actividad y conservar un lugar donde la naturaleza y el aprendizaje compartido tengan cabida.
Cuidar estos espacios significa reconocer el valor del trabajo voluntario y comprender que la participación ciudadana necesita apoyo, respeto y continuidad.
Aprender a convivir con la naturaleza, incluso cuando aparece un caracol
En otro momento del recorrido, Esperanza se detiene ante un caracol.
La escena podría pasar inadvertida, pero ella la convierte en una reflexión sobre el equilibrio natural.
Reconoce que estos animales pueden alimentarse de las plantas y ocasionar daños, pero recuerda que también cumplen una función dentro de la cadena alimentaria.
En lugar de asumir que todo organismo que aparece en un huerto debe eliminarse, invita a observarlo y buscar alternativas para proteger los cultivos.
Como ejemplo, menciona el uso de cáscara de huevo triturada alrededor de las plantas para intentar mantener alejados a los caracoles. Su eficacia puede variar según las condiciones, por lo que conviene observar los resultados y recurrir a métodos de manejo respetuosos con el entorno.
La enseñanza de fondo es importante: un huerto no es un espacio completamente separado de la naturaleza. Es parte de ella, con sus ciclos, interacciones y desafíos.
Cultivar también implica aprender a convivir.
Una conversación sobre cocina, plantas y saberes cotidianos
La entrevista avanza entre hojas aromáticas, recomendaciones de cultivo y recuerdos de cocina.
Esperanza comparte una receta de chiles en escabeche con verduras y hierbas aromáticas. Habla de chiles cuaresmeños o serranos, ajo, cebolla, vinagre, agua y una mezcla de hierbas como tomillo, mejorana y laurel.
Es uno de esos momentos en que una conversación ambiental se convierte también en un encuentro cercano con los saberes cotidianos: alguien pregunta, otra persona explica y el conocimiento deja de permanecer guardado para convertirse en una experiencia que puede compartirse.
Sin embargo, cuando se habla de las propiedades medicinales de las plantas, también es importante distinguir entre los usos tradicionales y los beneficios clínicos demostrados. Las hierbas pueden formar parte de la alimentación, pero no debe asumirse que un té de epazote, orégano o hierbabuena cura infecciones parasitarias, cólicos u otras enfermedades. Para esos problemas es necesario acudir a orientación médica, especialmente cuando se trata de niñas y niños.
Compartir conocimientos también significa transmitirlos con responsabilidad.
El valor ambiental de cultivar en una ciudad de concreto
La experiencia de Esperanza Carrillo invita a pensar en el significado de un huerto urbano dentro de una Unidad Habitacional como Nonoalco Tlatelolco.
No todas las viviendas cuentan con jardines, patios o terrenos disponibles. Pero algunos hogares pueden destinar una ventana iluminada, un balcón o una azotea apropiada al cultivo de plantas, siempre que existan condiciones seguras y adecuadas.
Una maceta no resolverá por sí sola los problemas ambientales de la ciudad. Tampoco la composta doméstica sustituye la responsabilidad de las autoridades en la gestión de los residuos.
Pero estas prácticas pueden aportar algo valioso: reducir parte de los residuos orgánicos que se desechan, acercar a las personas a los ciclos naturales y despertar interés por el cuidado de los espacios verdes.
También, pueden generar conversaciones entre vecinos y abrir oportunidades para que niñas, niños, jóvenes y personas mayores compartan experiencias.
La educación ambiental no comienza necesariamente en un salón de clases. A veces comienza cuando alguien enseña a otra persona cómo sembrar una semilla.
Y esa semilla, además de crecer, puede convertirse en una historia que merece contarse.
Con Tlatelolco TV e “Información Humana”: periodismo para hacer comunidad
La llegada de Roberto Ramírez representa una oportunidad para ampliar las voces, experiencias y conocimientos que encuentran espacio en “Con Tlatelolco TV”.
Desde sus plataformas digitales, Información Humana propone una comunicación cercana a la vida cotidiana, con contenidos que buscan ser útiles para las personas y fortalecer los vínculos comunitarios.
Su primera colaboración, dedicada al cultivo de hierbas aromáticas, nos recuerda que el periodismo también puede acercarnos a quienes trabajan silenciosamente por mejorar su entorno.
No todas las historias comunitarias nacen de una emergencia, una denuncia o un conflicto. Algunas comienzan con una planta, una bolsa de residuos orgánicos o la disposición de una persona para compartir lo que ha aprendido.
Esas historias también merecen atención.
En Con Tlatelolco TV celebramos esta colaboración y damos la bienvenida a Roberto Ramírez, con el propósito de seguir construyendo un espacio donde la información, el conocimiento y la participación ciudadana se encuentren.
La esperanza también se cultiva
En tiempos en que tantas conversaciones públicas se concentran en los problemas, detenernos a escuchar a quienes cultivan, reciclan, enseñan y colaboran puede parecer un gesto pequeño.
No lo es.
En cada comunidad existen personas que, sin esperar reconocimiento ni recompensa, dedican parte de su tiempo a sostener iniciativas que benefician a los demás. Su trabajo pocas veces ocupa los grandes titulares, pero contribuye a mantener vivo algo fundamental: la confianza en que todavía podemos hacer cosas juntos.
Esperanza Carrillo nos habla desde las plantas, la composta y la experiencia cotidiana. Roberto Ramírez convierte esa conversación en una oportunidad para compartir conocimientos. Y esta colaboración abre una ventana para que esas voces lleguen a más hogares.
En Tlatelolco sabemos que la vida comunitaria se construye todos los días. Se construye cuando una persona se acerca a colaborar, cuando un vecino comparte una planta, cuando alguien aprende a separar sus residuos o cuando una experiencia individual se convierte en conocimiento colectivo.
La esperanza también se cultiva. Necesita tierra, agua, paciencia y manos dispuestas a cuidarla.
Quizá ese sea el mejor consejo de humano a humano: no tener miedo de comenzar, compartir lo que sabemos y comprender que el cuidado del planeta también empieza en el pequeño espacio que habitamos.
Porque, al final, la comunidad no se construye solamente con grandes discursos. También, crece en una maceta.
Y cuando una planta se comparte, no solamente se multiplica el verde: se multiplica la posibilidad de encontrarnos.
#UBUNTU: yo soy porque nosotros somos.
Mira la primera entrega de #UBUNTU
Video de Información Humana con Roberto Ramírez y Esperanza Carrillo, de “Composteros Tlatelolco”:
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